La izquierda abandona a Renzi

 

¿Necesita la izquierda italiana a un psicoanalista? Así se lo preguntaba hace poco el diario La Repubblica. Con motivo: el Partido Democrático, actualmente en el poder y con diferencia la mayor formación del Parlamento, se enfrenta a un futuro incierto, con rebeliones en su interior y un congreso fijado para el 30 de abril. En la asamblea se juega el liderazgo Matteo Renzi, el primer ministro más joven de Italia, que dimitió en diciembre pasado para dejar el puesto a su compañero de partido Paolo Gentiloni.

No es algo novedoso: el propio Renzi llegó al cargo en febrero de 2014, cuando su propio partido tumbó al entonces líder de la formación y primer ministro Enrico Letta, menos de un años después de las elecciones de 2013. Ahora se enfrenta a una jugada similar de sus compañeros, que puede llevar incluso a una escisión del partido, fundado en 2007, y a elecciones anticipadas.

No se trata de un “trauma repentino” sino de un “lento desgaste”, que no fue tratado en el momento adecuado, cree La Repubblica. Su origen remite, dicen, al pecado original del PD: el intento de fundar un partido uniendo dos posturas difícilmente conciliables, la católica progresista y el ala socialista-comunista.

El enemigo común es Matteo Renzi, al que acusan de exceso de protagonismo y autoritarismo

Los cabecillas de quienes amenazan con la escisión son en su mayoría representantes de la llamada minoría de la izquierda del PD. Pertenecen a la vieja guardia que militó en el Partido Comunista Italiano (PCI), como el exministro Pierluigi Bersani y el exprimer ministro Massimo D’Alema. O han sido grandes exponentes del aguerrido sindicalismo italiano de izquierda, como Guglielmo Epifani. O, como Roberto Speranza, provienen del alma más izquierdista de los Demócratas de Izquierda (DS), el partido que, antes de extinguirse con la creación del PD, fue el gran heredero de las bases y la estructura del PCI. Un partido que, cabe recordar, fue la formación de ideología comunista más grande en Europa occidental hasta su desintegración en 1991.

El enemigo común: el exprimer ministro Matteo Renzi, al que acusan de exceso de protagonismo, de autoritarismo y además de llevar adelante políticas económicas y sociales poco en sintonía con los principios de la izquierda. Sin olvidar que el propio padre de Renzi, Tiziano, proviene de la Democracia Cristiana (DC). “No voy a apuntarme más al PD, no participaré en el (próximo) congreso”, ha dicho Bersani. “Yo soy la izquierda del Gobierno. Es él se ha movido…”, ha añadido. “No existen más las condiciones, iré a buscarlas a otro sitio. Necesitaremos tiempo, pero lo lograremos”, explicó Vasco Errani, expresidente de Emilia Romaña —una de las regiones tradicionalmente ‘rojas’ de Italia— y otro que también está coqueteando con la idea de abandonar a la formación.

“El PD se ha transformado en el partido del jefe, no es ya el partido de la comunidad”

“Nosotros seguimos adelante en la creación de un nuevo sujeto político de centroizquierda que corrija las políticas que han alejado a tantos trabajadores, jóvenes y maestros”, ha dicho Speranza. “El PD se ha transformado en el partido del jefe, no es más el partido de la comunidad. Ha cambiado de piel”, ha agregado Epifani. “No estoy en contra de un liderazgo fuerte, pero un líder lo es cuando conoce sus límites y representa a todos. Renzi no lo ha hecho”, ha observado.

Las tensiones se remontan a las disputas iniciadas por el propio Renzi en 2010, cuando para conquistar su cuota de influencia dentro del PD impulsó la llamada política del ‘desguace’. En agosto de ese año, de hecho, el entonces alcalde de Florencia promovió la jubilación de todos los líderes más veteranos, lo que le valió el apodo del ‘il rottamatore”, el Desguazador, y la fama de arribista sin escrúpulos entre la vieja guardia.

El fatídico referéndum

Fue el fallido referéndum constitucional de diciembre pasado —promovido por Renzi y en el que perdió por más de veinte puntos, a lo que contribuyó la oposición de la minoría de izquierda— lo que ha terminado de agitar los ánimos. Tras perder la cita, Renzi dimitió de su cargo como jefe de Gobierno, pero poco más de un mes después reapareció, decidido a retomar el control de su partido.

“Me sentí tentado de dejar la política. (…) Después me dije que solo el cobarde huye en los momentos difíciles. Nuestra batalla no ha hecho más que empezar”, afirmó, en una entrevista publicada el 14 de enero. “Es cierto que ahora tenemos trabajo por delante. Presentaremos una nueva dirección, viajaremos a lo largo y ancho de Italia, redactaremos el programa de los próximos cinco años de una manera original”, añadió el carismático político florentino.

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Irene Savio
Periodista (Roma, 1982). Trabaja como corresponsal del diario mexicano Reforma y colabora con el español El Periódico...

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