«Los padres del Califato son el trío de las Azores»

Mikel Ayestarán

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 26 Sep 2018

Publicidad

Mikel Ayestarán | © Península Ed. / Cedida a M’Sur

Sevilla | Junio 2018

En la última generación de periodistas españoles desplegados en Oriente Medio, Mikel Ayestarán (Beasin, Guipúzcoa, 1975) ocupa sin duda un lugar destacado por méritos propios. Después de foguearse en El Faro de Ceuta y el El Diario Vasco, debutó como reportero internacional con la invasion israelí del Líbano de 2006. Desde entonces ha escrito informaciones en un amplio espectro de países que abarca Túnez, Libia, Egipto, Yemen, India, Israel, Palestina, Líbano, Afganistán, Iraq, Pakistán, Irán, Egipto, Georgia y Siria. Autor de libros como Oriente Medio, Oriente roto (2017) y Gaza, Cuna de mártires (2016), acaba de publicar en Península una nueva obra, Las cenizas del Califato. Reside desde 2015 con su familia en Jerusalén.

¿Está seguro de que lo del Califato son cenizas? ¿No quedan rescoldos?

El califato es historia. Se empieza a producir una victoria militar tanto en Siria como en Iraq. Pero no significa que haya terminado, el grupo sigue, en todo el desierto que une Iraq y Siria sigue habiendo ahora mismo combates abiertos. Lo que ocurre es que en esa zona no hay prensa, después de tanto tiempo con el Estado Islámico en los titulares se ha producido cierto hartazgo.

¿Hasta qué punto esa derrota del Daesh se debe a que fue aplastado por la fuerza militar, y hasta qué punto ha perdido atractivo para sus propios seguidores?

«El músculo del Daesh lo componían sirios, que combatían por un plato de comida, no por una ideología»

Yo no hablaría de derrota militar. Más bien lo que ha quedado manifiesto es que esa imagen de superejército protegido por Alá que nos han vendido durante años era falsa. Cuando se han tenido que enfrentar cara a cara, en las trincheras, al ejército de Estados Unidos, a los rusos, a los sirios… no han podido hacer frente. Gracias a la propaganda, habían conseguido sobredimensionar el auténtico poder militar que tenían. Y cuando pierden esa aureola que tenían de grupo invincible, capaces de conquistar ciudades en 24 horas, eso repercute inmediatamente en su imagen y la capacidad que tenían de conseguir seguidores. Pierden físicamente las ciudades y pierden también los escenarios, los centros desde donde podían preparar su propaganda. Eso no significa, claro, que no puedan resurgir y volver a captar gente…

Esa desaparición parcial del Daesh, ¿indica un proceso de dejar atrás el ultrarradicalismo islamista como opción política en general, en toda la región?

No. Lo que han hecho es pasar a un tipo de guerra que es la que mejor conocen. Han perdido su territorio físico pero vuelven al terreno que mejor controlan, en el que a partir de 2003 pusieron en jaque incluso al ejército de Estados Unidos. Otra cosa fundamental es que no sabemos dónde está su líder, el califa Ibrahim al Baghdadi, la persona que ha estado gestionando el califato en la sombra en los últimos años. Por tanto no es descartable que vuelvan, como han hecho desde 2003. Pueden cambiar de zona de control, de nombre, pero hasta que no sepamos el paradero de su líder, podemos esperar que resurjan.

Aparte de los legendarios tiempos del profeta Mahoma, nunca existió un califato real como unificador de los musulmanes. ¿Creyeron los seguidores del Daesh realmente que sería una opción política posible? ¿O simplemente copiaron el orientalismo europeo para atraer a conversos o semiconversos de Europa?

Yo creo que hubo un momento en que se lo creyeron, y se vinieron muy arriba. Cuando se hicieron con el control de ciudades como Mosul y Tikrit en apenas 48 horas, ciudades de medio millón de habitantes… Ves que el ejército de Iraq sale en estampida; en el caso de Siria derrotaban uno tras otro a los rivales, incluso desafiaron a la propia Al Qaeda. Se creían realmente que eran capaces de hacerlo, pusieron sus fronteras, sus banderas, y conquistaron plaza tras plaza sin prácticamente oposición. Pero todo esto se torció lógicamente cuando empezó una campaña militar seria, y se precipitó con la caída de Mosul. Desde ahí, acumularon derrota tras derrota y se demostró que no tenían capacidad para administrar y defender unas fronteras así.

En general ¿cuánto mandaban los extranjeros, los que no eran sirios ni iraquíes, en el ‘Califato’, en sus jerarquías? ¿Eran carne de cañón para una cúpula sirio-iraquí, o eran los sirios e iraquíes carne de cañón para una organización internacional?

El músculo del grupo lo componían sobre todo los sirios, que combatían por un plato de comida, no por una ideología afín. No estamos hablando de musulmanes radicales ni muchísimo menos. Lo que ocurre es eso, en ese tipo de situaciones, precisamente los que vinieron de Ceuta, de Londres o de París son el tipo de gente que ha estado ocupando puestos de responsabilidad. La gran cúpula del grupo desde luego han sido los iraquíes, que son los fundadores del Estado Islámico.

Daesh, ISIS, ISIL, EI, EIIL… Si a usted ningún editor le dijera qué términos o siglas debe emplear ¿qué escogería?

Las que he utilizado en el libro es EI, Estado Islámico, porque es la que empleo día a día.

Su anterior libro fue Oriente Medio, Oriente roto. ¿Por qué está condenado esta región a estar permanentemente en guerra? ¿O solo nos parece?

«He visto lugares con mayor destrucción física pero ninguno donde la vida sea tan miserable como en Gaza»

Hay muchas teorías de la conspiración, pero yo no entro mucho en ellas. Nos podemos remontar a la época de la descolonización, pero más recientemente la creación del Estado de Israel, la creación de la república islámica de Irán, han sido pequeños terremotos cuyas consecuencias sufrimos ahora. Pero en el caso concreto del Estado Islámico nos tenemos que remontar a la invasión de Estados Unidos, decisión nefasta del presidente Bush que fue respaldada por España. Los padres del Califato son el trio de las Azores.

Oriente Medio es un concepto bastante flexible. Usted lo extiende hasta Afganistán, pero también entrará Libia… y seguramente habría quien metería al Magreb entero. Entendiendo que el término “oriente” no es realmente lo que lo define geográficamente, ¿qué es lo que lo define?

Sí, yo meto Libia, meto incluso Georgia… países que no corresponderían geográficamente. Hablamos de un contexto, en el caso de Túnez y de Libia, de primaveras árabes, para saber cómo han afectado a toda la region. Fueron un modelo, un espejo donde se miraron Siria, Iraq, Jordania, y parecía interesante incluirlo.

Pensándolo bien, ¿realmente hay más similitud entre Túnez y Afganistán que la que puede haber entre España y Túnez?

No, no, estamos bastante más cercanos nosotros que los afganos [risas]. Es lo que algunos colegas llaman Ayestaranistán, la zona que trabajo, creo que porque los otros no quieren ir…

En 2016 publicó ‘Gaza, cuna de mártires’. Alguien comparó Gaza con una olla que sirve para medir el grado de presión que puede aguantar la especie humana. ¿O ha visto usted lugares peores?

Sí, en cuanto a destrucción física de los lugares, sí, pero no conozco ningún lugar donde la vida sea tan miserable. Sobre todo por el bloqueo que sufre por parte de Israel y Egipto, que tiene un efecto no tan visual como un bombardeo o una guerra, pero resulta bastante más mortífero que las bombas.

Es verdad que sin resolver el conflicto palestino, no se pueden resolver los demás conflictos de la región? ¿O en qué medida?

No habrá justicia mientras no se respeten las resoluciones internacionales. Es importantísimo que se solucione. Y por otro lado, muchas veces interpretamos el conflicto como política interna de Estados Unidos. El Estado de Israel es una estrella más de la bandera de Estados Unidos, de ahí que sea tan complicado de resolver.

¿Sería más fácil conseguir la paz en Libia o Yemen, si se resolviera Palestina?

No sé, creo que sería un paso más. Y la violencia engendra violencia por todos lados. Es uno de los conflictos que lleva más tiempo, y cerrarlo ayudaría a crear una onda positiva en toda la región, en lugar de abrir más frentes.

¿Tiene alguna esperanza de vivir lo suficiente para ver Palestina en paz?

[Risas] Yo no pierdo la esperanza, pero tienen que empezar por barrer su propia casa y lograr un gobierno de unidad nacional. Ese es el primer paso imprescindible antes de poder ir a más. Hasta que no estén unidos, no será posible.

¿Qué tipo de paz cree que podría ser?

Pues no tengo ni idea, pero tendrá que venir desde fuera, por parte de alguna fuerza importante que obligue a Israel a cumplir las normas internacionales. Eso nunca va a venir de un diálogo entre tú y tú, estamos hablando de una potencia con mucha fuerza como Israel, y una parte muy débil como es Palestina.

Usted vive en Jerusalén. ¿Maldice a veces la santidad?

«Religión y nacionalismo son dos recursos muy atractivos para generar conflictos y separar a la gente»

[Risas] La verdad es que tanta espiritualidad… A veces te da pena, piensas que por culpa de cuatro piedras llevan tres mil años abriéndose la cabeza. Sin embargo, pienso que como dice un franciscano que conozco allí, los cristianos intentamos cristianizarla y fracasamos, los musulmanes quisieron islamizarla y fracasaron, y los judíos quieren judaizarla, y piensa que fracasarán. La Ciudad Santa está por encima de cristianos, musulmanes y judíos.

¿Haría una jerarquía entre religiones respecto a lo mucho que joden al prójimo?

[Risas] Es la pregunta con mayúsculas, ¿no? Hay dos conflictos abiertos ahora mismo, la religión y el nacionalismo, son dos recursos muy atractivos para generar conflictos y para separar a la gente. Pero no me atrevería a hacer un ranking ahora mismo, aunque en los últimos años son los musulmanes los que más víctimas están poniendo sobre la mesa.

Los curas vascos, que han reconocido su connivencia con ETA, no saldrían indemnes del análisis…

Pues tampoco, se me escapa esa parte, la verdad…

¿Corremos peligro – sobre todo en la prensa – de contemplar los países musulmanes a través de unas gafas verdes? Es decir que una vez que hemos aprendido que el islam manda tal o cual cosa, y que los suníes y chiíes se odian mutuamente, ya entendemos todo lo que pasa?

Durante mucho tiempo mirábamos con las gafas rojas, el bloque socialista, los rusos que eran siempre los malos. Cuando cae el bloque soviético, el islam se convierte en el sustituto. Yo tendría mucha precaución, hay que ser cautos a la hora de hacer generalizaciones.

En los últimos años asistimos a una pugna geopolítica entre Arabia Saudí e Irán por la hegemonía en la zona. Sin perder la neutralidad del periodista, ¿desea en secreto que vaya ganando uno de los dos?

«Arabia Saudí está aliada con Israel frente al enemigo común iraní, quién nos lo iba a decir»

El ciudadano Ayestarán querría que las cosas se solucionaran pacíficamente, pero es un pulso superfuerte. Y ahora ha aumentado la tension, es un auténtico choque de trenes que ha dividido la region en dos ejes muy claros. Arabia Saudí, fíjate hasta qué punto llega el nivel de confrontación, está aliada con Israel frente al enemigo común iraní, quién nos lo iba a decir. Lo ideal sería tener gobernantes con cerebro y sangre fría que no tensaran la cuerda demasiado. El problema es que ahora mismo tenemos a gente como Mohammed bin Salmán, tenemos a Benyamin Netanyahu, a la guardia revolucionaria en Irán…

Usted cubre este “Oriente roto” desde hace 12 años. ¿Qué ha cambiado en este tiempo?

Que cada vez los pedacitos son más pequeños, cada vez hay más división y los países son más débiles. Cada vez hay más tensiones internas, y cada vez se aleja más mi sueño, que sería coger mi bicicleta y recorrer un Jerusalén-Damasco, o irme con mi familia de Jerusalén a Beirut… Disfrutar de una parte del mundo que recomiendo porque es extraordinaria.

¿Y qué echa en falta haber vivido cuando habla con corresponsales que en lugar de 12 llevan 30, 40 o ya casi 50 años en la zona, como Tomás Alcoverro? ¿Qué han visto que usted y yo no hemos podido ver ni quizás veamos ya jamás?

En el caso de Tomás, la pregunta es qué no ha visto, ¡si estuvo en el funeral de Nasser y la llegada de Jomeini…! Me hubiera gustado cubrir la Revolución Islámica o la crisis de los rehenes en Teherán, sobre todo por ver la evolución del país, del Irán abierto a Estados Unidos a la república islámica. Me hubiera encantado ver esa transición.

Un periodista de trincheras, como usted, transmite mucho ruido de disparos. ¿No piensa a veces que con tanta noticia de guerra, su público lector llegue a creer que en estos países de por ahí, la gente nunca se ha dedicado a tomarse un raki en una terraza, escribiendo poemas, tocando la guitarra y dándose besos en un rincón?

Yo intento hacerlo en mis crónicas, me hago mayor y dejo el frontline para los compañeros de video y fotos, que buscan mucho más el pam-pam. Prefiero quedarme con las familias en el hospital, en la retaguardia, hablando con quien entierra a su gente… Al final, el miliciano o el paramilitar que está allí no te va a atender a ti, está concentrado en lo que está haciendo. La segunda línea es el terreno más cómodo para nosotros. Hay que cubrir las dos partes, aunque la más visual es la bomba estallando.

Usted cubre muchos países, evidentemente sobre todo cuando hay conflicto, y forzosamente cada país tiene su primera vez. ¿Qué hace para evitar el peligro de ser el reportero paracaidista que sabe mucho de disparos y poco del país que cubre?

Yo he llegado a países como Libia, de los que no tenía ni idea, solo quién era Gadafi, lo digo en serio. No dejas de ser un paracaidista en muchos conflictos. Suelo decir que quizá no eres un conocedor exhaustivo en la zona, pero he demostrado que soy capaz de funcionar desde el minuto uno. Y muchas cosas se repiten, da igual si lo tienes que escribir en 140 caracteres o en un ensayo como el que he escrito. Lo que te da credibilidad al final es controlar la zona. Por eso precisamente llevo tanto tiempo, no tanto como Alcoverro, pero mi obsesión es especializarme de verdad, aprender y aprender para poder explicar mejor.

¿Es importante aprender la lengua?

Claro, es esencial. Por eso no soy un experto. Soy el eterno estudiante de árabe. Controlas las cuatro cosas que te sirven para la calle, pero poco más. Y mira que hablo euskera, que se supone que es complicadísimo… Pero con el árabe me he encontrado con un auténtico muro.

¿Cree que entre los jóvenes reporteros que se han lanzado a la guerra de Siria, y a otros conflictos similares, hay peligro de confundir la emoción de estar en el frente, en los tiroteos, con el concepto de una noticia bien hecha?

«Me impresionaba ver a fotógrafos que habían hecho bodas y bautizos y que aparecían en Alepo»

El problema de la Guerra de Siria ha sido Libia. Me explico: cuando empezó la primavera árabe, Libia se convirtió en un parque temático, se llenó de reporteros que no habían cubierto una guerra nunca, era fácil, era barato, estaba cerca de España, y te compraban todo lo que producías. Estalló Siria y la gente empezó a entrar por el lado no oficial, y pronto se dieron cuenta de que no tenía nada que ver, era más difícil, más caro y más complicado de colocar. Al principio la gente lo intentaba, querían repetir la experiencia, pero el conflicto no tenía nada que ver. Me impresionaba ver a fotógrafos que habían hecho bodas y bautizos que aparecían en Alepo. Todo tiene una evolución, poco a poco. Está bien que quieras ser corresponsal de guerra, pero puedes aprender cubriendo manifestaciones, por ejemplo. Por eso Siria ha sido una tumba para muchos colegas.

Usted no es de generación de los más veteranos que aún vieron contratos de corresponsal: es freelance. Pero viendo a los que tienen ahora 20 o 30 años, sus condiciones materiales y su bagaje ¿qué siente? ¿y qué consejo les daría?

Tienes que intentar hacer lo que más te gusta, es donde más puedes rendir. Intentaría que se centren en la zona que más les gusta, e ir poco a poco. Con el motor diesel, no con el de explosión. En Jerusalén llevan tres mil años dándose gorrazos, así que no hay que tener prisa. No sé si es por las redes, la gente tiene prisa por hacerlo todo muy rápido. Necesitas años para enterarte de las cosas. Yo sigo teniendo más preguntas que respuestas.

Al cubrir guerras, manifestaciones, enfrentamientos ¿alguna vez se ha identificado emocionalmente con alguna causa, algún lema, un objetivo de la marcha o protesta que cubría? ¿Ha deseado tomar una bandera y agitarla?

No sé qué decirte… Suelo ser bastante frío, pero las partes más débiles son las que más simpatía te generan. Igual la palabra no es identificación con unos colores y unas ideas, sino con la gente que has conocido. Me identifico con las víctimas, con los que más sufren, no con las facciones políticas.

© Alejandro Luque | Especial para M’Sur

¿Te ha interesado esta entrevista?

Puedes ayudarnos a seguir trabajando

Donación únicaQuiero ser socia



manos

Post relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *