cirílico

 

alfabeto cirílico

El cirílico es un alfabeto muy difundido en Europa del Este. Fue derivado del griego  —a través del glagolítico, una fase intermedia— en el siglo IX y utilizado para traducir los textos cristianos a las lenguas eslavas. Como todos los alfabetos de su familia, se escribe de izquierda a derecha.

En el ámbito mediterráneo, el cirílico se usa hoy para escribir el ruso, el ucraniano, el búlgaro y —entre los serbios— el serbocroata, todas ellas lenguas eslavas.

El alfabeto posee mayúscula y minúscula pero las diferencias entre ambas son mínimas, aparte del propio tamaño de la letra. Sin embargo existe una cursiva, utilizada habitualmente para escribir a mano, pero también en textos impresos y letreros, cuyos signos se distinguen en algunos casos considerablemente de las de imprenta.

El alfabeto básico consta de aproximadamente 30 grafemas, a los que todos los idiomas añaden algunos específicos.  Comunes a casi todos son los signos que aparecen en antepenúltimo lugar y que a menudo sólo se emplean para variar la pronunciación de la consonante que les precede, de ahí que en ruso se conocen como ‘signo duro’  y signo blando’. En búlgaro, sin embargo, la primera se emplea como vocal, similar al turco ı. El ruso emplea para el mismo fonema una combinación del ‘signo blando’ con un trazo vertical.

Las lenguas eslavas balcánicas, sólo estandarizadas a finales del XIX e incluso en el XX, utilizan hoy hasta seis signos adicionales, pero también éstos varían según el idioma, incluso cuando representan el mismo fonema. La mayoría representan varias variantes de fricativas, similares a la ll argentina o la tg catalana, representadas en las grafías latinas de los mismos idiomas por  čć o đ.

Trece letras del alfabeto cirílico coinciden exactamente con las griegas y  representan el mismo fonema; dos más – D y L – son muy similares.  En la cursiva, las coincidencias con las letras latinas son llamativas, pero en este caso, las apariencias engañan: los signos que aparentan ser d, g, n, p, c, m, se  leen en realidad b, d, p, r, s, t.  Especialmente llamativa es el caso de la t, escrita m, dado que la T mayúscula sí coincide con la latina.

Más complejas son las adaptaciones a los idiomas del Cáucaso,  así, el osetio añade 14 caracteres propios al alfabeto cirílico, amén de varias combinaciones.

Desde la desaparición de la Unión Soviética en los años 90, muchas lenguas caucásicas y las túrquicas de Asia Central están sustituyendo el alfabeto cirílico, introducido en el siglo XIX, por el latino.

 
 
 

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