Kobani, ciudad bajo asedio

 
Un refugiado kurdo de Kobani camina hacia la frontera turco-siria (Sep 2014) | © Ilya U. Topper

Un refugiado kurdo de Kobani camina hacia la frontera turco-siria (Sep 2014) | © Ilya U. Topper

Suruç (Urfa, Turquía) | Septiembre 2014

“Iré al frente como sea. Que me den un fusil y combatiré contra el ISIL. Y si no quedan fusiles, iré armado con un palo. O con piedras”. Zidán, abogado kurdo de Siria, acaba de regresar a la frontera tras unos años exiliado en Estambul. Levanta una bolsa de plástico con algo de ropa: “Esto es todo lo que me he traído. Cuando vi que Kobani, mi ciudad, está bajo asedio de los yihadistas, me vine de inmediato. Quiero estar al lado de mi gente”.

Zidán espera desde hace horas ante la barrera de Mürsitpinar, el paso fronterizo oficial de Turquía a Kobani (Ain al Arab, en árabe), la ciudad kurda más importante en el noroeste de Siria. Junto a él hay varias decenas de jóvenes que tienen la misma intención: regresar a Kobani y alistarse en el frente. Confían en saber manejar las armas que se les den: “Todos hemos hecho el servicio militar obligatorio en Siria”, apunta Mustafa Ahmed, un conductor de autobús que regresa a Kobani, como miles de sus paisanos, tras llevar a su familia a Turquía para dejarla con parientes, donde estará a salvo.

La mayoría de los refugiados ha llegado a Turquía hace pocos días: el viernes anterior, las autoridades turcas abrieron la valla fronteriza en ocho puntos y permitieron el paso de miles o decenas de miles de personas que esperaban agolpados ya dos noches ante la alambrada.

“He visto cómo los del ISIL mataron 300  ovejas, y a tres pastores los degollaban y los dejaron tirados al sol, sin cabezas”

Todos huían del ISIL, la guerrilla que se hace llamar Estado Islámico y que días antes lanzó una gran ofensiva contra Kobani, un enclave kurdo entre grandes regiones del norte de Siria que ya están bajo control de los yihadistas. La fama que precede a estas milicias es terrible: donde llegan, nada queda vivo, dicen los refugiados.

“Donde hay un árbol, lo queman. Roban todo lo que hay en la casa. He visto cómo mataron a trescientas ovejas, y a los tres pastores que los cuidaban. Los degollaban y los dejaron tirados al sol, sin cabezas; por suerte pude escaparme”, relató Azad Mohamed,un maestro de colegio de un pueblo al este de Kobani. Muestra una foto, realizada con su móvil, de lo que a su juicio es una bomba de fragmentación sin explotar, supuestamente disparada por el ISIL; “una munición ilegal”.

Todos los refugiados coinciden en señalar que el simple hecho de ser kurdo es una inmediata condena a muerte en manos de los yihadistas. “Seamos musulmanes, cristianos, lo que sea, para ellos todos somos infieles”, apunta uno. “Tienen una fetua de su dirigente según la que es lícito matar o saquear todo lo que sea kurdo, apoderarse de nuestros bienes o de las mujeres”, añade otro. “Antes vivíamos en paz en Kobani: justo allí enfrente hay una iglesia. Pero los del ISIL matan a todos; ellos no tienen religión ni humanidad”, insiste un tercero.

El único punto habilitado ahora para entrar desde Kobani a Turquía no es más que un agujero en la alambrada fronteriza

Lo que nadie entiende es la extraña y terrible manía de los yihadistas a cortarles la cabeza a la gente. Matar, sí, pero ¿así? “Degollar sólo se hace con animales. Y hasta a un animal le tapas los ojos para que no se asuste cuando lo sacrificas”, se estremece Faruj, otro campesino de Kobani. No comprende ni el motivo de la guerra. “Nosotros somos pobres, no estamos metidos en política, no queremos ni al Estado Islámico, ni al PKK (la guerrilla kurda de Turquía) ni al YPG (las milicias kurdas sirias) ni a nadie. Pero aún así vienen a matarnos”, se queja.

El miedo sigue cundiendo y cada día llegan cientos de refugiados más a Turquía; el miércoles y jueves fueron entre 1.300 y 1.500 al día, según las cifras de Seline Ünal, la portavoz del ACNUR en Turquía. La joven observa el goteo de familias campesinas en el paso de Yumurtalik, a una decena de kilómetros al oeste de Mürsitpinar, el único punto habilitado ahora para entrar desde Kobani a Turquía.

En realidad no es más que un agujero en la alambrada, unas cuantas vallas azules, una unidad de registro móvil atendida por ACNUR, una tienda de atención médica y vacunación coordinada por AFAD, la agencia de emergencias turca, y una enorme extensión de terreno llano donde grupos de refugiados esperan recostados contra fardos de mantas o sacos con sus pertenencias para que alguna camioneta o un bus fletado por Afad los traslade a Suruç, la ciudad más cercana.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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Kobani, ciudad bajo asedio
 
 

33 comentarios

  1. […] Kobani no es Sarajevo. Es apenas una ciudad kurda de 60.000 habitantes, en la frontera entre Siria y Turquía, sin biblioteca nacional y, que se sepa, sin sinagogas centenarias, aunque sí con algunas iglesias. Lleva bajo asedio sólo dos semanas. Eso sí: bajo asedio de una banda de cortacabezas que ha sido declarada enemigo de la humanidad por todos los países de los alrededores. De Washington a París y Ankara, hasta Teherán, Bagdad y, quién iba a decirlo, Damasco, todo el mundo dice estar de acuerdo que el llamado Estado Islámico de Iraq y Levante (yo seguiré llamándolo ISIL) es la mayor amenaza para la paz del mundo. Pero nadie mueve un dedo para impedir que esta banda ponga sitio a una ciudad kurda con el objetivo declarado – o al menos, el objetivo obvio, visto su historial – de masacrar a sus habitantes. […]

  2. […] y antes de la estadounidense Sky News. Ha hecho falta una catástrofe humanitaria como la de Kobani para que los medios internacionales guarden cola para entrevistar a Redur Xelil quien parece […]

 
 

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