Cruzada por el patrimonio

 

 

Venus en el Museo de Hatay (Turquía) |  ©  Ilya U. Topper

Venus en el Museo de Hatay (Turquía) | © Ilya U. Topper

“Las piezas de arte, como las personas, animales o plantas, tienen almas y memoria histórica. Cuando son repatriadas a sus países, se restablece el balance de la naturaleza”. Con estas palabras justifica el ministro de cultura de Turquía, Ertugrul Günay, la campaña que su gobierno está realizando para que numerosas obras de arte y piezas arqueológicas de origen turco sean devueltas al país.

La iniciativa que ha sido calificada de “agresiva” por los críticos, entre los que abunda el personal de museos europeos y estadounidenses, por lo que consideran un “chantaje cultural” del Gobierno turco. La estrategia turca, hasta ahora, ha consistido en abortar toda colaboración con aquellos museos que se nieguen a devolver las piezas reclamadas por Turquía. El Metropolitan Museum de Nueva York, y el British Museum y el Victoria y Albert de Londres, han visto algunas de sus exposiciones afectadas por la negativa turca a cederles ninguna obra de arte mientras no devuelvan las piezas de origen turco u otomano que estas instituciones tienen en su colección.

«Aceptamos la cooperación de otros museos a condición de que devueltan los objetos robados»

“Como país rico en arqueología e historia, Turquía recibe muchos proyectos de cooperación de los principales museos del mundo. Los aceptamos, con la condición de que devuelvan los objetos robados”, declaró Günay hace unos meses. La advertencia no era un farol. En marzo, el British Museum vio cómo la llegada de algunas de las piezas más importantes de su exhibición “Hajj: Viaje al corazón del Islam” (que pertenecen al Palacio Topkapi, y cuyas autoridades ya habían autorizado su traslado) era bloqueada por el Ministerio de Cultura. Lo mismo ocurrió con la muestra “Los Otomanos”, del Museo Victoria y Albert, y “Bizancio y el islam”, del Metropolitan de Nueva York, que se vio obligada a recurrir al Museo Benaki de Atenas para completar la exposición.

De Antíoco a Iznik

Las autoridades turcas reclaman al British Museum la “devolución” de una estela tallada del siglo I, que muestra al rey Antíoco I Epifanes, y que fue encontrada en el área de Samsat, en el sureste de la actual Turquía, en 1882. Fue comprada en 1911 por el famoso arqueólogo británico Leonard Woolley (conocido por sus excavaciones en la ciudad sumeria de Ur), trasladada a Siria, en aquella época bajo dominio otomano, y finalmente llevada al Reino Unido en 1927.

En cuanto al Victoria y Albert, la pieza de la discordia es una estatua de Eros (‘Eros de Elgin’), perteneciente al sarcófago Sidamara, del siglo III a.C. (que se exhibe en el Museo Arqueológico de Estambul), y del que fue arrancado por el arqueólogo Charles Wilson en 1882. El Metropolitan posee una docena de antigüedades reclamadas por Turquía.

Francia es otro de los países que podría verse afectado por estas restricciones, tal y como ha mencionado el ministro Günay: desde hace años prosigue una batalla legal para recuperar algunos azulejos de los famosos talleres otomanos de Iznik (siglo XVI) que formaban parte de las tumbas de varios sultanes otomanos y que hoy se hallan en el Louvre de París. Según Süslü detalló en 2011 al diario Today’s Zaman, alrededor de 1880, las autoridades otomanas pidieron a arqueólogos franceses restaurar los mausoleos, y éstos enviaron un importante número de azulejos a París. Nunca volvieron: Francia mandó imitaciones, marcadas como tales en su reverso, que fueron colocados en la tumba. La estafa no se descubrió hasta 2003.

El Louvre da la callada por respuesta, se quejan las autoridades turcas, a la vez que descartan que un sultán otomano pudiera haber regalado estos azulejos a Francia, dado que formaban parte de las tumbas imperiales.

Turquía ha recuperado más de tres mil piezas en los últimos cuatro años, entre ellas la llamada Esfinge de Hattusa, devuelta por Alemania, y la parte superior de una estatua de Hércules, entregada por el Museo de Bellas Artes de Boston. En este último caso, el propio primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, se encargó de traer la pieza, conocida como “Hércules cansado”, a Turquía en su avión privado, al regresar de una visita de Estados Unidos.

Este triunfante acto final había sido precedido de una larga batalla, dado que Turquía posee la parte inferior de la misma estatua, excavada en 1980 en el yacimiento romano de Perga, cerca de Antalya.La pieza de Boston necesariamente tenía que haber sido encontrada en el mismo lugar y haberse sacado del país a escondidas, concluyó la profesora Jale Inan, la ‘madre’ de la arqueología turca.

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Daniel Iriarte

@Danieliriarteo

Periodista y cineasta documental (Zaragoza, 1980). Vive en Madrid, donde trabaja en la...

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