El velo exhibicionista

 

La república contra el burqa. Siete meses de debate en el Parlamento francés, ochenta expertos invitados, un resumen de 600 páginas… y una resolución de 16 puntos sin valor legislativo, que no aclara la cuestión: ¿se prohíbe o no se prohíbe llevar el velo integral en Francia?

El velo integral: la comisión ha elegido esta definición en lugar de burqa, niqab u otros términos equivalentes. Aquella tela que cubre a una mujer de manera que no se le puede ver la cara. Una prenda habitual sólo en Arabia Saudí, por orden gubernamental, y en el Afganistán de los talibanes. Es decir, en el país en el que nació la secta wahabí y el país en el que se impuso en los noventa gracias al dinero norteamericano. En los últimos veinte años, también se ha impuesto en Yemen.1)

He dicho secta. No es exacto clasificar de “fundamentalistas” a quienes llevan el niqab o exigen llevarlo: no tienen fundamento. La corriente wahabí, nacida en el interior de la Península Arábiga en el siglo XVIII, difunde una interpretación estricta del islam desconocida en el resto del mundo hasta bien entrado el siglo XX y, pese a predicar un “retorno al islam original”, es inaudita en la larga historia de las culturas musulmanas (usamos el término ‘wahabí’, aunque sus seguidores lo rechazan: aseguran, por supuesto, que se trata del único islam verdadero).

Únicamente Europa considera “tradicional” el velo islamista

Al menos este punto quedó aclarado ―y ya era hora― por la comisión parlamentaria francesa: llevar un niqab en Francia no significa mantener una tradición sino adherirse a una ideología religiosa de nuevo cuño. Unas 1.900 mujeres en Francia salen a la calle completamente tapadas. Probablemente ninguna haya visto a su madre llevar niqab: la cuarta parte son conversas; dos de cada tres tienen la nacionalidad francesa; la mitad de éstas nació ya en Francia, el 90% es menor de 40 años 2). Y en el Magreb, de donde es oriunda la inmensa mayoría de los inmigrantes musulmanes, no existe la idea de que la religión exija ocultar el rostro de la mujer.

En resumen: comparar el velo integral a tradiciones chocantes o nocivas es confundir. El niqab no es una tradición. Es el símbolo de una ideología y, en concreto, una ideología integrista.

Utilizaremos aquí la útil distinción entre fundamentalismo e integrismo, propuesta por la periodista francesa Caroline Fourest: fundamentalista es quien se recluye para vivir una religión de una forma estricta, como las sociedades amish en Norteamérica; integrista es quien intenta difundir esta visión religiosa con el fin de que, en algún momento, toda la sociedad se atenga a estos valores 3) .

La corriente wahabí predica su visión a través de canales de satélite, en internet, en las mezquitas, y donde tiene el poder la impone por ley. Es un movimiento político. Y el niqab no es otra cosa que el uniforme femenino del ala más radical de este movimiento. O, en palabras de la filósofa francesa Élisabeth Badinter: “Las mujeres han sido instrumentalizadas para convertirse en el estandarte bien visible de la ofensiva integrista” 4).

Desde luego, no sólo las mujeres que llevan niqab. Aunque menos chocantes, menos espantosos a primera vista, el chador iraní, que cubre toda la mujer exceptuando el rostro, y el hiyab, que sólo enmarca la cara y cubre el escote, son variantes de la misma bandera y proclaman una ideología similar: la de marcar el cuerpo de la mujer como un elemento que es necesario acotar en público. Y esto es algo que en Europa se tiende a ignorar.

¿Respeto a la diversidad?

Observamos el cortometraje Hiyab del alicantino Xavi Sala (2005): Presenta a una colegiala adolescente con hiyab a la que una profesora intenta convencer con una batería de argumentos a favor de la laicidad para que se quite el velo. El filme termina con Fátima a pelo descubierto y un recorrido visual sobre la veintena de alumnos y alumnas que la esperan en clase, cada uno ataviado con otro tocado: gorras, diademas, cintas, pañuelos palestinos…

Probablemente, la intención del corto es suscitar la reacción que mayoritariamente suscita: obligar a alguien a quitarse el velo en el colegio, mientras se permita todo tipo de tocado, es una discriminación y que se debe respetar la forma en la que cada uno quiera presentar su cabeza.



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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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