Opinión

Israel quiere evacuar Cisjordania

Amira Hass
Amira Hass
· 7 minutos
Opinion mgf

Ramalá, 10 Feb 2026

A la atención de los Ministerios de Asuntos Exteriores de los países que mantienen relaciones estrechas con Israel: su cruzada contra la UNRWA y otras organizaciones locales e internacionales debe entenderse en el contexto de su intento de expulsar a los palestinos de su tierra. Esto no es una profecía, sino una advertencia, si bien consciente de su débil eco.

En el pasado, Israel quería que los palestinos se mantuvieran en un nivel socioeconómio razonable, y en esto jugaban un rol importante las organizaciones de ayuda humanitaria que operaban en Cisjordania y Gaza desde el inicio de la ocupación en 1967. Pero ahora, cuando Israel destruye de forma deliberada la economía palestina y convierte todo hogar en un objetivo de guerra, es solo natural que intente librarse de unas organizaciones que fortalecen la resiliencia palestina.

El liderazgo palestino —Hamás en un lado y la Autoridad Palestina en el otro— juegan bien sus roles. Se ocupan de mantenerse con vida, y de mantener a la vez su rivalidad, en lugar de hacer esfuerzos para encontrar maneras nuevas, creativas y unidas de afrontar al enemigo.

El objetivo es ahora el sumud, el aguante palestino; y como es el objetivo, se trata el aguante como si fuera terrorismo

Las fuerzas judías que trabajan para provocar otra expulsión masiva son más numerosas que la de los judíos israelíes que tienen pesadillas de noche cuando piensan en esta posibilidad. Además, la fuerza del primer grupo, su nivel tecnológico, tiempo y dinero son superiores a los de la mayoría de la gente: los cobardes, los apáticos, los hedonistas y los que tienen problemas de pagar en la caja del supermercado.

La presencia de estas fuerzas poderosas es obvia en la guerra de aniquilación y venganza que aún continúa contra Gaza y en el rechazo sistemático de las autoridades de luchar contra el crimen en la comunidad árabe de Israel. Es obvio su rol en la sinergía perfecta entre el Ejército y la secta del sagrado terreno inmobiliario, cuyos miembros atacan a civiles palestinos en Cisjordania todos los días y públicamente piden expulsarlos. Y como su padre espiritual, Meir Kahane, se refieren a todos los palestinos entre el río y el mar, entre el Jordán y el Mediterráneo.

Lo que sigue es un resumen de las condiciones principales para la expulsión voluntaria, o emigración forzada, que prepara esta secta en el poder. Me concentraré solo en Cisjordania, porque la aniquilación en Gaza necesita un glosario aparte.

Los menores de edad de los asentamientos de las comunidades extremistas de colonos sirven como cebo

Primero está la estrangulación económica sin precedentes que deriva del robo directo de los ingresos de Palestina y el robo indirecto de salarios y medios de vida. Esto incluye impedir a los palestinos trabajar en Israel (mientras que sí se les invita a trabajar en los asentamientos israelíes en Cisjordania), colocar puntos de control militar de forma sádica para interrumpir su rutina diaria, lanzar a diario redadas militares y ataques que destruyen la infraestructura, arrancan a decenas de miles de personas de sus hogares y cortan el acceso a decenas de miles de hectáreas de tierras fértiles.

El objetivo es ahora el sumud, el aguante palestino. Y como es el objetivo, se trata el aguante como si fuera terrorismo. No sorprende que junto al empobrecimiento a gran escala se expande también el miedo a lo que pueda pasar en el próximo futuro.

Luego están los ataques abiertos, violentos, de civiles israelíes contra comunidades palestinas, algo que ya ha llevado a la expulsión de miles de habitantes. Los menores de edad de los asentamientos de las comunidades extremistas de colonos sirven como cebo. Los palestinos actúan con mesura e incluso con compasión por esos adolescentes explotados.

Pero si alguno de estos niños soldados sufre un daño, o asegura que le hicieron daño sin motivo, sus explotadores, los que lo enviaron, se embarcarán en otro pogromo, con ayuda del Ejército. Y si un palestino enfadado, frustrado, también quiere vengarse, y su venganza «tiene éxito», pronto tendremos informes sobre otra cadena de pogromos sincronizados con ataques militares… el sueño de todo adulto de los asentamientos de las colinas, que aspira a tener un chalé para él y sus hijos.

Israel, como potencia ocupante, no quiere cumplir con la obligación de proteger la población conquistada

Tener multitud de organizaciones humanitarias y caritativas no es un gran honor para ningún país. Muestra que el régimen carece de la voluntad o de la capacidad de ocuparse del bienestar del pueblo.

Respecto al régimen militar israelí en los territorios ocupados en 1967, el relativamente amplio margen de libertad de maniobra otorgado a UNRWA y otras organizaciones humanitarias, grupos cívicos y de defensa de los derechos humanos durante las décadas pasadas revela tres aspectos de la mentalidad y las tácticas de un ocupante que se considera a sí mismo ilustrado.

Si bien reconoce su estatus de potencia ocupante bajo la ley internacional, Israel no tiene intención de cumplir con la obligación correspondiente de proteger la población en conquistada o dominada, obligación que incluye ocuparse de su bienestar y de no despojar a la gente de sus tierras. Al mismo tiempo quería mantener una «calma industrial», esto es: permitir todo tipo de válvulas de escape para regular el balance entre los choques de temporada y los estallidos inherentes a este tipo de «vida normal» bajo normas impuestas por la fuerza.

La libertad de los palestinos para pasar a Israel y la posibilidad de trabajar allí eran válvulas de escape de este tipo, por mucho que fueran diseñadas para servir a los intereses israelíes. Pero así, miles de familias eran capaces de mantenerse con su propio esfuerzo, alcanzar una estabilidad financiera y enviar a sus hijos a la universidad.

Ahora, las válvulas de escape son innecesarias, porque Israel ya solo tiene el objetivo de fomentar explosiones socioeconómicas

La UNRWA garantizaba a cientos de miles de personas unos servicios de salud y educación que se consideraban de alta calidad y ofrecía una amplia gama de oportunidades de trabajo. A algunas organizaciones políticas prohibidas se les permitía establecer instituciones sanitarias, agrícolas, culturales, educativas y de representación legal.

Israel no protestaba contra nada de esto, al contrario. «Prefería que nos ocupáramos de la sociedad, y no de las armas», dijo el director de una de estas organizaciones sociales, que ahora se etiquetan como «terroristas».

Establecer la Autoridad Palestina era una continuación de esta lógica. Israel seguía gobernando, mientras que los palestinos y el resto del mundo cargaban con el fardo y los costes de la ocupación.

Pero ahora, todas esas válvulas de escape son innecesarias, porque Israel ya solo tiene un objetivo: no mantener la calma sino fomentar estallidos militares y socioeconómicos, que incitarán a la gente a emigrar o permitirán un traslado forzoso de la población. La línea que separa la expulsión de la masacre es fina, tan fina que es casi invisible, como el Ejército nos eseñó en Gaza.

Esto no es una profecía, sino otro grito desesperado para que el mundo despierte.

© Amira Hass | Primero publicado en Haaretz · 10 Febrero 2026 | Republicado en Internazionale · Nº 1653; 20 Febrero 2026 | Traducción del inglés: Ilya U. Topper