«Lo que el dios judío no consiguió hacer en dos mil años, Hitler lo hizo en poco tiempo»

Angel Wagenstein

 
Angel Wagenstein (Sevilla, Mayo 2010) |  ©  Ilya U. Topper

Angel Wagenstein (Sevilla, Mayo 2010) | © Ilya U. Topper

Angel Wagenstein  tiene, según la información disponible, 87 años, pero es inútil buscar a un anciano desvalido en la cafetería sevillana en la que se desarrollará la entrevista. Quien acude a la mesa es un señor de paso firme, mirada franca y voz pausada pero alegre e innumerables guiños irónicos, tanto en la conversación como en la posterior charla que organiza la Fundación Tres Culturas como parte de las actividades de la Feria del Libro de Sevilla.

Hijo de una familia sefardí de Bulgaria exiliada en Francia, Angel Wagenstein (Plovdiv, 1922) se crió en París ―de ahí su excelente francés, lengua en la que se desarrolla la entrevista― pero volvió a su país natal para integrarse en las brigadas clandestinas que combatían contra la ocupación alemana nacionalsocialista. En 1944 fue detenido y condenado a muerte; sólo la llegada del Ejército Rojo lo salvó del pelotón. Pero parece que la experiencia no le quitó el humor. O tal vez se lo reforzara, como estrategia de supervivencia.

En 1944 fue detenido y condenado a muerte; sólo la llegada del Ejército Rojo lo salvó del pelotón

“Una vez estábamos en una celda, de esas que en ruso se llaman odinotchka, es decir ‘para una persona’. Al final de mi época en prisión éramos ocho en este espacio. Personalmente he vivido 137 noches esperando que me ahorcaran. Aun así bromeábamos. Era una máscara. Quien dice que no tiene ningún miedo a la muerte, a mi juicio miente. Tuvimos miedo”, asegura Wagenstein durante la charla que ofrece en la Feria del Libro, poco después de la entrevista.

“Éramos muy jóvenes, queríamos vivir. Yo tenía 22 años, y a esa edad nadie quiere morir. Pero puedo jurar que reíamos mucho, nos contábamos chistes. Era una defensa contra lo que teníamos dentro. Eso sí ―concluye―: no recomiendo a nadie estar condenado a muerte sólo para experimentar personalmente que se puede reír”.

Guionista de cine mucho antes que escritor, Angel Wagenstein —a veces, su apellido es transcrito Vagenshtain— ha firmado medio centenar de películas, la mayoría búlgaras, pero también varias alemanas, desde una recreación de la vida de Goya hasta filmes de ciencia ficción. Estrellas (1959) ganó un Gran Premio en Cannes. Declarado admirador de Charles Chaplin ―”un genio de la humanidad; nos enseñó que se pueden contar las historias tristes con una sonrisa”― disfruta recordando su “primera y última colaboración” con el cineasta al explicar por qué en Bulgaria nadie lo llama Angel ―pronunciado Anyel― sino Jacky.

“Dicen que el amor es ciego. Una vez que estuve en uno de los tres cines de Plovdiv echaron la película de Chaplin, The Kid, y hay un niño chico, Jacky Coogan, que rompe una ventana que Charlie Chaplin arreglará luego. Y en su amor ciego, mi tía me dijo que yo era igual que el niño. Pero no es cierto. Es un error histórico”.

Sólo con el nuevo milenio, ya rozando los ochenta, el guionista Wagenstein publicó su primera novela: El Pentateuco de Isaac, lanzada en España en 2008 en la editorial Libros del Asteroide, que en los años sucesivos también editó las otras dos obras de la trilogía: Adiós Shanghai y Lejos de Toledo (2010).

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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