Los meapilas del funeral
Mimunt Hamido Yahia

Estambul | Enero 2026
Meapilas, beato, capillita, mojigato, santurrón, chupacirios… El castellano tiene muchos sinónimos para el mismo significado: Persona que frecuenta mucho la iglesia y manifiesta una devoción exagerada.
Han pasado ya unos días desde el desgraciado accidente de trenes de Córdoba, demasiados muertos sobre las vías, muchos familiares, amigos y conocidos a los que llorar, pero… ¿ha habido tiempo de hacerlo?
Desde el primer día se exigían responsabilidades; nada fuera de lo normal, si no fuese porque un accidente que debería dejarnos doloridos les sirve a los de siempre para politizar queriendo llevarse a los muertos cada uno a su bando. Hasta la desaparición de un perrito en ese accidente ha llenado espacios televisivos y ha hecho que corriesen ríos de tinta, acusaciones y debates absurdos, hasta encuestas preguntando si se puede querer a un perro igual que a una persona, cuando la lógica te dice que depende de qué persona y depende de qué perro.
Incluso se ha visto a periodistas amarillistas cabreados porque el rey no había dado una explicación, como si el rey en lugar de ser capitán general del Ejército del mar, el aire y la tierra fuese un insigne perito ingeniero experto en ferrocarriles… Disparates de nuestra querida España, llena de personajes como Pepitos liendre, que de todo sabe y de nada entiende. Y cuando ya pensábamos que el esperpento se había atenuado… ¡no! ¡Error! ¿Por qué parar si se puede seguir rizando el rizo y llegar al la absurdidez más inconmensurable del mundo y parte de Polopos?
Según algunos, un funeral laico es indignante: “España es un país católico y Huelva una ciudad mariana”
Al Gobierno, que a veces hasta tiene un punto de sensatez, no muchos, se le ocurre que lo mejor es oficiar un funeral laico, como se hizo anteriormente en la pandemia. Debería parecerle a todo el mundo lo normal, primero porque España según la Constitución es un país aconfesional y segundo porque las víctimas puede que fuesen creyentes católicos, protestantes, de otras religiones o no creyentes. Pero en España la normalidad y tener en cuenta la Constitución está sobrevalorado.
Según algunos, familiares o no, un funeral laico es indignante. ¿La explicación? “España es un país católico y Huelva una ciudad mariana”, leemos en Twitter. Otros llegan más lejos dejando caer que a los que no sean católicos que se los lleven a “sus países”. Y rizando ese rizo hasta han salido familiares de heridos en el hospital pidiendo a gritos que el funeral sea en una iglesia, obviando que esos familiares aún no han fallecido y se está haciendo todo lo posible por salvarlos.
¡No existen los funerales laicos, como no existen los matrimonios laicos y España es católica! gritan desaforados… Habrá que explicarles que en 2024 fallecieron en España 433.500 personas. La Iglesia impartió 26.000 extremaunciones —que ahora llama unciones de enfermos—, es decir que administró este sacramento al 6 por ciento de los agonizantes. Sobre los entierros, la memoria de la Conferencia Episcopal, de la que sale este dato, no dice nada.
En 2024, de 168.000 uniones matrimoniales heterosexuales, 31.400 fueron oficiadas por la Iglesia Católica: un 18,7 %
Tampoco deben de saber que en ese año 2024 nacieron 318.000 niños y, siempre según la misma memoria, se bautizó a 146.000 personas; de estas, solo 133.000 eran menores de 7 años, el resto eran en gran parte bautizos de adultos. Hagamos un cálculo: el 58 por ciento de las familias optó por no bautizar a los peques. Y en cuanto al «No existen los matrimonios laicos”, sabed, españolas y españoles, que no es cierto: ¡seguís casados! En 2024, de 168.000 uniones matrimoniales, solo contando los heterosexuales, solo 31.400 fueron oficiadas por la Iglesia Católica. Es decir, el 18,7 por ciento.
Despedir a tus seres queridos no debería ser un circo y el Gobierno tiene la obligación de respetar la Constitución de este país y el derecho de todos los ciudadanos. Despedir a un ser querido no debe ser objeto de burlas, mofa ni manipulaciones. Los familiares deberían asistir a ese acto oficial, mostrar su respeto y dolor por todas las victimas y después organizar en privado con sus seres queridos el funeral que crean conveniente o que el difunto haya dejado establecido.
Sobre ritos funerarios hay mucho que decir. Desconocemos las opiniones de muchos familiares que permanecen en silencio y es de agradecer saber que aún hay personas sensatas en medio de este esperpento en el que se ha querido convertir una tragedia como esta. Pero es extraño que muchos creyentes que creen firmemente, o eso dicen, en una religión de amor y paz, anden a la gresca despreciando y amenazando con el fuego eterno a los no creyentes, con los cuerpos de sus seres queridos aún sin sepultar, o peor, aún en el trance de curarse de sus heridas. Y no precisamente con sensatez.
Queda feo poner una foto del Rocío y decir que esos “peregrinos” son todos creyentes fervientes que no merecen un funeral laico
«En Huelva no se puede hacer un funeral laico, nuestros enfermos están en manos de la Virgen» Frase lapidaria donde las haya. Queda muy feo hablar de enfermos y funerales en la misma frase. Como también queda muy feo poner una foto del Rocío y decir que esos miles de “peregrinos” son todos creyentes fervientes que no merecen un funeral laico, cuando cualquier almonteño sabe de sobra que esa romería se ha convertido en un fiestón interminable donde todo es posible y que el polvo de la raya no solo lo pisas o te lo tragas…
Las redes se han llenado de esos meapilas que no pueden faltar en ninguna religión. Gente que se pasa el día en la iglesia limpiando cirios, planchando las puñetas de la virgen de turno o tachando en un calendario los días que faltan para ponerse los botos. Se creen creyentes, aunque no sepan ni lo que se celebra el 8 de diciembre y van hablando de valores cristianos, mientras amenazan con el fuego eterno a cualquiera que no les de la razón. Son los fundamentalistas de cualquier religión, y son las peores personas siempre. Se de lo que hablo porque en el islam abundan desde hace años los meapilas capillitas y hacen exactamente lo mismo que los meapilas cristianos.
En España hay una gran tradición de meapilas; si no fuese así no habría tantos sinónimos para nombrarlos. Estos meapilas medran siempre, aparecen cuando menos te lo esperas y para nada bueno. Exigen respeto siendo irrespetuosos, alimentan la ira y la soberbia (tampoco recuerdan los pecados capitales) de sus vecinos, familiares y de sus seguidores en redes. Intentan darte lecciones de moralidad cuando es obvio que carecen de ella. Y lo más significativo y lo que iguala a todos los meapilas del mundo: no conocen su propia religión. Si la conocieran, estarían de duelo, sobrecogidos y orando por las víctimas y para que sus seres queridos sanen.
Esto no ha acabado. Desgraciadamente puede ir a peor, porque no olvidemos que esta semana se celebra Fitur en Madrid y la presidenta Doña Ayuso no ha perdido el tiempo reclamando para Madrid y la Almudena ¡un funeral como dios manda! A ella no le priva nada más que ver las terrazas madrileñas a rebosar, sea por una feria o por un funeral.
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© Mimunt Hamido (2026) | Especial para MSur
