Manuel Cano

 

Escuela de la intuición

En Cádiz, la ciudad donde nació hace 55 años, Manolo Cano pasa por ser un acreditado catador de paisajes urbanos. Durante varias décadas, el pintor ha sabido trasladar a la tela la textura de las paredes roídas por la sal, el efecto de la luz sobre las torres, la humedad de los aljibes que presiden los viejos patios. Por eso, cuando decidió pasar largas temporadas en Tánger y Tetuán, a nadie le extrañó que muy pronto empezaran a colarse en su estudio otras azoteas, otras cales reverberantes, otras sencillas líneas y superficies, aquellas que iba descubriendo más allá del Estrecho.

Al mismo tiempo, su pintura iba haciéndose cada vez más esencial, desvistiéndose de detalles y transitando hacia los predios de la abstracción. Marruecos ha sido para el artista la escuela de la imagen sugerida más que dicha, de la intuición, del cromatismo súbito e impactante, de la composición audaz. Y la ciudad, modelo inmóvil, tampoco nos parece la misma después de haber inspirado estas obras.

[Alejandro Luque]

 
 
 
 

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