«Quien desprecie el flamenco por cuestiones políticas, está perdido»

Mayte Martín

 
Mayte Martín (Sevilla, 2014) | © Antonio Acedo (cedida)

Mayte Martín (Sevilla, 2014) | © Antonio Acedo (cedida)

Cantaora exquisita, amiga de aventurarse también por senderos ajenos a lo jondo, Mayte Martín (Barcelona, 1965) está acostumbrada a atraer la atención sobre sí misma, a veces en forma de invectivas del flamenco más integrista. Y se diría que le gusta provocar. Su último espectáculo, que presentó ayer mismo en la Bienal de Sevilla, se titula Por los muertos del cante,  y en él rinde homenaje a los artistas desaparecidos que la marcaron como aficionada y como intérprete, mucho antes de darse a conocer a mediados de los 90 con Muy frágil, de cantar boleros con Tete Montoliú, de trabajar con la bailaora Belén Maya o adaptar los versos del malagueño Manuel Alcántara. Ahora, una vez más, está en otra cosa. “Se trata de crear una atmósfera de unión en el escenario. Crear un universo en el que, en una hora y media, todos, músicos y público, estemos viviendo lo mismo. Es un viaje, y hay que elegir muy bien a los compañeros que vas a llevar contigo”, afirma.

¿Existe el flamenco catalán? ¿Algo con características específicas, más allá de la simple cuestión geográfica?

«Seguramente canto flamento por mi padre. Todo lo que emociona a quien quieres pasa a importarte a ti también»

Por un lado, pienso que el entorno, la atmósfera que respiras, donde has descubierto algo y lo has aprendido, influye en tu forma de hacerlo. Desde ese punto de vista, seguro que sí podemos hablar de flamenco catalán. O no, porque si escuchas por ejemplo a Duquende, te das cuenta de que su flamenco no tiene nada que ver con el mío, o con el de Miguel Poveda.

¿Para ustedes, el flamenco ha sido el puente emocional con la tierra familiar –en su caso paterna–, o algo más?

No solo ha sido un puente. Seguramente canto flamenco, al menos inicialmente, por amor a mi padre. Pienso que todo aquello que emociona o le importa a alguien a quien quieres, automáticamente pasa a importarte a ti también. En eso se basa mi descubrimiento de la música.

Cuando ha probado a internarse en músicas distintas del flamenco, ¿ha seguido sintiéndose cantaora, o sentía que se convertía en otra cosa?

Absolutamente. Cuando hago boleros, o tangos, no me siento cantaora, no soy una cantaora haciendo otras cosas. Soy bolerista, cantante de tangos, lo que toque. Me zambullo en cada lenguaje, en cada estética, de un modo profundísimo. Yo solo hago el flamenco desde el flamenco.

De las muchas cosas que ha hecho en este campo, le falta cantar en catalán. ¿La lengua plantea conflictos?

«Cualquier expresión artística que no esté de moda, o no dé espectáculo, está muy poco apoyada»

Bueno, he cantado en catalán, pero no flamenco. Considero que soy muy abierta de mente, me siento muy libre, pero tengo una barrera. La frontera está donde para mí acaba lo natural. Todo lo natural para mí es bienvenido, el margen es amplísimo, pero debe existir una lógica orgánica. Y cantar flamenco en catalán no es natural.

Al independentismo, ¿le gusta el flamenco, o les miran con desdén?

Tengo grandes amigos independentistas que adoran el flamenco. De todo tiene que haber, la gente con sentido común sabe distinguir el tocino de la velocidad. Quien desprecie un arte como el flamenco por cuestiones políticas, está perdido.

Ha tenido usted que recurrir al crowfunding. ¿No hay mucho dinero público para apoyar el flamenco?

No es por una cuestión política ni nacionalista. En Cataluña, como en el resto de España, cualquier música, cualquier expresión artística que no esté de moda, está muy poco apoyada. Y no es porque sea flamenco o cualquier otro estilo, es por el sitio desde el que se hace. Para estar apoyado, el flamenco debe poseer una estética determinada.

¿Cuál es esa estética?

Dar espectáculo. Si no es así, no hay nada que hacer.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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