Déjà Vu y otros relatos

Mansoura Ezeldin

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Mansoura Ezeldin

Publicado el 30 Nov 2010

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Mansoura Ezeldin | Cedida
Mansoura Ezeldin | Cedida

Mujeres entre sueños

 

Mansoura Ez Eldin (Delta del Nilo,1976) pertenece a esta generación joven de Egipto que aún nació en un país con ánimo de cambiar la sociedad, de conquistar más derechos, de conseguir la igualdad entre mujeres y hombres. Su familia se escandalizó cuando ella se fue a estudiar periodismo a El Cairo, sola. Sus vecinos se escandalizaron cuando alquiló un apartamento. Sola. No se rindió.

Se convirtió en redactora de un prestigioso semanario literario, Akhbar al Adab, publicó el tomo de relatos La luz sacudida (Ad-Dau al-muhtazz, 2001) y, en 2004, la exitosa novela El laberinto de Mariam (Mataha Mariam, traducido en 2007 al inglés bajo el título Mariam’s Maze). Hablaba de mujeres. Con la franqueza de quien ha dejado atrás las ataduras tradicionales y no se ha dejado maniatar por la nueva oleada de religiosidad que ha vuelto a robar a la sociedad las libertades conquistadas un siglo atrás.

Su segunda novela, Detrás del paraíso (Wara’ al Firdaus) fue finalista del Premio Internacional de Ficción en Árabe (IPAF), instaurado en 2007 y más conocido como ‘premio Booker árabe’, dado que se otorga en colaboración con este prestigioso galardón británico. Fue la consagración.

Los libros de Ez Eldin no forman parte de lo que se ha llamado literatura social, es decir que no se limitan al costumbrismo con ánimo de denuncia social sino que van más allá. Sin dejar de reflejar la realidad egipcia, aportan una nota onírica que los saca de la vida cotidiana en la que se suelen ubicar y les otorga una nueva profundidad. Así ocurre en El laberinto de Mariam, pero también en los tres relatos, dos de ellos totalmente inéditos, el tercero publicado en el periódico Al Hayat, que la autora ha cedido a M’Sur. Es la primera publicación de Mansoura Ez Eldin en castellano.

La prosa fluida de Mansoura Ez Eldin capta al lector; su estilo árabe es sencillo y sin florituras, pero preciso y rotundo. El clásico árabe fus·ha de la narración se ve interrumpido, como es frecuente en los autores árabes, por los diálogos en árabe egipcio. Aunque normalmente es preferible mantener este desnivel entre dos idiomas en la traducción, buscando soluciones en alguna de las lenguas cercanas a la oficial, en este caso hemos optado por traspasar las conversaciones —en todo caso escasas— al castellano, dado que la elección del idioma egipcio no parece conllevar, en el caso de los tres relatos que se ofrecen aquí, otra cosa que el realismo necesario en el contexto del relato (un diálogo entre amantes en árabe clásico no sería realista: nadie hablaría así).

Déjà vu tal vez sea el relato que más nos puede acercar al Egipto actual, el contraste entre ricos y pobres, las relaciones entre los sexos, desde luego mucho más habituales de lo que las apariencias hacen pensar. Muy viva, trazado con plumazos certeros, se nos presenta la ya no tan joven mujer de buena familia que quiere llevar su vida independiente en un mundo en el que hay que fingir o, más bien, asumir “un personaje que acaba borrando la personalidad de quien lo encarna”.

Seis velas deja abiertos muchos interrogantes, como todo buen relato corto: el lector tendrá que suplir con su imaginación gran parte del planteamiento pero el mensaje nos llegará diáfano. Tal vez sea más claro aun si se recuerda la tradición de la istijara o incubación, habitual en toda África del Norte: para sanar, el enfermo deberá dormir una noche en un santuario determinado —no siempre considerado como tal por la religión oficial—e interpretar los sueños que tenga; el acto de dormir y soñar forma parte de la terapia.

Mas onírica aun es Marine, un cuento breve en el que la realidad se difumina ante una niebla de sensaciones sonámbulas.

[Ilya U. Topper]

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Déjà vu (castellano)   ·   Déjà vu (árabe)
Seis velas (castellano)   ·   Seis velas (árabe)
Marine (castellano)   ·   Marine (árabe)

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Déjà vu

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Leer el texto original árabe – إقرأ النص العربي

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 De repente, la escena se iluminó en la mente de Samiha mientras paraba su coche en aquel mercadillo de verduras.

Conducía a gran velocidad por la circunvalación que va de la parte nueva de El Cairo a los Parques de las Pirámides donde vivía, mientras tarareaba una canción de Najat Saghira. Se descuidó y se desvió por la salida de Saft Laban en lugar de hacerlo por la de Mariutía y se encontró de pronto en un barrio que le era completamente extraño. Tanto que el lugar no le parecía siquiera formar parte de la ciudad en la que había nacido.

Era un barrio popular; las calles eran estrechas y sin pavimentar. En medio había un mercadillo de verduras que hacía imposible atravesarlo con el coche sin arrollar las capas de tomates, berenjenas y cebollas esparcidas por aquí y allá. Un barrio que se parecía mucho a cómo Karim solía describir el lugar donde vivía.

Cierta ansiedad se apoderaba de ella y prefirió reducir la velocidad del coche. De repente sintió que ya había atravesado esta calle antes: la fuerza con la que recordaba haber estado aquí en el pasado hacía sentirle que no se hallaba en él ahora. Todo lo que sucedía a su alrededor parecía ser un mero recuerdo almacenado en su mente, un recuerdo que hubiera permanecido secuestrado durante años y de repente se liberase para imponerse al presente.

No era la primera vez que experimentaba la sensación de ‘déjà-vu’, sólo que ahora era más extraña. Otras veces simplemente sentía que ya había vivido ese instante antes y que estaba obligada a pronunciar determinadas palabras para hacerlas coincidir con las de su recuerdo. Luego se borraba todo de su memoria y el recuerdo se convertía en sólo una mancha de luz que se desvanecía en un vasto desierto de sombras.

Esta vez, sin embargo, sentía que el lugar que visitaba por primera vez le abría una puerta a una zona oscuro de su fuero interno, tal vez a una vida anterior. Se vio a sí misma luchando para salir de entre los destrozos de un terrible accidente, luego todo se desvanecía de nuevo y volvió a ser una mujer que bregaba por salir con su coche de este barrio estrecho y atascado.

Torció para tomar una calle paralela a la del mercadillo pero más amplia, luego se encontró en el borde del barrio Mariutía desde donde pudo salir hacia los Parques de los Pirámides. Empezó a calmarse.

Como si la escena brotara en su cabeza de la nada, emergió también el rostro de una mujer joven con ojos grandes y una mirada profunda, una frente ligeramente abultada, una mujer que se parecía totalmente a su criada Nora.

Las dos caminaban juntas por un lugar similar al mercadillo; Nora tosía fuerte y Samiha le daba palmadas en la espalda mientras intentaba animarla con una cháchara ininterrumpida.

La tos de Nora resonaba en sus oídos como si fuera un hecho real, fue como si la viera y su cuerpo temblara ligeramente al no poder parar de toser. Sólo que el lugar por donde se desplazaban seguía estando a oscuras; se asemejaba al mercado de verduras por el jaleo y el agolpamiento pero aparecía sumido en una densa niebla.

Intentó ignorar el asunto y concentrarse sólo en la carretera que tenía delante. Pero el cuerpo tembloroso de Nora y su cara, sus ojos grandes, seguían bailando ante Samiha hasta que llegó a su casa.

Sentía una angustia cuyo motivo no lograba entender. Entró en su dormitorio y se tumbó sobre la cama con los ojos fijos en el techo. Sin preámbulos le llegaron los sucesos como si los estuviera soñando: Nora sufriendo a su lado con una voz herida, sin que ella pudiera verla, apretada como estaba en el asiento del conductor e incapaz de distinguir nada a su alrededor, excepto esta voz quejumbrosa y mezclada con un ruido molesto, un zumbido que casi le partía la cabeza y un golpeteo continuo en las puertas del coche. De entre el ruido se distinguió la frase “Ha muerto” antes de que todo se desvaneciera.

Se hundió en el sueño. Cuando despertó, aún llevaba su ropa de salir. Sufría un fuerte dolor de cabeza y sentía esa gran opresión que sigue normalmente a una noche llena de pesadillas, aunque hoy no se acordaba de ninguna. Su mente estaba saturada de gotas opacas que generaban una tristeza incomprensible. La frase “Ha muerto” empezó a sonar en su cabeza sin parar.

Creyó ver que Nora se escondía durante instantes en una oscuridad espesa antes de volver a aparecerle. Una tos y un cuerpo temblando y dos ojos grandes… Dos mujeres que caminaban juntas por lo que parecía ser un antiguo mercado popular. Y nada más.

Cogió el teléfono de la cómoda y llamó a Karim.

Estaba segura de que él aún no se habría despertado. Por eso no se rindió cuando no respondió a la primera llamada. Volvió a intentarlo con una insistencia a la que él no podía sustraerse.

Su voz salió tensa a su pesar: ¡Ven de inmediato…! ¡búscame!

Colgó como de costumbre antes de escuchar su respuesta. Luego se le ocurrió que él tal vez aún estuviera dormido y no la hubiera reconocido. Pensó en llamarlo otra vez. No lo hizo por recordar una frase suya que había golpeado sus oídos durante uno de sus raros momentos de rabia: que él se aburría de este tipo de llamadas suyas y que sólo iba a verla por miedo a sus espirales de quejas y lloriqueos con los que lo ahogaría si la ignoraba. Ya no le preocuparía mucho que ella estuviera realmente en un aprieto.

Se lo imaginó levantándose despacio de la cama después de despertarse con la llamada. Imaginó otra joven durmiendo a su lado. Le molestó la idea y la reemplazó por otro escenario en el que le veía apartar con presteza la manta de su cuerpo y levantarse rápidamente, a tropezones, caerse de bruces sobre su antebrazo derecho, maldecir su mala suerte. Se acordaría de que no la había visto en diez días y reconocería que su suerte tampoco era tan mala: al fin y al cabo era ella la que le llamaba, en lugar de que él tuviera que visitarla por sorpresa o insistirle para que le diera cita.

Este segundo escenario le dejó una tristeza que no quería aliviarse. Se preguntó cómo podía ser que él no la había llamado en diez días.

A las diez en punto escuchó el timbre de la puerta. Prestó atención a la voz de Nora que lo saludó con entusiasmo y luego lo llevó adonde estaba sentada ella, en el salón que daba a las pirámides.

Samiha estaba absorta, triste; a veces se alzaba todo el pelo negro con las manos. Llevaba un vestido de algodón azul sin mangas; en la mesita tenía una botella de vino y unos platos llenos de picoteo. No solía beber tan temprano pero hoy no habría podido soportar su desánimo sin beber.

En cuanto apareció Karim, ella le escanció una copa de vino. Sin una sola palabra de saludo le señaló la silla enfrente de la suya para que se sentara. Durante un buen rato no le habló. Sólo miraba, abstraída, las cercanas pirámides o se dedicaba a observar las plantas del jardín: las buganvillas, el jazmín, los claveles. Se comía los frutos secos y de vez en cuando tomaba un trago de su copa. Él se entretenía picoteando los anacardos y las almendras y ella se acordaba de Mustafa, su anterior amante, el que le había presentado a Karim. Solía compararlos; había querido mucho a Mustafa y soportaba su mal humor pese a dudar siempre de su fidelidad.

Ahora le asaltaron las dudas: ¿tal vez Mustafa le presentara a Karim cuando empezó a aburrirse de ella? ¿Y si lo había hecho precisamente por estar convencido de que a ella le gustaría su amigo? Cuando ella desapareció, ¿fue la oportunidad que él buscaba para librarse de ella sin exponerse a sus reiteradas amenazas de suicidarse? De repente se arrepintió de estas amenazas y deseó borrarlas completamente de su vida, no sólo de su memoria. ¿Y si Karim le había contado a Mustafa que la relación entre los dos había empezado aún antes de que su amigo renunciara a la suya? No supo por qué ella había llamado a Karim al día siguiente de conocerlo. Ni cómo acabó el asunto con los dos juntos en la cama.

Finalmente se volvió hacia él y adoptó de nuevo su sonrisa mágica, como si hubiera apretado un botón que borrase la tristeza y la ansiedad e hiciera aparecer una sonrisa de empleado de relaciones públicas.

Le preguntó:
—¿Crees que yo sería capaz de matar? O al menos de inducir la muerte de alguien?

Él respondió sin pensárselo:
—Si tú pudieras matar, ya habrías matado a Mustafa.

Ella se molestó mucho con la simple mención del nombre de Mustafa. Entre los dos había un acuerdo tácito de evitar pronunciar este nombre… Como todas las normas de su relación, ésta ley también la había establecido ella sin decirlo de forma clara.

Solía referirse a su amante anterior como “él”. Decía que ella le debía mucho… Él le enseñó como disfrutar con las canciones de Umm Kulzum después de que toda su vida no había escuchado más que música extranjera. Y se explayaba sobre cómo él le había hecho aceptar los olores orientales que antes no soportaba. Era capaz de hablar durante horas de sus más nimias virtudes sin señalar que él se había apoderado de gran parte de su riqueza. Al igual que Karim era más de veinte años más joven que ella y se había criado en una familia pobre. Solía vigilarla en cualquier sitio que se encontrase como si fuera su sombra. Pero cuando iba con ella no parecía ser en absoluto su amante sino más bien un asistente personal o un secretario que era obsequioso con sus amigos y amigas. Era lo que hacía Karim ahora, aparentemente convertido en un doble o un heredero de él. Un heredero menos habilidoso y menos sexual.

Karim captaba su molestia y se arrepintió mucho de haber pronunciado el nombre de Mustafa. Pero ella —afortunadamente— volvió a ignorar sus palabras y continuó hablando:

—Karim, me siento como si yo hubiera inducido la muerte de Nora. ¿Puede ser que yo la haya perjudicado en una vida anterior y ella ahora vuelva para vengarse de mí?

Una expresión de sorpresa, que él consiguió suprimir en seguida, se le dibujó en la cara antes de responder burlón:

—¿Qué vida, señorita?

Ella le miró con desconfianza, como si pensara en meterlo junto con Nora en la categoría de los enemigos de vidas anteriores. Pero de repente borró la mirada suspicaz y empezó un monólogo largo sin relación con lo que había estado diciendo antes.

Hablaba del cambio climático, del carácter de la chusma que dominaba la sociedad, del aumento de la pobreza y del fundamentalismo. Hablaba como si expresara opiniones serias en un programa de televisión y de vez en cuando miraba rápidamente alrededor como si hubiera ahí espectadores inivisibles que le siguieran con interés.

Continuó su retahila sin darse cuenta de que Karim no prestaba atención y no oía ni una sílaba: él se entretenía observando sus labios carnosos, contemplando los detalles de su cuerpo que empezaba a tender hacia cierta corpulencia, la caída de sus ojos, ocultos bajo una espesa capa de maquillaje vivificador que combatía las marcas dejadas en su piel por los años inclementes. Ella lo observó de reojo y por su mirada se dió cuenta de que él la deseaba. Pensó que le habría gustado tener sexo con él ahora.

Incluso durante el sexo, ella nunca se quitaba esa sonrisa dibujada en sus labios con tanto esmero. Cerraba los ojos y hacía como si estuviera en otro mundo. Cuando acababan, empezaba su ansiedad: se encerraba en sí misma y a veces lloraba. O lo trataba con una dureza sin motivos, antes de pedir perdón llorando unas horas más tarde o al día siguiente.

Sus ojos captaron la disminución del deseo que expresaba su cara, su intento de volver a escucharla. Continuó, pues, su monólogo del que fingía creerse ella misma cada palabra.

Esta seguridad que mostraba en todas sus actitudes, sobre todo cuando mentía, era lo que más caracterizaba a Samiha. No era una actuación, o tal vez fuera este tipo de actuación en la que se funden el actor y el personaje, tanto que el personaje acaba borrando la existencia real del actor. Lo asombroso en este caso era que ella asumía a diario un nuevo personaje al que encarnar, sólo para abandonarlo al día siguiente por otro distinto. A veces pasaba de un papel a otro con una velocidad alarmante: en una sola sesión podía ser la mujer perfecta necesitada de pasión, luego la chica débil al borde de un ataque de nervios, despues la femme fatal de fuerte carácter y obsesionada con el poder. O cualquier otro personaje distinto: entre todos se movía sin abandonar nunca su porte aristocrático ni la sonrisa fina dibujada en sus labios y que le daba una ambigüedad aun mayor.

De repente apareció Nora. Pasó cerca de los dos, miró a Samiha y durante un instante se turbó. Luego abandonó el salón; Samiha le pidió a Karim que la disculpas un momento y le siguió rápidamente. Al volver, su sonrisa seductora refulgía aún en sus labios pero una profunda tristeza empezó a habitar su mirada.

Parecía absorta y se preguntó si su cuchicheo enfadado con Nora habría llegado a los oídos de él. Hasta este instante no le había vuelto a explicar la verdadera causa de su llamada telefónica de la mañana y su insistencia en hacerle venir de inmediato. Decidió discutir con él tranquilamente de todo eso pero luego volvió a vacilar.

Su voz se fue apagando y de vez en cuando miraba el lugar donde había estado Nora poco antes.

Nora regresó con pasos ruidosos. Llevaba en las manos un ramo de claveles, aparentemente cogidos en el jardín. Escudriñó a Karim con la mirada mientras caminaba hacia el florero en la mesita del otro extremo del salón. Sacó las rosas, plenamente florecidas, que había en el recipiente y colocó el ramo de claveles en su lugar. Luego se llevó las rosas y se fue tarareando la letra de una vaga canción. Mientras tanto, Samiha permanecía completamente muda y se sintió sacudida por un ligero temblor.

Nada más salir Nora de la habitación, Samiha se estremeció y se puso de pie. Karim también se levantó. Ella dijo con voz apagada:

—Aquí no conseguimos hablar. ¿Qué te parece que salgamos por ahí esta noche?
Él respondió en el mismo tono que ella:
—No me hace, estoy de bajón y sin un duro.

Ella se volvió activa; desapareció durante algunos minutos y volvió con una suma de dinero que le entregó con una sonrisa, luego lo condujo al exterior. Salieron al jardín y se quedaban entre los arbustos de buganvilla y los claveles; finalmente ella le pidió su dirección, al tiempo que le prometió una alegre sorpresa.

Cuando él se hubo alejado, ella comenzó a pasearse sola por el jardín. Se acercó a un rosal y extendió su mano hacia una rosa roja que aún no había florecido. Una espina aguda la alcanzó. Retrocedió un poco y las lágrimas le saltaron a los ojos. Se las enjugó rápidamente y regresó a la casa; durante unos instantes creyó ver que Nora la estaba vigilando desde detrás de la cortina de la ventana, pero cuando agudizó la mirada no distinguió a nadie.

Pasadas las cuatro de la tarde, Samiha le informó a Nora de que se iba a una recepción en casa de una amiga suya y que no volvería hasta tarde. Dejó su coche y cogió un taxi. Le pidió al conductor que la llevara a la dirección que le había dado Karim. El hombre miró su ropa sofisticada y su gusto aristocrático intentando adivinar por qué razón ella pudiera dirigirse a semejante lugar. Pero no dijo nada.

Se acordó de repente de que Nora había colocado las rosas en el florero y que había vuelto una hora después para reemplazarlas, sin motivo, por un ramo de claveles. Alejó su mente de este pensamiento e intentó conjurar la imagen de Karim. Le molestó haberle observado rozar a su joven criada con una mirada inequívoca. Ahora, el taxi estaba llegando al barrio Saft Laban por calles estrechas y polvorientas. Contempló el caos alrededor, las viejas casas casi pegadas unas a otras, y se le hizo presente qué distancia separaba a Karim de ella. La idea le angustió. No dudó de que la misma sensación la tenía que experimentar él cuando iba con los vecinos de ella al club de la Isla o a las fiestas de cóctel en casa de sus amigas.

El taxi se paró y el conductor señaló un edificio cercano. Samiha se bajó del coche y se encontró en un mercado similar a aquel por el que había errado el día anterior. Caminaba fingiendo calma, pero todo el mundo la observaba con asombro. Supo que su entrada en el apartamento de Karim atraería definitivamente las miradas, de forma que desistió de sus intenciones y se quedó en una esquina aislada para contemplar el lugar donde vivía él. Pensó que si hubiera venido Nora aquí y hubiera querido colarse en el apartamento de Karim, le habría sido más fácil. Nora no parecía ser igual de ajena a este sitio.

Regresó al coche que no había dejado de esperarla. Cuando llegó a su casa no llamó al timbre. Abrió la puerta con su propia llave porque Nora estaba acostumbrada a salir cuando ella le advertía de que iba a volver tarde. Entró y escuchó la voz de Karim desde el salón. Se dirigió hacia allí y le vio sentado junto a Nora, en una conversación sólo interrumpida por su llegada. Nora se fue rápidamente. Karim le aseguró a Samiha que había vuelto con intención de tranquilizarla, porque la había encontrada muy tensa por la mañana, pero que no la había encontrado en casa.

Ella se sentó y le oyó hablar largamente sin escuchar en realidad ninguna de sus palabras. Fingió prestarle atención mientras intentaba dibujar su sempiterna sonrisa. Esperó pacientemente hasta que Karim terminó su visita, luego fue hacia su escritorio. Cerró la puerta y sacó un album de fotografías. Empezó a contemplar sus fotos antiguas: una en la que era una niña con el uniforme escolar del Ramses College, otra en la que llevaba un traje de baño que dejaba al descubierto la mayor parte de su cuerpo, firme y modelado por sus ejercicios de yoga; ahí tenía veinte años. Una tercera en los sesenta con sus padres en un viaje a Inglaterra… Pasó rápidamente por las demás fotos y cuando llegó a las más recientes cerró el álbum de golpe. Abandonó la habitación evitando mirarse en el espejo al lado de la puerta.

No preguntó a Nora por qué se había sentado con Karim, ni le reprochó que le hubiera dejado entrar en su ausencia. Sólo le pidió que se viniera rápidamente de viaje con ella al chalé que poseía en la costa norte. No se llevaba nada, excepto un bolso de mano que agarró de prisa, y arrastró a Nora tras de sí.

Conducía a gran velocidad por la carretera de El Cairo a Alejandría a través del desierto, mientras tarareaba, de nuevo, la letra de la cancion de Najat. Se sintió tan ligera como no se había sentido en años. Se había vuelto a convertir en una joven guapa que brillaba por su belleza y por su cuerpo firme. Levantó la voz y aumentó la velocidad del coche. El aire fresco le azotaba la cara y no prestó atención. Nora le preguntó por el motivo del viaje imprevisto y no le respondió. De repente no pudo dominar el volante; el coche dejó de obedecerle, luego ya no fue consciente de nada que ocurriera a su alrededor. Sólo le llegaba una voz herida y quejumbrosa, un zumbido que casi le partía la cabeza y un ruido que envolvía todo.

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Déjà vu

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لمع المشهد  في ذهن سميحة فجأة بينما تقف بسيارتها في ذلك السوق الشعبي للخضار! 

كانت تقود بسرعة كبيرة على الطريق الدائري آتية من مصر الجديدة إلى حدائق الأهرام حيث تقيم، وبينما تدندن بكلمات أغنية لـ”نجاة الصغيرة”، سهت ونزلت من منزَل “صفط اللبن” بدلا من “المريوطية”، فوجئت بنفسها في منطقة غريبة تماما عليها لدرجة ظنت معها أنها في مكان غير المدينة التي وُلِدت فيها.

منطقة شعبية، شوارعها ضيقة وغير معبدة، يتوسطها سوق صغير للخضروات يجعل العبور بالسيارة مستحيلاً دون الاصطدام بفرشات الطماطم والباذنجان والبصل المتناثرة هنا وهناك. منطقة تشبه كثيراً وصف كريم لمكان سكنه.

بدأت تشعر بالارتباك فقللت من سرعة سيارتها، وفجأة أحست أنها مرت بهذا الموقف من قبل، كأنها ليست في هذا المكان بالفعل بقدر ما تتذكر أنها كانت كذلك في الماضي، كانت بكل ما يجرى حولها كأنها مجرد ذكرى مختزنة في عقلها، ذكرى ظلت مأسورة لسنوات ثم تحررت فجأة لتبدو كلحظة حاضرة.

لم تكن المرة الأولى التي تختبر فيها حالة “Déjà vu” ، غير أنها الأكثر غرابة، في المرات السابقة اعتادت أن تحس فقط بأنها مرت باللحظة من قبل، وتجبر نفسها على التفوه بكلمات معينة كي تتطابق مع ما تتذكر أنها عاشته قبلاً، ثم فجأة يتلاشى كل شيء من ذاكرتها، تصبح الذكرى مجرد بقعة خافتة الإضاءة في صحراء شاسعة من العتمة.

أما الآن فتشعر أن هذا المكان الذي تراه للمرة الأولى قد فتح بابا لمنطقة معتمة بداخلها، لحياة ربما عاشتها في السابق. رأت نفسها وكأنها تناضل للخروج من حطام حادث مروع، ثم تلاشى كل شيء من جديد، وعادت مرة أخرى امرأة تناضل لتخرج بسيارتها من هذه المنطقة المزدحمة والضيقة.

خرجت إلى شارع موازٍ لشارع السوق لكنه أوسع منه، ثم وجدت نفسها في النهاية في منطقة المريوطية التي اتجهت منها إلى حدائق الأهرام، فبدأت تشعر بالهدوء.

وكما انبثق المشهدُ في رأسها من العدمِ، انبثق أيضا وجهُ امرأة شابة بعيون واسعة ذات نظرة عميقة، وجبهة بارزة قليلاً للأمام، امرأة تشبه خادمتها نورا تماماً.
كانتا تسيران معاً في مكان مشابه للسوق، نورا تسعل بشدة، وسميحة تربت على كتفها محاولة أن تشغلها بثرثرات لا تنتهي.

رن صوتُ سعالِ نورا في أذنها كما لو كان حقيقة حاضرة، كأنها تراها وجسدها يرتعش قليلاً من أثر السعال المتواصل، غير أن المكان الذي كانتا تتحركان فيه ظل غامضا، هو فقط يشبه سوق الخضار بضوضائه وزحامه، لكنه يبدو كما لو أنه غارق في ضباب كثيف.

حاولت تجاهل الأمر والتركيز فقط على الطريق أمامها، لكنّ جسد نورا المرتعش ووجها ذا العينين الواسعتين استمرا في التراقص أمام سميحة حتى وصلت إلى بيتها.

كانت تشعر بانقباض لا تفهم مبرره. دخلت إلى حجرة نومها، تمددت فوق الفراش وعيناها مثبتتان على السقف.

ودون مقدمات جاءتها الأحداث كما لو كانت تحلم: نورا تتألم بجوارها بصوت مجروح من دون أن تبصرها،  فيما هي محشورة في مقعد السائق غير قادرة على تمييز أي شيء حولها سوى صوت الأنين المختلط بضجة مزعجة وطنين يكاد يشق رأسها، وخبط متواصل على أبواب السيارة. من بين هذه الضجة ميّزت جملة “دى ماتت” قبل أن يتلاشى كل شيء.

غرقت في النوم، وحين استيقظت كانت ما تزال مرتدية ملابس الخروج وتعانى من صداع شديد وشعور بضيق بالغ تخلّفه عادة ليلة مليئة بالكوابيس رغم عدم تذكرها لأي منها. ذهنها فقط مشبّع بشذرات مبهمة تبعث على كآبة غير مفهومة. أخذت جملة “دى ماتت” ترن في رأسها بلا توقف.
بدت نورا كأنما تختبئ منها في ظلام مبهم للحظات قبل أن تعود لتظهر لها من جديد. سعال وجسد مرتعش وعينان واسعتان.. امرأتان تسيران معا في ما يشبه سوقاً شعبياً قديماً، ولا شيء أكثر.
سحبت الهاتف الموضوع على الكومود بجوارها، واتصلت بكريم.

كانت موقنة من أنه لم يفق من نومه بعد، لذا لم تستسلم حين لم يرد من المرة الأولى، عاودت المحاولة بإلحاح لن ينفع معه أي تجاهل.
خرج صوتها متوتراً رغماً عنها: تعالى فورا.. الحقنى!
أنهت المكالمة كعادتها قبل أن تستمع لرده. خافت أن يواصل نومه متجاهلاً إياها،  فكرت أن تهاتفه مرة أخرى، لكنها لم تفعل لتذكرها جملته، التي صفعت أذنها في نوبة من نوبات غضبه النادرة، بأنه مل من مكالماتها المماثلة، وأنه يحضر فقط خوفاً من دوامات الشكوى والنحيب التي ستغرقه بها لو تجاهلها،  لم يعد يخشي كثيراً أن تكون في ورطة فعلية.

تتخيله ينهض ببطء من الفراش بعد أن أيقظته هي،  وتتخيل أخرى شابة راقدة بجواره. تزعجها الفكرة، فتضع “سيناريو”  بديلاً، تراه يزيح الغطاء عن جسده بنشاط، ويقوم مسرعا، تتعثر قدمه، فيقع بقوة على كوعه الأيمن، يلعن حظه العاثر. يتذكر أنه لم يرها منذ عشرة أيام، فيعرف أن حظه ليس عاثرا لتلك الدرجة، يكفي أنها هي من اتصل به، بدلا من أن يزورها هو فجأة، أو يلح عليها كي تقابله.

يترك هذا السيناريو هو الآخر كآبة لا تنقصها، تتساءل: كيف لم يتصل بها طوال عشرة أيام؟!

في العاشرة تماما  سمعت رنّة جرس الباب، أنصتت لصوت نورا ترحب به بحماس، وتقوده إلى حيث تجلس هي في الشرفة المطلة على الأهرامات.

جلست سميحة شاردة وحزينة وقد رفعت شعرها الأسود كله لأعلى وهى ترتدي فستاناً بلا أكمام من الكتان الأزرق وأمامها على المنضدة زجاجة نبيذ وعدة أطباق مليئة بـ”المزات”. لم تعتد أن تشرب مبكراً هكذا، لكنها اليوم غير قادرة على تحمل مزاجها الكئيب دون شرب.

صبت له بعض النبيذ في الكأس بمجرد أن رأته، ومن دون أي كلمات ترحيب، أشارت إلى الكرسي المواجه لها كي يجلس. لم تتكلم معه لمدة.. فقط تنظر بشرود نحو الأهرامات القريبة أو تراقب نباتات الحديقة من جهنمية وياسمين وقرنفل باهتمام، تتناول المكسرات، وترشف رشفة من كأسها بين آن وآخر. تشاغل عنها بأكل الكاجو واللوز فتذكرت مصطفي حبيبها السابق الذي عرّفها علي كريم، اعتادت أن تقارن بينهما، أحبت مصطفي كثيرا، تحملت نزقه وشكها الدائم في إخلاصه لها، لطالما تساءلت: هل عرّفها على كريم حين بدأ يضجر منها؟ أكان واثقا من أنها ستعجب بصديقه، وساعتها يمكنه التخلص منها دون تهديداتها المتواصلة بالانتحار؟ ندمت فجأة على هذه التهديدات، وتمنت لو تمسحها من حياتها ككل لا من ذاكرتها فقط. هل أخبره كريم أن علاقته بها بدأت قبل أن يهجرها هو؟ لا تعرف لماذا هاتفت كريم في اليوم التالى مباشرة. ولا كيف انتهى الأمر بهما معا في الفراش.

استدارت إليه أخيراً، وقد عادت لها ابتسامتُها الساحرة، كأنما ضغطت زراً مسح عنها الحزن والتوتر وأحضر ابتسامة موظفي العلاقات العامة.

سألته:

— تفتكر إني ممكن اقتل؟ أو على الأقل أكون اتسببت في موت حد؟

أجابها بلا تفكير:

— لو ممكن تقتلي كنتِ قتلتِ مصطفي.

انزعجت بشدة بمجرد أن نطق باسم مصطفي. بينهما اتفاق غير معلن على تحاشى ذكر اسمه.. ككل قواعد علاقتهما، كانت هي من سّن هذه القاعدة من غير أن تقولها صراحة.

اعتادت أن تشير إلى حبيبها السابق بـ”هو”. تقول إنها مدينة له بالكثير.. علمها كيف تستمتع بأغاني أم كلثوم بعد أن قضت عمرها كله في الاستماع للأغاني الأجنبية وحدها. وتسهب في كيف جعلها تستسيغ الروائح الشرقية بعد أن كانت لا تطيقها. يمكنها أن تتحدث لساعات عن أفضال تافهة له عليها، دون أن تشير إلى أنه استولى على جزء كبير من ثروتها. مثل كريم كان يصغرها بأكثر من عشرين عاما وينتمي لأسرة فقيرة. اعتاد أن يرافقها كظلها في كل مكان تتواجد فيه. وهو معها لا يبدو على الإطلاق كحبيب لها، كان يشبه مساعدا شخصيا أو سكرتيرا يتودد لأصدقائها وصديقاتها. وهو ما يفعله كريم حاليا كأنه تحول إلى دوبلير أو وريث له. وريث أقل مهارة وجاذبية.

انتقل انزعاجها إلى كريم، وندم بشدة على نطقه باسم مصطفي، غير أنها -لحسن الحظ-  عادت لتجاهل ما يقوله، مواصلةً كلامها:

— كريم أنا شفت كأني اتسببت في موت نورا. هل ممكن أكون آذيتها في حياة سابقة وراجعة تنتقم منى؟

لمحت ارتباكاً سرعان ما نجح في قمعه قبل أن يسألها ساخراً:

— حياة إيه حضرتك؟!

نظرت له بريبة، كأنها تفكر في وضعه مع نورا في خانة أعداء الحيوات السابقة. إلا أنها مسحت فجأة نظرة الريبة، وبدأت مونولوجاً طويلاً لا علاقة له بما كانت تقوله.

تكلمت عن تقلبات الطقس وأخلاق الرعاع التي سيطرت على المجتمع، وزيادة الفقر والأصولية. كانت تتحدث كأنها تدلو بآراء خطيرة في برنامج تليفزيوني، ومن وقت لآخر تنظر حولها بخفة كأن هناك متفرجين غير مرئيين يتابعونها باهتمام.

كلمات كثيرة قالتها دون أن تلاحظ أن كريم لم ينتبه إلى حرف واحد منها، لأنه انشغل بمراقبة شفتيها المكتنزتين، وتأمل تفاصيل جسدها الذي بدأ يميل للامتلاء، ونظرة عينيها المغلفة بطبقة كثيفة من الغموض الموحي المتحدي لبصمات السنوات القاسية على بشرتها. وجّهت بصرها إليه، فتعرفت على نظرته حين يشتهيها. ودت لو يمارس الجنس معها الآن.

 حتى أثناء الجنس كانت لا تتنازل عن ابتسامتها المرسومة بعناية على شفتيها. تغمض عينيها فتبدو كما لو أصبحت في عالم آخر، وحين ينتهيان يبدأ توترها. تنغلق على نفسها وتبكى في بعض الأحيان، أو تتعامل معه بحدة غير مبررة، قبل أن تعتذر باكيةً بعدها بساعات أو في اليوم التالى.
التقطت عيناها انحسار الشهوة العابرة عن محياه، ليعود محاولاً الإنصات، فواصلت مونولوجها الذى يجعلها تبدو كما لو كانت تصدق كل كلمة فيه.

هذا الصدق البادي عليها في كل تصرفاتها خاصة حين تكذب كان أكثر ما يميزها. لم يكن تمثيلاً، أو على الأقل كان ذلك النوع من التمثيل الذى يتماهى فيه الممثل مع الشخصية التي يؤديها بحيث تكف شخصيته الأصلية عن الوجود. غير أن المذهل في حالتها أنها كانت كل يوم بشخصية مختلفة، تتقمصها، ثم تهجرها في اليوم التالى لشخصية أخرى. كانت أحيانا تتحول من شخصية لأخرى بسرعة مزعجة، في جلسة واحدة تكون المرأة المثالية، داعية المحبة، فالضعيفة الواقفة على شفا انهيار عصبي حاد، ثم الأنثى الخطرة قوية الشخصية المهووسة بالسيطرة، إلى آخر الشخصيات المختلفة التي تدور بينها دون أن تتنازل أبدا عن طابعها الأرستقراطي أو الابتسامة الرقيقة المرسومة على شفتيها والتي تضفي عليها مزيدا من الغموض.

ظهرت نورا فجأة. مرت بالقرب منهما، ونظرت لـها، فارتبكت لبرهة. غادرت نورا الشرفة، فتبعتها هي بسرعة بعد أن استأذنته لدقيقة. عادت من جديد وابتسامتها المغوية تتألق على شفتيها، غير أن حزنا عميقا بدأ يسكن نظرتها.

بدت شاردة، وتساءلت هل وصلت همهماتها الغاضبة مع نورا إلى أذنه؟ حتى هذه اللحظة لم ترد أن تخبره بالسبب الحقيقي وراء اتصالها الصباحي به وإصرارها على حضوره فوراً. بعد أن قررت أن تناقش معه كل شيء بهدوء، عادت وترددت.بات صوتها أكثر خفوتا عما سبق، ومن وقت لآخر كانت تنظر نحو المكان الذى وقفت نورا فيه منذ قليل.

رجعت نورا بخطوات صاخبة، تحمل في يدها باقة من القرنفل البلدي، يبدو أنها قطفتها لتوها من الحديقة. خصته بنظرة متفحصة في طريقها إلى المزهرية الموضوعة فوق طاولة صغيرة في طرف الشرفة. أخرجت الورود المتفتحة من المزهرية ووضعت باقة القرنفل بدلا منها، ثم حملت الورود وغادرت وهى تدندن بكلمات أغنية مبهمة. في هذه الأثناء كانت سميحة صامتة تماما، وثمة رجفة خفيفة تعتريها.
بمجرد خروج نورا من الشرفة، انتفضت سميحة قائمة، فقام بدوره. قالت بصوت خافت:

— مش هنعرف نتكلم هنا، إيه رأيك نخرج سوا بالليل؟

رد بخفوت مقلدا إياها:

— مش هينفع، أنا مفلس ومحبط.

قامت بنشاط، واختفت لدقائق، عادت بمبلغ أعطته له مبتسمة، ثم قادته إلى الخارج. وما أن أصبحا في الحديقة، يقفان بين شجيرات الجهنمية والقرنفل البلدي، حتى طلبت منه عنوانه واعدةً إياه بمفاجأة مفرحة.

فور ابتعاده، أخذت تتجول وحدها في الحديقة، اقتربت من شجيرة ورد بلدي، مدت يدها نحو وردة حمراء لم تتفتح بعد، فنغزتها شوكة حادة، تراجعت للخلف قليلاً وقد طفرت الدموع من عينيها. مسحتها بسرعة واستدارت في طريقها للداخل، خيل إليها للحظات أن نورا تراقبها عبر النافذة من وراء الستار، إلا أنها حين دققت النظر لم تجد أحداً.

بعد الرابعة عصرا أخبرت نورا أنها ذاهبة لمقابلة صديقة لها ولن تأتي إلا متأخراً. تركت سيارتها، واستقلت سيارة أجرة، طلبت من سائقها أن يوصلها لعنوان كريم.. نظر الرجل لملابسها الأنيقة وطلتها الأرستقراطية محاولاً تبين سبب توجهها لهذا المكان، لكنه لم يتكلم.

تذكرت فجأة أن نورا وضعت الورد البلدي في المزهرية، وعادت بعد ساعة لتضع باقة القرنفل بدلا منه بلا مبرر. أبعدت الفكرة عنها وحاولت استدعاء كريم إلى ذهنها، أزعجتها نظرة معينة لمحته يختلسها إلى خادمتها الشابة. كانت سيارة الأجرة قد وصلت إلى منطقة “صفط اللبن” بشوارعها الترابية الضيقة… تأملت الفوضى المنتشرة، والبيوت القديمة شبه المتلاصقة، فشعرت بالمسافة التي تفصل كريم عنها، وتضايقت لذلك. فكرت أن  الإحساس نفسه لابد أنه يصله حين يسير بجوارها في نادي الجزيرة أو حفلات الكوكتيل في بيوت صديقاتها.

توقفت سيارة الأجرة، وأشار السائق إلى بناية قريبة. خرجت من السيارة لتجد نفسها في سوق مشابه للذي تاهت فيه أمس. سارت متصنعة الهدوء والجميع ينظر إليها باندهاش. أدركت أن دخولها شقة كريم سيلفت الأنظار حتماً، فتراجعت عن الفكرة ووقفت في ركن منزوٍ تتأمل المكان الذى يعيش فيه. فكرت أن نورا لو جاءت هنا وأرادت التسلل إلى شقة كريم ستكون مهمتها أسهل. لن تبدو غريبة مثلها هكذا عن المكان.

استدارت عائدة إلى السيارة التي كانت لا تزال في انتظارها. حين وصلت إلى الفيللا، لم ترن الجرس، فتحت الباب بمفتاحها الخاص، لأن نورا معتادة على الخروج حين تخبرها هي أنها ستتأخر. دخلت فسمعت صوت كريم آتياً من الشرفة، اتجهت إلى هناك لتراه جالسا مع نورا يتشاركان حديثاً قطعه وصولها. غادرت نورا المكان بسرعة، فيما أخبرها كريم أنه عاد للاطمئنان عليها لأنها بدت متوترة صباحا فلم يجدها.

جلست تستمع إليه يتكلم طويلا دون أن تسمع فعليا أيا من كلماته، فقط تتابعه متظاهرة بالإنصات محاولة أن ترسم ابتسامتها الدائمة. انتظرت بصبر حتى انتهت زيارته، فقصدت غرفة مكتبها.. أغلقت الباب عليها، أخرجت ألبوم الصور، وأخذت تتأمل صورها القديمة: واحدة وهى طفلة بالزي الرسمي لمدرستها “رمسيس كولدج”، وأخرى ترتدي فيها ثوب سباحة يكشف معظم جسدها المشدود بفعل اليوجا وهى في العشرين من عمرها، وثالثة في الستينيات مع أبويها في رحلة لإنجلترا.. مرت على باقي الصور سريعا، وعندما وصلت لصورها الأحدث طوت الألبوم. وهى تغادر الغرفة تحاشت النظر في المرآة المجاورة للباب.

لم تسأل نورا عن سبب جلوسها مع كريم، ولم تنهرها لسماحها له بالدخول في غيابها، فقط طلبت منها أن تسافر معها بسرعة إلى شاليه الساحل الشمالي. لم تحمل سوى حقيبة يدها التي التقطتها بسرعة وهى تسحب نورا وراءها.

كانت تقود على طريق مصر- إسكندرية الصحراوي بسرعة كبيرة وهي تدندن، من جديد، بكلمات أغنية نجاة.. أحست بخفة لم تشعر بها منذ سنوات، عادت شابة جميلة تزهو بحسنها وقوامها الممشوق، ارتفع صوتها أكثر وزادت من سرعة سيارتها. يلسع الهواء البارد وجهها فلا تنتبه، تسألها نورا عن سبب السفر المفاجئ فلا ترد عليها، وفجأة لم تستطع التحكم في عجلة القيادة، اختل توازن السيارة منها، ثم لم تعد واعية بالعالم من حولها، يأتيها فقط صوت أنين مجروح، طنين يكاد يشق رأسها، وضجة تغلف كل شيء.

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Seis velas

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La casa era exactamente como me la había descrito: un edificio de barro cercada por una valla de estacas secas, al que le daba sombra una enorme morera. Rodeada por varios árboles de alcanfor, se parapetaba entre ellos, aislada, lejos del bullicio de las calles. Me quedé contemplando la antigua puerta de madera; me absorbió la imagen de la mano en ella, estampada con sangre… Puse mi mano encima, no coincidía. Con un esfuerzo me arranqué de mis cavilaciones y llamé a la puerta.

Llamé tímidamente primero, y luego con más fuerza, hasta que me abrieron. Ella era tal cual me la había imaginado: morena, delgada, con la mirada apagada, una diadema negra atada alrededor de la cabeza. Llevaba una túnica del mismo color que la cubría entera. No supe qué tenía que decir ni cómo tenía que explicar mi visita repentina. Afortunadamente, mis palabras sobraban.

Dijo:
―Te he esperado muuucho.
―¿Cómo sabías que iba a llegar?
―Él me dijo que ibas a venir seguro ―respondió con desgana. Luego bajó una lámpara de keroseno colgada de un clavo en la pared y la apagó con un soplo. Dijo:
―Con la luz del Señor basta.

Miró el cigarrillo que había encendido y se le nubló la cara. Jugueteó unos segundos con los pliegues de su túnica negra y continuó siguiéndome a hurtadillas, escudriñando mi pelo negro que se desparramaba sobre mis hombros, mi corta ropa negra y las ansias con las que chupaba el cigarrillo.

La pregunté por la habitación y la señaló. Abrí la puerta y me asaltaron unas paredes desnudas y un aroma de incienso penetrante. Cerré la puerta tras de mí. Me quité los zapatos y paseé descalza por las limpias esteras de hojas de palmera.

La habitación no tenía ventanas y estaba vacía, exceptuando una cama de madera y una mesa pequeña sobre la que había un candelabro de plata con seis velas y al lado unos cuantos libros antiguos con páginas amarillentas. Un polvo blanco cubría todo. Intenté quitarlo con mi mano. No lo conseguí. Me paré cuando me acordé de las advertencias que él me había hecho: que no intentara modificar nada en la habitación y que no le contara a nadie lo que me sucediera en ella.  También me había insistido en que no la abandonara hasta que hubiera transcurrido un día entero desde que entrara. Y que no pronunciara una sola palabra mientras estuviera dentro. “Un experimento que te impresionará mucho”, había dicho él con calma y firmeza.

Empecé a sentirme tensa y me arrepentí un poco de haber llegado hasta aquí. Encendí un segundo cigarrillo que quizás me brindara algo de calma y me tumbé sobre la cama.

Enterré mi rostro en el cojín, huyendo del olor del incienso porque me parecía que se espesaba cada vez más. Aparté la cara y me senté con la espalda apoyada contra el ángulo de la cama. Sentí algo: como si escuchara las risas salvajes de él esparciéndose por el suelo de la habitación. Tensé mis energías intentando recogerlas para verterlas en mis oídos y que se filtrasen directamente a mi cerebro. Sentí que él estaba conmigo, sentí sus caricias, olí el perfume del tabaco mezclado con su respiración caliente. Evoqué el timbre de su voz tranquila y las palabras que pronunciaba despacio como si las escatimara a su interlocutor.

Me sorprendió su presencia densa en este lugar. De repente empecé a escuchar voces entremezcladas de personas que conozco ahora o conocí en el pasado. Era como si discutieran nerviosas o con furia; a ratos, mi nombre se repetía en su conversación. Era incapaz de entender la esencia de lo que hablaban. Las palabras se convirtieron en simples ruidos pronunciados sin significado ni sentido concreto. Las voces se iban apagando gradualmente sin que se hiciera un silencio completo. Un ligero susurro seguía rodeando el lugar e indicaba su invisible presencia. Sólo mi nombre lo escuché con claridad cuando lo mencionaban.

Al caer la tarde, las seis velas se encendieron solas. No sentí hambre ni sed ni tampoco volví a tener necesidad de fumar. Mis ojos se cerraron, ignorando el murmullo quedo e ininterrumpido. Todas las fases de mi vida pasaron por delante de mí como una película en el cine. Mi memoria se agudizaba como si conservara los más nimios detalles que había vivido. Al concentrarme en los momentos de fracaso o error que regresaron a mi mente, una y otra vez, y al contrario de lo que me esperaba, no produjeron en mi interior dolor o arrepentimiento alguno. Era como si hubiera caído bajo los efectos de alguna droga fuerte que ralentizara mis reacciones y no hubo más tensión ni miedo. Ni pasión.

Completamente tranquila, me quité la ropa y me tumbé casi desnuda sobre la cama de madera. Observaba cómo mi vida volvía a transcurrir delante de mí, despacio y sin fin. De repente caí en un sueño cuya duración no supe. Al desvanecerme fue como si oyera también la voz de él y cuando me desperté me encontré completamente vestida. Me dolían muchas partes del cuerpo y me di cuenta de que la habitación era muy distinta de la anterior. Vi una ventana en medio de la pared a mi derecha y no había rastro del candelabro con las seis velas, ni de los libros antiguos al lado; la propia mesita de madera había desaparecido. Conjeturé que alguien debió de llevarme a otra habitación. Me incorporé y me pregunté por el dolor que se aquietaba en mi cuerpo. Lentamente me puse de pie, me coloqué los zapatos y salí con pasos aturdidos.

La casa se alejaba de mí bajo una ligera lluvia y la oscuridad avanzaba vacilante. Decidí echarme mi chal negro sobre los hombros y extendí la mano hacia delante. Algunas gotas de lluvia cayeron sobre mis palmas. Me agarré el puño y di el primero de mis pasos del camino de vuelta.
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ست شمعات

 

لالبيت مثلما وصفه لي بالضبط. بناء طيني محاط بسياج من أعواد القش تظلله شجرة توت ضحمة وتحيط به عدة أشجار كافور ويقبع منعزلاً بعيداً عن العمران. وقفتُ أتأمل بابه الخشبي العتيق، استغرقتني الكف المطبوعة عليه بالدم.. وضعت كفي عليها، فلم تتطابق معها. بصعوبة، انتشلت نفسي وطرقتُ الباب.

طرقة واحدة على استحياء، تلتها طرقات أخرى بوقع أشد، حتى فتحت لي. كانت كما تخيلتها تماماً: سمراء، نحيلة، مطفأة النظرة، تربط رأسها بعصابة سوداء، وترتدي جلباباً فضفاضاً باللون نفسه، لم أعرف ما ينبغي عليّ قوله ولا كيفية تبرير زيارتي المفاجئة لها. لحسن الحظ وفرت عليّ أي كلام.

قالت: — استنيتك كتييير.
— إزاي عرفتي إني جاية؟ 
— هو قال إنك أكيد هتيجي.

ردت بتجهم، ثم أنزلت لمبة الكيروسين المعلقة بمسمار إلى الحائط، أطفأتها بنفخة من فمها، وقالت:
— نور ربنا كفاية.

نظرتْ إلى السيجارة التي أشعلتها، وأشاحتْ بوجهها بعيداً.. تشاغلتْ بالعبث في ثنيات ثوبها الأسود الفضفاض، وإن ظلتْ تتابعني خلسة، وترمق شعري الأسود المتناثر بلا انتظام فوق كتفي، وملابسي السوداء القصيرة، ونهمي للسيجارة التي أمتصها.

سألتها عن الغرفة، فأشارتْ إليها. فتحتُ الباب فباغتتني الحيطان العارية، ورائحة بخور نفاذة. أغلقتُ الباب خلفي، خلعتُ حذائي، وخطوتُ حافية على الحصيرة الخوص النظيفة.

كانت الغرفة بلا نوافذ وخالية إلا من سرير خشبي، ومنضدة صغيرة فوقها شمعدان فضي به ست شمعات وبجواره بعض الكتب القديمة ذات الأوراق المصفرة. غبار أبيض كان يغطي كل شيء. حاولت مسح بعضه بيدي، فلم أفلح، توقفت عندما تذكرت تحذيراته لي من أن أحاول تعديل أي شيء في الغرفة، أو أحكي لأي شخص عما مررت به فيها. شددّ علىّ أيضا ألا أغادرها إلا بعد مرور يوم كامل على دخولي لها، وعلى ألا أنطق بأي كلمة وأنا فيها. “تجربة ستؤثر فيكِ كثيراً” قال بهدوء وثقة.

بدأت أشعر بالتوتر وبعض الندم لمجيئي إلى هنا، فأشعلت سيجارة ثانية علّها تمدني ببعض الهدوء، وتمددتُ فوق السرير.

دسستُ وجهي في الوسادة، هرباً من رائحة البخور فوجدتها صارت أكثر تركيزاً. أبعدت وجهي، وجلست مستندة بظهري إلى قائمة السرير. شعرت كأنني أسمع ضحكاته الصاخبة تتناثر على أرضية الغرفة، شحذت قواي محاولة تجميعها وصبها في أذني لتتسلل إلى المخ مباشرةً. شعرتُ بحضوره معي، وبلمساته، وشممتُ رائحة التبغ الممزوجة بأنفاسه الحارة. استحضرتُ نبرة صوته الهادئة وكلماته التي ينطقها ببطء كأنه يبخل بها على من يحادثه.

اندهشت من حضوره الكثيف في المكان. فجأة بدأت أسمع أصواتاً متداخلة لأشخاص أعرفهم الآن أو عرفتهم في الماضي، كانوا كأنما يتجادلون بعنف وعصبية، ويتردد اسمي في حديثهم من وقت لآخر. كنت عاجزة عن فهم كنه ما يقولون، أضحت الكلمات مجرد أصوات منطوقة بلا معنى أو دلالة محددة. خفتت أصواتهم تدريجياً، دون أن يصلوا للصمت التام. بقى وشيش خفيف يحف المكان ويدل على وجودهم غير المرئي.

وحده اسمي كنت أسمعه بوضوح حين يذكرونه. مع حلول المساء، أُنيرت الشموع الست من تلقاء نفسها. لم أشعر بالجوع أو العطش، كما لم أعد في حاجة للتدخين. أغمضت عينيّ متجاهلةً الهمهمات الخافتة التي لم تنقطع. مرت كل تفاصيل حياتي أمامي كشريط سينمائي. كانت ذاكرتي مشحوذة، كأنها احتفظت بأدق التفاصيل التي عشتها، مع التركيز على لحظات الإخفاق أو الخطأ التي أخذت تُستعاد في ذهني المرة تلو الأخرى، وعلى عكس توقعي لم تخّلف بداخلي أي ألم أو ندم. كنت كأنني واقعة تحت تأثير مخدر قوي جعل ردود أفعالي بطيئة، وأزال أي توتر أو خوف، أو عاطفة.
هادئة تماماً، خلعت ملابسي وتمددتُ شبه عارية فوق الفراش الخشن، أراقب حياتي، تتكرر أمامي ببطء وبلا نهاية. غفوت فجأة لفترة لا أعلم مداها، في اغفاءتي كنت كأنما أسمع صوته أيضا، وحين أفقت وجدتني مرتدية ملابسي بالكامل، وجسدي يؤلمني في أكثر من موضع، انتبهت إلى أن الغرفة جد مختلفة عن السابق، أبصرت نافذة تتوسط الحائط على يميني، ولم يكن هناك أثر للشمعدان بشموعه الست، ولا للكتب القديمة بجواره، المنضدة الخشبية نفسها لم تكن موجودة. خمنت أن هناك من نقلني إلى غرفة أخرى. اعتدلت في جلستي وأنا أتساءل عن مصدر الألم الخافت في جسدي. قمت ببطء، ارتديت حذائي، وخرجت بتثاقل.

كان البيت يتباعد عني، ثمة مطر خفيف، وظلام يخطو متردداً. أحكمتُ وضع شالي الأسود على كتفي، مددتُ كفي أمامي فسقطت عليها بعض قطرات المطر. ضممتُ قبضتي، وخطوتُ أولى خطواتي في طريق العودة.

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Marine 

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Marine puso mala cara, se dio la vuelta y se fue. Casi la agarro por su largo abrigo gris, como una niña que se cuelga de las faldas de su madre. Marine se alejó de mí despacio y yo le seguía clavando la mirada. Yo acababa de llegar a esta ciudad occidental y se suponía que era ella la encargada de recibirme y conducirme al hotel reservado para mi estancia. Pero resulta que ella había escudriñado mi cara unos instantes antes de alejarse sin pronunciar palabra. Me hallaba en una estación de trenes impresionante, limpia y abarrotada; la gente a mi alrededor corría de un lado a otro y hablaba en un idioma que yo no entendía. No vi otra opción que caminar en la misma dirección en la que poco antes había ido Marine y fui arrastrando mi pequeña maleta por el suelo abrillantado de la estación. Empecé a seguirle con temor, observando cómo su cuerpo zigzagueaba errando entre la multitud y alejándose cada vez más. Casi me lanzo a correr mientras ella mantenía su paso lento, pero aun así, la distancia entre las dos no se reducía.

Atravesamos calles, plazas, parques, cementerios, siempre guardando la misma distancia. La multitud casi sustraía a mi mirada el fino cuerpo aniñado de Marine. Mi miedo y mi ansiedad permanecían, aunque hubiera olvidado el motivo. Me había convertido en un satélite de Marine y el cuidado de no dejarla escapar era ahora la meta a la que se reducía mi existencia.

Marine vacilaba un momento, luego se dirigió hacia la enorme puerta de madera de un edificio obsoleto en la acera derecha. Dejé mi maleta y corrí todo lo que pude para mantenerme cerca de ella. Empujó la puerta y entró tranquilamente en el abarrotado espacio, conmigo detrás. Me golpeó el espeso vaho del bar con olor a tabaco y alcohol. Atronaba una música lúgubre; hombres y mujeres borrachos se mezclaban entre las mesas, algunos de pie, otros sentados. Cantaban con voz discordante y marcaban el ritmo con la mano, reían y seguían cantando. El lugar estaba dividido en dos partes entre las que corría un largo pasillo; fue ahí donde caminaba Marine como si no oyera las canciones chirriantes ni la música opaca. Fui tras ella intentando sustraerme a las manos que se extendían de ambos lados en un intento de atraerme e integrarme entre quienes bebían y cantaban. Negaba con la cabeza cuando algunos levantaban sus copas como si quisieran brindar conmigo. Seguí a Marine y sentí que el pasillo se alargaba más de lo debido y que la iluminación era más débil conforme nos adentrábamos en el espacio.

Yo caminaba trabajosamente como quien atraviesa montones de algodón blanco. Marine, en cambio, lejos de mí y sin prestarme atención, se movía ligera, pese a que andaba despacio, como si midiera sus pasos con una balanza sensible. Cada paso que daba era una repetición exacta del anterior, sin la más mínima desviación.

De repente, el pasillo largo y de luz tenue desembocó en una puerta por la que salimos de nuevo a la calle. Era una calle distinta de todas las calzadas y los caminos que habíamos atravesado antes. Como si nos hubiéramos desplazado a otra ciudad o a una copia más ajada de la primera. Una ligera niebla velaba todo alrededor. La multitud volvió a ocultarme a Marine; quise gritar su nombre pero mi voz no se despegó de mí. Su nombre empezó a repetirse en mi mente sin salir de mi garganta. Descubrí que no podía hablar y por primera vez desde que salimos del bar atestado de olor a tabaco y alcohol me fijé en que no había absolutamente ningún sonido: ningún eco de nuestros pasos, ningún gorjeo de pájaros, el aire no traía susurros. Un silencio inmutable dominaba el espacio en el que nos movíamos.

Luego un ligero perfume se filtró por el aire y empezó a espesarse poco a poco. Un perfume con notas de aroma de sándalo, flor de limón, azahar y jazmín, mezclado con otros olores que no supe definir. Pero me dejó una oscura sensación de opresión a la que contribuía el que la niebla se espesara hasta el punto de ocultar todo alrededor, excepto el fantasma de Marine que continuaba su sempiterno caminar. Se me ocurrió dejar de seguirle pero no tuve valor. Iba tras ella como una sonámbula. La niebla se disipó de repente aunque la mezcla de aromas persistía. Y de nuevo atravesamos calles y plazas, parques y cementerios, manteniendo siempre la misma distancia. Marine perseveraba en su ritmo propio y yo le seguía sin ver a nada más.

Con un gesto tranquilo, ella giró la cabeza hacia mí, aunque sin mirarme realmente. Luego retomó sus pasos juguetones sin preocuparse de mí. Sólo se había vuelto hacia mí durante contados segundos, pero eran suficientes para que yo viera en la cara de Marine la pálida angustia mía y en su cansancio mi fatiga y mi miedo. ·

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مارين

أشاحت مارين بوجهها بعيداً مني، واستدارت مغادرةً. كدت أتشبث بمعطفها الرمادي الطويل، كطفلة تتشبث برداء أمها. تغادر ني مارين ببطء، وعيوني تتعلق بها أكثر. وصلتُ إلى مدينتها الغريبة اليوم فقط، ومن المفترض أنها الشخص المكلف باستقبالي وتوصيلي إلى الفندق المخصص لإقامتي، غير أنها تطلعت في وجهي للحظات ثم ابتعدت من دون أن تنطق بكلمة واحدة. كنت في محطة قطارات فخمة، نظيفة، ومزدحمة، والناس من حولي يتحادثون بلغة لا أفهمها ويتحركون بسرعة. لم أجد بداً من جر حقيبتي الصغيرة خلفي على الأرضية المصقولة لمحطة القطار، والسير في الاتجاه نفسه الذي سارت فيه مارين منذ قليل. أخذتُ أتبعها بوجل، وجسدها يتقافز مبتعداً تائهاً بين الجموع. أكاد أركض، بينما تحافظ هي على خطوها البطيء، وعلى رغم هذا لا تتضاءل المسافة بيننا.

عبرنا شوارع، ميادين، حدائق، ومقابر، محافظتين على المسافة نفسها، والجموع ذاتها تكاد تحجب جسد مارين الصبياني النحيل عن ناظريّ. بقى خوفي وقلقي وإن كنت نسيت السبب الداعي لهما، أصبحت ملاحقة مارين والحرص على ألاّ تغيب عني هما الهدف الذي ينحصر فيه وجودي.

تلكأتْ مارين قليلاً ثم اتجهتْ نحو باب خشبي ضخم لبناية عتيقة على يمين الشارع فتركتُ حقيبتي وعدوتُ بأقصى ما أستطيع كي ألحق بها. دفعت الباب، وولجتْ إلى الداخل المزدحم بهدوء، وأنا في إثرها. فوجئتُ بالبار المعبّق برائحة التبغ والكحول. موسيقى غامضة انبعثت بقوة، ورجال ونساء سكارى، بعضهم يقف بين الطاولات، والبعض الآخر جالس إليها، يغنون بأصوات متنافرة وإيقاع بليد، ويضحكون ثم يواصلون الغناء. كان المكان منقسماً لجزأين بينهما ممر طويل مشت فيه مارين كأنما لا تسمع الغناء المزعج ولا الموسيقى الغامضة. سرتُ خلفها محاولةً تحاشي الأيدي التي تمتد من الجانبين لجذبي كي انضم للسكارى المغنين، هززتُ رأسي لمن يرفعون كؤوسهم كأنما يحيونني، وأنا أتبع مارين وقد شعرتُ أن الممر طال أكثر مما ينبغي وأن الإضاءة تخفت كلما تقدمنا إلى الداخل.

كنتُ كمن يسير بصعوبة عبر أكوام من القطن الأبيض، غير أن مارين، في بعدها عني وعدم انتباهها لي، كانت تتحرك بخفة على رغم سيرها بالبطء نفسه كأنها تقيس خطوتها بميزان حساس، يساعدها في جعل كل خطوة نسخة متطابقة من التي تسبقها من دون أدنى انحراف.

فجأة أسلمنا الممر الطويل خافت الإضاءة إلى باب أخرجنا للشارع من جديد. كان شارعاً مختلفاً عن كل الشوارع والطرق التي سرنا فيها، كأننا انتقلنا إلى مدينة أخرى أو نسخة أبهت من المدينة الأولى. ثمة ضباب خفيف يخيّم على كل شيء حولنا. الجموع ذاتها عادت تحجب مارين عني، فحاولتُ الصراخ مناديةً باسمها، لكنّ صوتي لم يطاوعني، أخذ اسمها يتردد في عقلي دون أن يخرج صوتي. اكتشفت عدم قدرتي على النطق، وانتبهت لأول مرة إلى أنه منذ خروجنا من البار المعبّق بروائح التبغ والكحول، لا وجود لأي صوت على الإطلاق: لا وقع لخطانا، لا زقزقة لأي طيور محتملة، ولا وشيش يحمله الهواء. صمت راسخ سيطر على الفضاء الذي نتحرك فيه.

ثم بدأت رائحة خفيفة تتسلل إلى الهواء، قبل أن تتزايد كثافتها تدريجياً، رائحة هجين من عبير الصندل وزهر الليمون والبرتقال والياسمين ممزوجة بروائح أخرى لم أستطع تحديدها، وإن كانت أورثتني شعوراً مبهماً بضيق ضاعف منه ازدياد الضباب لدرجة أخفت كل الأشياء عني باستثناء طيف مارين المستمر في خطوه الأبدي. خطر ببالي أن أتوقف عن تتبعها، لكني لم أجرؤ على ذلك. سرت خلفها كالمنومة. انقشع الضباب بشكل مفاجئ، وإن ظلت الرائحة الهجينة. ومرة أخرى عبرنا شوارع وميادين، حدائق ومقابر محافظتين على المسافة نفسها بيننا. ثابرت مارين على إيقاعها ذاته وأنا خلفها أرقبها ولا أرى سواها. بحركة هادئة طوّحت رأسها في الهواء مستديرة نحوي من دون أن تنظر فعلياً إليّ، ثم عادت لخطوها العابث غير المبالي بي. لم تستغرق التفاتتها إلا ثوانيَ معدودات لكنها كانت كافية كي أبصر في وجه مارين الشاحب قلقي، وفي تعبها إرهاقي وخوفي.

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© Mansoura Ez Eldin | © Traducción del árabe:  Ilya U. Topper  [Especial para M’Sur · 2010]  ·  Relatos cedidos por la autora.  

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