El Sáhara, Jerusalén y los eslóganes

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Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 5 Feb 2021

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«¡Con el alma y con la sangre te protegemos, líder!»

«¡Con la sangre y con el alma te salvaremos, mártir!»

¿Por qué tenemos que salvar a nuestros líderes y mártires, a nuestras causas con el alma y con la sangre? ¿Por qué no, en su lugar, nos aferramos a la vida para defender la justicia de nuestras causas, el alma de nuestros mártires, los valores, principios, proyectos sociales y políticos en los que creemos? (Porque a nuestros líderes…¡la verdad es que no sé por qué tenemos que defenderlos con el alma y la sangre!)

Sencillamente, porque muchos de los que entonan esas consignas las entonan solo por ser consignas, ¡nada más!

Y esto es parte del dilema. Pueblos que consideran que las consignas solucionan las crisis. Y que los poemas revolucionarios liberan a los pueblos de las dictaduras, de la ocupación y de la tiranía. Y que las protestas que han unido a bandos contrarios, como el de izquierdas con el islámico, son el camino más corto hacia la democracia y los derechos humanos.

En la relación de los pueblos de la zona con Palestina, la mayoría se ahoga en lemas sobre arabidad e islam, llevando a los palestinos a hacer lo mismo.

Defender el derecho de los palestinos en nombre del islam impide que sea una causa justa

El apoyo de la causa palestina debería ser un apoyo en nombre de la humanidad antes que nada. Que defendamos el derecho de los palestinos en nombre del islam impide que la causa sea una causa justa, con la que simpatizan muchos no musulmanes, no solo en la zona de Oriente Próximo y el norte de África, sino también en el resto del mundo, pero fundamentalmente, los propios palestinos no musulmanes.

La defensa de la causa palestina desde el punto de vista de la arabidad supone que la causa no merece la solidaridad o la simpatía de los europeos, ni los americanos, ni los amazigh, ni de los kurdos ni de otros, ¡ni siquiera de algunos de los propios israelíes!

El apoyo a la causa palestina debería surgir por la mera pertenencia a la humanidad, por nada más. Porque son pueblos que sufren la invasión y la violación de su dignidad, la enajenación de tierras y todo lo relacionado con la ocupación en términos de opresión, injusticia y muerte.

Y para que podamos defender una causa cuyo fundamento es el apoyo al ser humano, no necesitamos pertenecer a una religión ni a una nacionalidad concreta, sino únicamente pertenecer a la humanidad.

Ahora, con el restablecimiento de las relaciones oficiales entre Marruecos e Israel, han comenzado a verse de nuevo las pancartas con mensajes de traición, arabidad e islam. Como si los que elevan dichas pancartas fueran precisamente los que dieran pasos reales hacia la liberación de Palestina de la ocupación israelí, cuando ante ellos se alza el problema del acuerdo marroquí-estadonunidense-israelí.

El fácil cantar consignas de traición para los que tienen embajada en Tel Aviv desde hace muchos años

Los argumentos históricos sobre la marroquindad del Sáhara son numerosos, y entre los derechos diplomáticos de Marruecos está el aprovechamiento de los canales posibles para defender sus propios derechos y la integridad de su territorio, y para detener la hemorragia de sangre y manipulación que comenzó en el Sáhara marroquí desde el fin de la ocupación española.

El reconocimiento por parte de Estados Unidos de la pertenencia marroquí del Sáhara es una victoria tanto diplomática como política para Marruecos. Y está entre los derechos diplomáticos de Marruecos (o entre sus deberes) el tomar los caminos que lleven a proteger su unidad territorial.

Al mismo tiempo, la llamada del rey Mohamed VI al presidente palestino Mahmud Abás inmediatamente después del anuncio del acuerdo (en lugar de llamar a Netanyahu, por ejemplo) es simbólica, y es en sí misma una declaración oficial de Marruecos de que continúa su compromiso en la defensa de los derechos de los palestinos, fuera de la lengua de los emblemas y fuera de la lengua de la traición.

Lo fácil es levantar pancartas con mensajes de traición, principalmente porque son solo pancartas que hacen cosquillas a los sentimientos del público y al sueño de “la comunidad araboislámica”.

Y también es fácil cantar dichas consignas de traición y de dramatismo para los que tienen embajada en Tel Aviv desde hace muchos años, y para los que realizan transacciones comerciales y turísticas y diplomáticas con Israel… ¡y esos son los que levantan las pancartas de la injusticia islámica y de Palestina y de Gaza!

Pero, ¿no decíamos que somos pueblos que necesitamos de muchas consignas para sentir que “hemos luchado con el alma y la sangre”?

Todos esos detalles de los “judíos marroquíes en Israel” y la “arabidad” y el “islam” y la “hermandad” son consignas. Consignas que no solucionan la cuestión del Sáhara marroquí que los vecinos reclaman desde hace años. Consignas que no otorgan a los palestinos sus derechos frente a un ente que ocupa sus tierras y viola sus derechos.

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en Al Hurra · 17 Dic 2020 | Traducción del árabe: Carmen Gómez Orts

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