Cuando decir ‘dictador’ es un delito

 
Marcha por la libertad de prensa (Estambul, 2013) |  © Ilya U. Topper / M'Sur

Marcha por la libertad de prensa (Estambul, 2013) | © Ilya U. Topper / M’Sur

Estambul | Abril 2015 |

“No hay lugar en el mundo donde la prensa sea tan libre como en Turquía”, aseguraba el pasado diciembre el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. Una afirmación tan risible que nadie, salvo sus partidarios más incondicionales, se la toma en serio. El mandatario turco, de hecho, trataba de defenderse de las críticas que le llovían por la detención de más de dos decenas de periodistas y profesionales de los medios de comunicación, arrestados días antes por la policía en una operación realizada simultaneamente en trece provincias del país.

Casi todos los detenidos trabajaban para medios vinculados con el movimiento del teólogo Fethullah Gülen, durante años estrecho aliado del partido islamista en el poder, el AKP, pero convertido en su peor después de instigar en diciembre de 2013 una operación anticorrupción que estuvo a punto de hacer caer al gobierno de Erdogan.

“Un 70 % de los medios turcos están bajo el control total del gobierno”

Entre ellos se encontraba Hidayet Karaca, jefe del grupo televisivo Samanyolu, así como Ekrem Dumanli, editor jefe del diario Zaman, a quien se acusaba de “formar y liderar una organización terrorista”. Dumanli estuvo incomunicado durante más de 72 horas sin ser siquiera interrogado. “Si esta es la situación del editor jefe del diario más vendido de Turquía, esto nos da una idea del estado de la libertad de prensa en el país”, protestaba por aquellos días Mehmet Kamis, subdirector del periódico, en un encuentro con periodistas extranjeros al que acudió M’Sur.

“Aproximadamente el setenta por ciento de los medios turcos están bajo el control total del gobierno. El grupo Zaman es el único que no se pliega a sus exigencias”, afirmó Abdülhamit Bilici, columnista de ese diario. “Desde hace tiempo se rumoreaba que los medios del ‘Hizmet’ [el nombre con el que se autodenomina la cofradía Gülen] iban a ser represaliados, como así ha sido”, indicó. Tanto Dumanli como Karaca se encuentran a la espera de ser juzgados.

Las detenciones se produjeron justo en un momento en el que el Comité para la Protección de los Periodistas acababa de reconocer que en Turquía “sólo” quedaban siete profesionales de los medios de comunicación en prisión. Era una cifra muy alejada del medio centenar largo de los años anteriores, cuando Turquía tenía el mayor número de periodistas encarcelados en ningún país del mundo, muy por delante de China e Irán. Pero desde entonces, toda una nueva serie de incidentes han puesto de manifiesto hasta qué punto el gobierno turco está dispuesto a imponer restricciones a la libertad de prensa.

“Más de 40 periodistas fueron puestos en libertad el año pasado. Pero los medios están afectados”

La presentadora de televisión Sedef Kabas, por ejemplo, se dio de bruces con estas restricciones el pasado 30 de diciembre, cuando la policía se personó en su casa para detenerla. El motivo era un tuit que había escrito dos semanas antes, diciendo: “No olvidéis el nombre del juez que ha decidido no seguir adelante con el proceso del 17 de diciembre”, tal y como se conoce en Turquía la operación anticorrupción contra miembros del entorno cercano de Erdogan, aparentemente orquestada por policías y fiscales leales a Gülen.

Kabas protestaba así por la decisión judicial de levantar los cargos contra los acusados, una medida tomada después de que el Ministerio de Justicia hubiese sustituido a los fiscales y jueces encargados del caso en primer lugar. Pero ese simple comentario podría salirle muy caro: ahora la Fiscalía pide para ella 5 años de cárcel, acusándola de “calumniar y amenazar a funcionarios”.

“Estos sucesos reflejan la desproporción de los procedimientos, y parecen la puesta en práctica de venganzas políticas”, indica Erol Önderoglu, de Reporteros Sin Fronteras Turquía. “Más de cuarenta profesionales de los medios fueron puestos en libertad el año pasado. Pero los medios han sido profundamente afectados por el increíble impacto del conflicto político entre el gobierno y los partidos de oposición. La falta de transparencia, el rechazo a luchar contra la corrupción, la intolerancia hacia las críticas de los medios, las caricaturas y todas las formas de expresión artística alimentan más y más las diferencias”, dice a M’Sur.

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Acerca del autor

Daniel Iriarte

@Danieliriarteo

Periodista y cineasta documental (Zaragoza, 1980). Vive en Madrid, donde trabaja en la...

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2 comentarios

  1. […] Cuando decir ‘dictador’ es un delito […]

  2. […] con características autoritarias. Una de las más conocidas es la Turquía de Erdogan que encarcela a periodistas por llamarle ‘dictador‘ y limita la libertad de expresión de los medios de comunicación y el acceso a redes […]

 
 

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