Israel alimenta el antisemitismo
Amira Hass

Ramala | Marzo 2026
Israel es peligrosa para los judíos, precisamente porque se presenta como el representante del pueblo judío a través de las generaciones. Cuando, junto a Estados Unidos, bombardea Irán y machaca Líbano, forzando a cientos de miles de personas a huir de sus hogares, Israel actúa en nombre del pueblo judío, no solo en nombre de sus ciudadanos judíos.
Mientras continúa su guerra de aniquilación y venganza, ahora en una fase de baja intensidad, contra la población palestina, confinada en un 48 % de la Franja de Faza, mientras representa a los palestinos como un eslabón de una cadena histórica de archienemigos, actúa como embajador para los judíos en cualquier parte del mundo.
Cuando da vía libre a sus colonos y sus mista’arvim (unidades camufladas cuyos miembros se disfrazan de palestinos) para matar a palestinos, tiene la mirada puesta en los judíos de la diáspora que se asentarán en este territorio o, al menos, invertirán allí su dinero. Cuando Israel acelera la expulsión de palestinos de Cisjordania hacia enclaves, planificados desde hace tiempo, lo hace pensando en los millones de judíos que algún día pueden verse obligados a huir cuando el antisemitismo crece, si Dios quiere, y acabar inmigrando en Israel.
Un ataque contra una sinagoga en la diáspora es un reflejo de la pretensión de Israel de representar a todos los judíos
Entre el 3 y el 14 de mayo se registraron al menos siete incidentes de violencia contra sinagogas y escuelas ultraortodoxas en Canadá, Europa y Estados Unidos; no hubo víctimas. Escoger una institución religiosa para colocar un explosivo, aunque sea uno de fabricación casera, tiene un tufo de antisemitismo. Estas instituciones se asocian a un grupo determinado y por esto son un objetivo claro y conveniente para actos de violencia. Si hubiera habido víctimas, muy probablemente habrían sido judíos que no tenían nada que ver.
Atacar una sinagoga, incluso si se hace inicialmente de manera simbólica, expresa un deseo de instilar miedo en los judíos en otras partes y de perjudicarlos. Un ataque contra una sinagoga en la diáspora, especialmente, es un reflejo de la pretensión de Israel de representar a todos los judíos, y por eso es extremamente tonto. Puede incentivar a la gente a emigrar hacia la tierra entre el Mediterráneo y el río Jordán, que es justo lo que no beneficia a los palestinos.
Pero estos ataques expresan también un deseo de venganza. Por una familia aniquilada, por un barrio de viviendas que ha desaparecido, por los niños temblando bajo los escombros hasta que los salvaran. ¿Quién puede entender este deseo de venganza mejor que Israel y sus ciudadanos judíos? Desde el 7 de octubre de 2023, la venganza sádica ha sido el principio que ha guiado a demasiados celadores de prisión, soldados, colonos, informacores que revisan mensajes en Facebook y agentes de la policía.
La venganza israelí sirve para un antiguo fin geopolítico: el de limpiar la tierra de árabes
No es lo mismo para nada, dirán nuestros políticos y diplomáticos. Y tendrían razón. Porque la venganza israelí sirve para un antiguo fin geopolítico: el de limpiar la tierra de árabes. La venganza contra nosotros, en cambio, es solo venganza, sin plan estratégico ni lógica.
Entre el viernes 13 de marzo y el sábado 14 estalló un artefacto explosivo cerca del muro exterior de un colegio judío en Amsterdam; la foto muestra marcas de hollín en una tubería y en algunos ladrillos. Unas 24 horas antes, el 12 de marzo, alguien hizo explotar un dispositivo similar cerca de una sinagoga en Róterdam, dañando la puerta de entrada. Otro artefacto detonó en la madrugada del 9 de marzo en los escalones ante la puerta de una sinagoga en Lieja, en Bélgica, destrozando las ventanas del templo y de los de un edificio cercano. El 6 de marzo alguien disparó contra una sinagoga de North York en Canadá. En las ventanas se hallaron casquillos y agujeros de bala.
Y el jueves pasado, el 12 de marzo, un hombre empotró su coche contra el Templo Israel, una gran sinagoga de la rama del judaísmo reformado en un suburbio de Detroit. La policía disparó contra el conductor y lo mató; fue identificado como un hombre libanés cuya familia había muerto en los bombardeos israelíes. En todos los casos, la policía reaccionó con celeridad. En algunos, una organización chií reivindicó la autoría.
El ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, escribió en Twitter: «En Róterdam fue atacada ayer una sinagaga. Pero a Países Bajos le pareció más importante intervenir en el caso falso de Sudáfrica contra el Estado de Israel. ¡Qué vergüenza!»
Gritar «¡Antisemitismo!» ante cualquier grafiti en un cementerio rompe todos los récords de hipocresía
El viceministro, Sharren Haskel, también utilizó Twitter para amonestar a Países Bajos, aunque de forma menos severa: «Los líderes europeos afrontan un momento histórico de decisión: entre el islamismo radical y los valores de la civilización democrática occidental… Los líderes europeos deben decidir en qué bando quieren estar en este capítulo de la historia de la humanidad. Nunca pediré perdón por defender al pueblo judio… tanto en Israel como en la diáspora. Para mí es un deber moral».
También el presidente de Israel, Isaac Herzog, dijo haber expresado la solidaridad de Israel con los judíos en Países Bajos en una conversación con los líderes de la comunidad judía en Amsterdam y Róterdam.
¿Alguno de los tres alguna vez ha pedido a la policía israelí que actúe contra el «judaísmo radical» que incentiva a diario pogromos, nada simbólicos, en Cisjordania? Por supuesto que no. Tanto ellos como otros israelíes que se apresuran en echarle la bronca a los europeos y gritar «¡Antisemitismo!» ante cualquier grafiti en un cementerio rompen todos los récords de hipocresía y dobles varas de medir. Al igual que los líderes oficiales judíos de la diáspora, que siguen apoyando a Israel contra viento y marea y ni siquiera se distancian públicamente de la violencia mortífera de los colonos, que campa a sus anchas en nombre su dios y su historia.
Todo esto hace que sea muy fácil considerar que cualquier judío en la diáspora es un cómplice de las atrocidades que cometen Israel, sus soldados, los colonos que reclutan para esto.
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© Amira Hass (Marzo 2026) | Primero publicado en Haaretz · 17 Marzo 2026 | Republicado en Internazionale Nº 1658 · 27 Marzo 2026 | Traducción del inglés: Ilya U. Topper
