¿Por qué no una federación?

 

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Avraham Burg (58 años) fue miembro del Partido Laborista y durante algún tiempo presidente de la Knesset, el parlamento israelí. Su padre fue largo tiempo miembro del gabinete ministerial y líder del Partido Nacional Religioso, antes de que se convirtiera en una panda de mesiánicos furibundos. Mi relación con Burg padre fue bastante amistosa, en gran parte porque éramos los dos únicos miembros de la Knesset nacidos en Alemania.

Burg hijo, que todavía lleva la kipá propia de los judíos practicantes, se unió al Partido Laborista y fue miembro de las “ocho palomas”, un grupo moderado dentro de esta organización.

La semana pasada Haaretz publicó un artículo en el que Burg proponía unir la “solución de los dos estados” con una federación de dos estados. Usaba como metáfora un edificio, la primera planta contendría los derechos humanos, la segunda albergaría los dos estados, Israel y Palestina, y la tercera la federación.
Esto me trajo un montón de recuerdos.

En la primavera de 1949, justo después de la firma de los primeros tratados de paz entre el nuevo estado de Israel y los países árabes que habían participado en la guerra, se formó un grupo en Israel que defendía la creación de un estado palestino junto al israelí y la firma de un acuerdo entre las dos naciones.

En 1949 pedimos crear un estado palestino junto al israelí y firmar un acuerdo entre ambos

En aquel entonces la idea fue tachada de herética, puesto que en Israel se negaba rotundamente la mera existencia del pueblo palestino.

El grupo estaba formado por un árabe musulmán, un árabe druso y yo. Tras algún tiempo, después de que nuestros intentos de crear un nuevo partido no lograran despegar, el grupo se disolvió. (Curiosamente, los tres acabamos más tarde formando parte de la Knesset).

Por lo que respecta a uno de los principales aspectos, teníamos la misma opinión: las fronteras entre los dos estados debían estar abiertas al libre tránsito de personas y mercancías. No usamos la palabra “federación” pero pensábamos en algo parecido.

Después de la guerra del Sinaí en 1956, un nuevo grupo retomó la idea. Lo fundamos Nathan Yalin-Mor y yo y atrajo a una gran variedad de intelectuales, escritores y artistas. Yalin-Mor había sido líder de los Luchadores por la Libertad de Israel, conocidos por los británicos como la Banda de Stern y etiquetados por estos como el más extremista de los grupos terroristas judíos.

Arafat sugirió “una federación entre Palestina, Israel y Jordania y quizás también Líbano”

Nos dimos el nombre de “Acción semita” y publicamos un documento, “El Manifiesto Hebreo”, que todavía considero único: un proyecto completo y detallado de un nuevo estado de Israel. Entre otras muchas cosas, contenía un plan para establecer un estado árabe palestino junto a Israel y una federación entre Palestina, Israel y Jordania, llamada “la Unión Jordana”.

En los años 70, Abba Eban planteó una solución parecida a la de Benelux, cuyo nombre deriva de los acuerdos con carácter federativo entre Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo. Para mi sorpresa, la primera vez que me encontré con Yasser Arafat durante el asedio de Beirut, en 1982, usó el mismo término: “Una federación entre Palestina, Israel y Jordania y quizás también Líbano, ¿por qué no?”. Repitió la misma idea, con las mismas palabras, en nuestro último encuentro, justo antes de su misteriosa muerte.

Con el tiempo, deseché la palabra “federación”. Llegué a la conclusión de que asustaba demasiado a ambas partes. Israel temía que supusiera una disminución de su soberanía, mientras que los palestinos sospechaban que no era más que otra estratagema sionista para mantener la ocupación bajo otros términos. Sin embargo, está claro que, en un territorio tan pequeño como el de la Palestina histórica, dos estados no podrían vivir durante mucho tiempo codo con codo sin mantener una estrecha relación entre ellos.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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