bahaí

 
Santuario central bahaí en Haifa (Israel)   | ©  I. U. T. / M'Sur

Santuario central bahaí en Haifa (Israel) | © I. U. T. / M’Sur

La fe bahaí es la más reciente de las religiones monoteístas presentes en el Mediterráneo: data de mediados del siglo XIX. Basada en los movimientos mesiánicos del islam chií, se cristalizó en Irán como una apuesta por renovar la fe islámica mediante la figura del mahdi, el mesías esperado, y se difundió sobre todo en India, aunque hay seguidores en todo el mundo.

Los bahaí retienen las bases del monoteísmo islámico y cristiano, pero a través de una visión más filosófica y racional, que prescinde de muchos ritos y normas del islam, y modifica otros, como la oración obligatoria (se admiten varias variantes, hasta una vez al día) y el ayuno (sólo durante un “mes” de 19 días al año). Conserva la prohibición de alcohol, drogas y juegos del azar, típica del islam.

La fe se basa en las obras de los dos fundadores Bab y Baháula, que se consideran escrituras sagradas y revelaciones divinas, sobre todo el Kitab al Aqdas (El Libro más sagrado), completado en 1873. No existe un clero. Los asuntos de la comunidad son coordinados por “consejos espirituales”, compuestos por nueve miembros (hombres y mujeres), elegidos para un año y que toman sus decisiones basándose en las escrituras.

No existen templos concretos o espacios sagrados, pero sí casas de reunión espiritual,  abiertos también a miembros de otras religiones. En las reuniones – una vez cada 19 días – la comunidad se cita para venerar a dios, pero sin emplear ritos concretos; se pueden crear o adaptar diversas expresiones (como baile o cánticos), aparte de la lectura de los libros sagrados. El mandato supremo es el amor a toda la humanidad.

Un elemento central de la fe bahaí es el matrimonio entre hombre y mujer (no se admite el homosexual), tan central que dos personas no pueden casarse sin el consentimiento de sus padres, si éstos están vivos. Tampoco se admiten las relaciones sexuales antes o fuera del matrimonio. Aunque las normas bahaí hacen hincapié en la igualdad espiritual y social de mujeres y hombres, los nueve consejeros que componen la cúpula internacional bahaí (la Casa de la Justicia) en Haifa (Israel) deben ser siempre varones.

Aunque no utilizan métodos de misión llamativos, los bahaí  sí difunden el ideario de su fe y aceptan conversos con gran facilidad. La comunidad bahaí no deja de crecer, sobre todo gracias a las conversiones, y se estima que alcanza unos 7 millones en todo el mundo.

Por su reciente creación y por la pretensión de su fundador, Bahaulá, de ser profeta, al mismo nivel que Buda, Jesucristo o Mahoma, la religión es considerada a menudo una secta. A esto contribuye una organización social mediante “consejos espirituales” elegidos localmente, y un centro coordinador mundial, que ejercen cierto control sobre la actividad de todos sus miembros.

Los Consejos exigen, por ejemplo, revisar todo lo que un seguidor de la fe bahaí escriba sobre su religión. Una ruptura pública con lo que los consejos consideran normas ineludibles conlleva la expulsión de la comunidad, lo que obliga a todos los demás fieles a renunciar a todo contacto con la persona sancionada.

Debido a la consideración de secta, los seguidores de la fe bahaí se encuentran a menudo con mayores dificultades de ejercer su fe que los miembros de otras religiones “tradicionales”. En los países oficialmente islámicos, a eso se añade que una conversión a la fe bahaí equivale normalmente a a una apostasía del islam, hecho perseguido judicialmente en Irán, cuna de los bahaí, y sujeto a tabúes sociales y políticos incluso en los países en los que no es delito.

Historia

En los últimos años del siglo XVIII, una corriente mesiánica (el jequismo) de la Península Arábiga inició la búsqueda del mahdi, el mesías que renovaría el mensaje de Mahoma. No fue hasta 1844 que uno de los adherentes de este movimiento se entrevistó en la ciudad persa de Shiraz con el predicador musulmán chií  Ali Mohamed (1819-1850), quien se declaró  en este momento “Bab”, es decir “puerta espiritual” hacia lo divino y precursor de un futuro profeta (como Juan Bautista lo habría sido para Jesucristo) o incluso el propio mahdi y duodécimo imam, sinónimo de mesías en la teología chií.

En 1848, los seguidores del Bab proclamaron su ruptura con el islam y el mismo año, el predicador fue encarcelado y juzgado para finalmente ser ejecutado en 1850. Entre sus seguidores destacó Mirza Husein Ali Nuri (1817 -1892), quien adoptó el nombre Bahaulá (Gloria de Dios). En 1852 fue exiliado a Bagdad, entonces parte del Imperio Otomano, donde vivió como predicador, tras recorrer la región kurda.  Fue allí donde se declaró en 1863 mahdi y profeta de la nueva religión, lo que redefinió el rango del Bab como mero precursor. Prácticamente todos los fieles aceptaron a Bahaulá como profeta; quienes dedidieron seguir únicamente al Bab se conocen como azalíes, aunque su número hoy es ínfimo. Se estima que sólo quedan unos mil en Irán.

El mismo año 1863, las autoridades otomanas trasladaron a Bahaulá a Estambul, primero, a Edirne, después, y finalmente a Acre en la costa levantina (hoy en Israel), donde viviría hasta su muerte en 1892.  Le siguió su hijo Abdelbahá (1844-1921) como dirigente espiritual y político. A su muerte le siguió su nieto Shoghi Effendi (1897-1957), quien murió sin dejar hijos ni nombrar sucesor.

Desde principios del siglo XX, los bahaí establecieron su centro mundial sobre la colina del Monte Carmelo en Haifa, donde se alza hoy un mausoleo con el ataúd del Bab, rodeado de extensos jardines. Bahaulá está enterrado en la cercana Acre.

 
 
 

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