Rafael Marchante

La crisis silenciosa

 
Un hombre camina por la orilla del río Tejo en Lisboa. Agosto 2011 | © REUTERS/ Rafael MarchanteUn chico se enjuaga al lavarse en un barrio de chabolas de Moita, cerca de Lisboa. Abril 2011 | © REUTERS/ Rafael MarchanteUn pescador en Costa Caparica, al sur de Lisboa. Agosto 2011 |   |  © REUTERS/ Rafael Marchante Una mujer camina con su carrito de la compra en Barreiro, cerca de Lisboa. 2011 |   © REUTERS/ Rafael Marchante Una mujer camina por la plaza de Oliveira, en Guimarães, norte de Portugal. Agosto 2011 | © REUTERS/ Rafael Marchante Antonio, marinero en paro desde hace tres años, vive de recoger almejas. Mayo 2011 |  © REUTERS/ Rafael MarchanteUn hombre en el puerto de Alcochete, cerca de Lisboa. Mayo 2011 |  © REUTERS/ Rafael Marchante Dos mujeres en el barrio de Alfama en Lisboa, Abril 2011 | © REUTERS/ Rafael Marchante

Silencios. Rostros que buscan una respuesta mirando hacia dentro. Gente que calla, mira al suelo, a las aguas del río Tajo. Ya no hay viento para los marineros: ahora se sobrevive buscando almejas en la orilla.

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Acerca del autor

Rafael Marchante
Fotógrafo (Cádiz, 1972). Vive en Lisboa, donde trabaja como corresponsal de la agencia Reuters.
Tras trabajar...

La crisis silenciosa

La crisis en Portugal no ha provocado grandes disturbios, ni proclamas ni apenas atención mediática en el resto de Europa. El pueblo portugués la sufre en silencio. Es una crisis ajena en un país que no era rico ni pobre, ni sufría burbujas enormes ni estaba mal situado en términos de déficit público, tasa de paro o cifras de crecimiento. Pero el ataque de los mercados y las agencias de calificación a la enorme deuda pública no tuvo miramientos. Portugal pidió el rescate de la Unión Europea en abril de 2011 y llegó con las condiciones habituales: recortes en jubilación, becas, salarios públicos y ayudas sociales.

El país se resignó. La renuncia del primer ministro, José Sócrates, las elecciones anticipadas, la victoria del conservador Partido Social Demócrata, todo se hizo ante una apatía general. La sensación de impotencia se traducía en un silencio hasta electoral: poco más de la mitad de los portugueses fue a las urnas.

La democracia, conquistada en 1974 con claveles rojos, duró 36 años antes de ser reemplazada por la ley de los mercados, concluyó un sociólogo de Yale. ¿Se la llevaron las aguas del Tajo?

[Ilya U. Topper]

 
 

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