Los siete días del tiempo

Nouri al Jarrah

Publicado por

M'Sur

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Es la identidad colectiva de los autores de la revista M'Sur. Aparece normalmente en las colaboraciones de artistas, escritores o músicos que, por ser esporádicos, no disponen de usuario propio en la revista.

Publicado el 20 Feb 2019

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Balada del que nunca fue a Damasco

Nouri al-Jarrah | © Kikah Magazine

Mis palabras se mueren
Llego para llevarles agua
y me las encuentro muertas.

Así arranca un poema del autor sirio Nouri al Jarrah (Damasco, 1956), una de las voces más importantes en el panorama de la literatura árabe contemporánea. Escribe desde Londres, lanzando versos amargas al aire, elegías por las que gotea la sangre de quienes mueren en su lejana tierra. Lejana no en kilómetros sino en tiempo: Nouri al Jarrah se exilió ya en 1981, primero a Beirut, donde se dio a conocer con su primer poemario, As-Sabie (El chico, 1982), y cinco años más tarde a Chipre, donde publicó Mayarat as-saut (Concordancia de la voz, 1988). En los noventa recaló en Inglaterra desde donde sigue publicando en árabe: llegan Tufula maut (Infancia de una muerte, 1992), Al qasida wa al qasida fil mir’at (Poema y poema en el espejo, 1995), Hadaiq Hamlet (Los jardines de Hamlet, 2003)…

Al mismo tiempo dirige revistas literarias en lengua árabe: Al Naqid, (El Crítico) relevado por Al Katiba (La Escritora) y Al Rihla (El Viaje) en los noventa, y finalmente Al Yadid (El Nuevo) desde 2015.

Especial atención recibó su poema Qarib ila Lesbos (Barca a Lesbos, 2016), dedicada a la crisis de los refugiados, con el subtítulo Elegía a la Osa Mayor. Safo, Troya y espadas omeyas hacen cameos por ese poemario, que traza un paisaje después de la batalla: Siria ya no existe, dirá el poeta en alguna entrevista.

No estuve en Damasco / el día del terremoto, dice ahora. No estuve corriendo / ni andando lento / Más lejos que mi mano estuve / más que mi ojo ahogado en el tiempo / No estuve en Damasco. Ante la prensa, Nouri Jarrah se muestra amargo, tajante: es injustificable que el mundo haya permitido al dictador Asad destruir su propio pueblo, dice. Tal vez no quisiera ser un poeta político, pero en los tiempos que corren, subraya, citando a Brecht, no se tiene opción.

El fragmento del poema Siete días del tiempo ha sido cedido a Caleta. La traducción es de Ahmad Yamani.

[Ilya U. Topper]

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Los siete días del tiempo

II


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الأيام السبعة للوقت

 II

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¡Oh, poeta! Esta sangre que corre en tu poema ¿de quién es?

¿Quién se ha quedado aquí para desangrarse?

¿Quién se ha quedado aquí para leer lo que el horizonte escribió sobre las hojas

y lo que dejó un poeta en el poema?

Las nubes de los niños viajan

y aparece la colina.

Las imágenes se agitan, el crepúsculo en el ojo.

El chico al que surcaron de largo las profundidades está tumbado, ensangrentado;

espera la mano de su padre.

Como el ocaso, las imágenes se ciernen sobre otras imágenes.

La sonrisa de quien salió a recoger moras el verano pasado.

El aturdimiento abraza al chico y lo devuelve, sonriente, a la mano de su padre.

El horizonte está roto.

Y la lluvia juega con los platos de los niños.

El actor dijo: “Hasta hoy, carecía de voz,

mi teatro se había enredado en el telón,

robaron mi ropa los ladrones

y mi voz

estaba ausente,

en un pozo.”

Una muchacha dijo: “No tenía ojos

y me convertí en una mariposa”.

El deportista bramó: “Mi sangre es mi voz”,

y arrolló al vehículo del grito en el paseo de la muerte.

Entonces, el muchacho cambió el día por su sonrisa.

En el huerto se cayó un planeta

y la tierra de las delicias se quebró bajo pasos sangrientos.

Al chico que se rompió la cabeza contra una roca, un campesino le dijo:

Ahora escucho el temblor del invierno en la rodilla”.

Y ahora

su cuerpo reposa en la bala del soldado.

Llegó un camión que ayer transportaba sandías y hoy lleva

a familias dormidas en mortajas rojas y a campesinos que se convirtieron en enterradores, y tumbas, tumbas, tumbas…

En los rostros de los aldeanos de provincias se revelaban las sonrisas de los hombres.

Hoy,

los niños posan en las fotos

enmascarados.

Y la muerte pasa a buscarlos con su saco.

دَمُ من هذا الذي يجري في قصيدتك أيها الشاعر؟

من بقيَ هنا،

لينزُفَ

من بقيَ هنا

ليقرأَ ما كَتَبَ الأُفُقُ في الصحائِفِ

وما تَرَكَ شاعرٌ في القصيدةْ.

غيومُ الأطفالِ تسافِرُ

والهَضَبَةُ تُلَوِّحُ.

الصُّوَرُ تَرْتَجُّ وتَغْرُبُ في العَين، والفتى الذي شَقَّتِ القِيعانُ طولَهُ، مستلقياً، دامياً ينتظرُ يَدَ أبيهِ.

الصُّورُ تَغْرُبُ في الصُّور، ابتسامة من مضى ليقطف التوت في صيف مضى..

لكن الخَدَرَ يحتضنُ الفتى، الخدرُ يعيدُ الفتى الضاحك إلى يد أبيه.

الأفقُ هشيمٌ،

والمطرُ يلاعبُ صحونَ الأطفال.

قال الممثِّلُ كنتُ قبل اليوم بلا صوت

ومَسرحي معلق في ستارة؛

ملابسي سرقها الموتى

وصوتي

غاب

في

البئر.

قالتْ طفلةٌ: كنتُ بلا عينين

والآنَ

صِرتُ فراشةً.

الرياضيُّ صَرَخَ: دمي صوتي..

ودحرج في ممر الموت عربةَ الهتاف

والصَّبي بادلَ النهارَ بابتسامته.

وفي البستانِ حيثُ سقطَ كوكبٌ

وتشقَّقتْ تحت خطى دامية أرضُ المسرّات،

قال فلاحٌ لصبيٍّ كُسِرَتْ رأسُهُ على صخرةٍ:

إنني أسمعُ رَجْفةَ الشتاءِ في رُكبتي.

والآنَ، جسدُه مستريحٌ في طلقة الجندي

وصلتْ شاحنةٌ كانت بالأمس تحمل البطّيخَ والآن: عائلاتٌ نائمةٌ في أكفانٍ حمراءَ وفلاحونَ صاروا حفارينَ، وقبورٌ قبورٌ قبور..

كانتْ وجوه الرجالِ في الأرياف البعيدة مكشوفةً عن ابتساماتٍ لرجالٍ

والآنَ،

الأطفالُ يقفون في الصُّور

مُقَنَّعينَ

والموتُ يطوفُ بجرابه على الأطفال.


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© Nouri al-Jarrah. Traducción: Ahmad Yamani  · Primero publicado en Caleta (Dic 2015)

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