Opinión

No, no somos iguales

Mimunt Hamido Yahia
Mimunt Hamido Yahia
· 8 minutos
Opinion mgf

Melilla | Febrero 2026

Estos días, las redes arden con la propuesta que Vox ha llevado a Congreso: prohibir el burka y el niqab en España. La propuesta, respaldada por el PP, ha sido rechazada.

Es una desgracia, sí, es una desgracia que esta propuesta venga de la mano de la extrema derecha, y más cuando en las próximas elecciones ya le vemos las orejas al lobo y mucho nos tememos, los ciudadanos que sí somos de izquierdas, que en los próximos cuatro años nos tengamos que tragar con papas al facherío patrio henchido de orgullo pavoneándose en el Congreso, anunciando con orgullo recortes sociales, privatizando hasta la paellera de la madre de Feijóo y volviendo a decir ¡ole! mientras los niños meriendan viendo como sacrifican a un toro de lidia en una plaza.

Que inconsciencia, pena y dolor sentimos algunas cuando vemos este debate en redes. Porque nosotras, las moras, creyentes o no, tenemos que tragarnos con papas a opinólogos de pacotilla que nos dicen, convencidos, que nosotras no tenemos los mismos derechos que mi vecina del segundo. ¿Por qué? Porque para ellos nunca seremos españolas y ciudadanas de pleno derecho. Para ellos somos esas musulmanas o moras que tienen que aguantarse con lo que les ha tocado, y si lo que nos ha tocado es sufrir un patriarcado extremo que nos conmina, obliga o invita a taparnos desde el pelo hasta los tobillos para no excitar la libido de los hombres, pues nos jodemos y punto. No les vayamos a estropear a ellos, tan “antirracistas, izquierdistas y feministas”, su imagen de tolerantes, multiculturales y abiertos de mente. Ellos lo aceptan todo, todo lo que a ellos no les afecte, por supuesto. ¿Nos afecta a nosotras? Pues, hija, lo siento, pero te aguantas, que no sois como nosotras.

Esta izquierda necesita un debate de años para… decirnos que no pueden hacer nada, que nos aguantemos

Esta «izquierda» ha aceptado y aprobado que un hombre se convierta en mujer con solo desearlo (ayer conocí a un cabo de el ejercito que ya es mujer porque fue al registro y dijo sentir que lo era), blindando la ley contra cualquier debate. Sin embargo, esta misma izquierda necesita un debate de años (yo misma llevo denunciado estos temas desde hace mas de 15 años) para… no hacer nada. Bueno, nada no: para decirnos a nosotras que no pueden hacer nada, que las cosas son así y que nos aguantemos, porque… ¡eh!, hay quien se pone el niqab libremente y claro, vulneraríamos sus derechos.

Derechos. ¿Qué derechos?

He visto estos días a un insigne profesor de Derecho Constitucional —¡ahí es nada!— explicarnos como este “debate” ha surgido de pronto porque el señor Feijóo, de pronto, así de repente, lo ha anunciado. Me pregunto dónde estaría estos años el señor Joaquín Urías; nunca lo vi cuando los islamistas nos amenazaban a mis compañeras y a mí por pedir que se frenara el auge de islamismo, el velo en las menores. No, el señor Urías no estaba, debe de ser por eso que cree que esto es cosa de Feijóo. Perpleja estoy.

¿No dice en un articulo suyo, “Hablar sobre el burka como demócratas”, que este debate está viciado porque es la extrema derecha quien lo pone encima de la mesa y en un momento delicado para nuestra democracia?

Ponen como ejemplo de “feminismo” a una mujer que grita que el feminismo es innecesario… porque el Corán es feminista

Me pregunto por qué un profesor de Derecho no se ha molestado nunca en reflexionar sobre este tema y las posibles soluciones, por qué han dejado él, y tantos como él, que este debate lo lidere la extrema derecha, dejándonos a nosotras, las perjudicadas, vendidas a unos y a otros.

Se dicen tantas cosas, tantas barbaridades. Un ejemplo: Si se prohibiesen el burka y el niqab, esas mujeres no saldrían a la calle, no podrían trabajar…

¿A cuantas mujeres con niqab o burka ha visto el insigne profesor de Derecho Constitucional Joaquín Urías trabajando? Fácil: a ninguna. No trabajan, porque sus maridos no las dejan trabajar y además, en el improbable caso de que sus familias las dejasen, con burka o niqab es imposible que nadie las contrate, y eso es totalmente entendible. Esas mujeres solo salen a la calle para hacer la compra, recoger a sus hijos del cole o llevarlos al parque un ratito; solo salen a eso. No salen a vivir, salen a servir.

Y como la gente opina así a lo loco, hasta he visto en redes que alguna se ha atrevido a ponernos como ejemplo de “feminismo” justo a una mujer que grita a los cuatro vientos en su libro La cárcel del feminismo que el feminismo es innecesario… porque el Corán es feminista. Le habrán creído a Sirin Adlbi Sibai, la autora, porque es académica y, bueno, ¡una académica con velo! Hay que ser cortita para pensar que el velo te quita inteligencia. Hay académicas con velo a cientos. ¡El velo no te quita la inteligencia, te quita la libertad!

La izquierda derrotada de este país nos ignora, nunca es el momento: no molestéis, ahora no, que no conviene

Otros, como la Cadena Ser, citan en sus programas a representantes de la Comisión Islámica, sí, esa que no hace ni cuatro años declaró que el velo en las mujeres musulmanas, incluyendo a las menores, es obligatorio.

Y siguiendo con las decepciones: el partido Feministas al Congresos (PFAC) saca un comunicado que con razón exige que se anulen los concordatos tanto con la Santa Sede como con la Comisión Islámica y con las cúpulas judía y evangelista que se firmaron y ratificaron en 1992. Habla del burka como una carcel, como un simbolo patriarcal, como algo que vulnera los derechos de las mujeres que lo portan. Pero no dice ni una palabra sobre cómo abordar la erradicación de algo que ejerce violencia extrema sobre las mujeres. Será que no las toca de tan cerca? ¿Algunas no son lo suficientemente españolas o mujeres? Sí, tengo que preguntarme esto, porque no se entiende que no haya una propuesta seria exigiendo la prohibición de este símbolo patriarcal extremo.

“Si una mujer es sometida, no tiene la libertad de vestir ni de hacer lo que le dé la gana. Te hablo desde la libertad de elección de cualquier española. Es erróneo considerar que las mujeres necesitan un ‘rescate’ porque su forma de vestir no cuadre en nuestros parámetros”. Esto dice en sus redes Fatima H. Hossain, vicepresidenta segunda de la Asamblea de Ceuta por el pàrtido Movimiento por la dignidad y la ciudadanía (MdyC). Bueno, otra vicepresidenta que miente: ella sabe igual que yo, igual que todas las que hemos nacido en el seno de familias musulmanas, que el velo, cualquier velo no es “una forma de vestir”. Es una bandera de rendición al patriarcado islamista, es el símbolo supremo de una ideologia fascista. La mayoría lleva velo o bien obligadas o presionadas por su entorno. Y Fatima H. Hossain sabe que en Ceuta, su ciudad, hay menores de 7 años veladas, algo que jamás se contempló antes en el islam, pero sí en este nuevo salafismo, por no decir salvajismo.

Sabe que en Ceuta, su ciudad, hay menores de 7 años veladas, algo que jamás se contempló antes en el islam

Pero allí está, siendo vicepresidenta de la Asamblea de Ceuta, una ciudad castigada como pocas por el integrismo. ¿Quiere soluciones?, ¿igualdad, feminismo? No, es evidente que no. Su gran oponente en la Asamblea ceutí es precisamente Vox, contra el que lucha denodadamente, pero curioso.. no es capaz, no tiene valor para afrontar una realidad que ve cada día: el avance de una ideología que a quien más perjudica es a quien ella dice defender: a los musulmanes.

No, no somos iguales, porque no nos dejáis serlo, porque no queréis que lo seamos. Y sobre todo no somos iguales porque nosotras sí os conocemos, y vosotros a nosotras no. Desconocéis el alma mediterránea de la que presumís formar parte, lo habéis olvidado y nos dais la espalda, avergonzados unos, orgullosos otros. Pero aquí estamos y seguiremos, así que ¡espabilad! Oídnos, hacednos caso, porque nosotras sí os conocemos y los conocemos.

Tenemos demasiados frentes. Por un lado a los islamistas, que nos quieren calladitas y obedientes, por otro lado a la extrema derecha, que nos quiere fuera de su vista, y por otro a la izquierda derrotada de este país, que nos ignora, porque nunca es el momento: no molestéis, ahora no, que no conviene.

¿Y cuándo convendrá?

Soy mora y atea, pero tristemente diré: Dios me libre de mis amigos, que de mis enemigos ya me libro yo.

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© Mimunt Hamido Yahia (Febrero 2026) | Especial para MSur