«Un poeta siempre está de parte de la verdadera revolución»

Adonis

 
Adonis (Granada, 2012)  | © Alejandro Luque

Adonis (Granada, 2012) | © Alejandro Luque

Superados ya los 80 años de edad, el poeta sirio Ali Ahmed Said Esber, mundialmente conocido como Adonis, demuestra poseer unas insólitas reservas de energía. Procedente de Sicilia, ha hecho escala en Málaga y Granada para participar en sendos festivales de poesía antes de acudir a otros compromisos europeos. Ni la fatiga de los vuelos ni las peticiones de entrevistas merman su tono sereno, que sólo se excita cuando habla de la candente actualidad de la primavera árabe, en especial de las últimas masacres de la población civil en su país natal.

“He estado siempre a favor del cambio, no solo político, sino global”, afirma el poeta, que vive desde los años ochenta exiliado en París. “Un cambio en la mentalidad de los pueblos. Todos los regímenes árabes, sin excepción, deben cambiar, pero lo esencial en este caso es saber cómo, y por qué. Las sociedades árabes están cerca de la Edad Media, sobre todo en lo concerniente a las libertades: derechos de la mujer, libertad de expresión, libertades civiles del pueblo… Los corruptos regímenes árabes han oprimido en nombre de la ideología, y deben ser abolidos”.

El poeta, que a lo largo de su vida ha sido testigo de graves conflictos, es consciente de que esas transformaciones no serán un camino de rosas. “El problema es que cuando se habla de revolución, la gente tiende a ligarla con la religión, que allí no es una creencia, sino una institución, ligada a todo, al desarrollo de la vida cotidiana, las relaciones del hombre y la mujer, al poder político. Así, para hacer una revolución verdadera, no basta con cambiar el régimen. Hay que cambiar a la sociedad. No se puede hacer una revolución si no se separa la religión de la política y de la cultura. Si no es así, el cambio se reducirá a un conflicto para cambiar de manos el poder. Sólo una revolución basada en la separación Estado-religión puede ser viable, y el primer paso es liberar a la mujer de las leyes religiosas”, añade.

Por otro lado, Adonis insiste en que los problemas del mundo árabe deben ser resueltos por los propios árabes. “Estoy a favor de una revolución no violenta, porque la violencia trae la injerencia de los europeos, y yo estoy en contra de ambas cosas”, asevera. “Me siento triste por las víctimas de mi país, estoy con ellas. Culpo a los regímenes totalitarios, pero también a los fundamentalistas que pretenden hacerse con el poder. Es obvio que, si no se puede convencer con una causa, menos puede hacerse con la violencia”.

Con una veintena de poemarios publicados, condenado a figurar como eterno candidato al premio Nobel, Adonis pasa por ser un puente entre la vasta tradición poética árabe y la modernidad. Se ha escrito que su aportación es comparable a la del parnasianismo y el simbolismo en la lírica europea de finales del XIX, pero ese germen hay que encontrarlo en el Beirut de los años 50, donde el sirio se había establecido y fundado junto a otros poetas la revista Chi’r [Poesía] y su editorial hermana, que en 1958 sacó a la luz el primer poemario de Adonis, Hojas al viento.

Ya entonces manifestaba Adonis su inclinación a insertar la tradición árabe en un amplio contexto mediterráneo, que no excluye lo occidental. Advertía de los riesgos de examinar la poesía bajo la luz de “las costumbres de nuestros países, en sus conceptos, en su moral, en sus instituciones”, y abogaba por “superar ese entendimiento cerrado del legado cultural árabe”. El hecho de que declaraciones como éstas se realizaran en pleno temporal político y bélico, con Egipto acosado por la nacionalización del Canal de Suez, Argelia emancipándose de Francia y la República Árabe Unida a punto de constituirse, propició fuertes polémicas.

Pero fue la invasión israelí en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este en 1967 la que determinó, como ocurrió con tantos poetas árabes, un giro abiertamente ideológico en su obra. Dedicó su libro Un tiempo entre la rosa y la ceniza (1971) a Nasser, “primer dirigente moderno que se ha esforzado en acabar con la época de los reyes de taifas para inaugurar una nueva era”, y escribe en uno de sus poemas que su patria “es esta centella/ este relámpago en la tiniebla del porvenir”.

En los años sucesivos, Adonis ha ido alternando composiciones que cantan a las “calles viudas y huérfanas” de un Beirut desangrado, como al mestizaje en el que “proscrito por todas las tribus/ mis propias manos me separan”, pero también ha elevado profundos cantos basados en el lenguaje del cuerpo. Ha cantado a Nueva York como a Marrakech o Damasco, y arremetido contra el sionismo como contra unas Sagradas Escrituras que no liberan al individuo, sino lo humillan y someten: “No digas sino lo que confiesa el crepúsculo/ de los pactos y rebeliones, del mundo y el cuerpo…”

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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