Por un puñado de dracmas

 
Café en Atenas (2012) | © Ilya U. Topper/M'Sur

Café en Atenas (2012) | © Ilya U. Topper/M’Sur

Un grupo de jubilados griegos charla y toma café en una terraza. Uno de ellos se levanta y se acerca a la barra para pagar. Hasta aquí todo normal: pero lo que saca de su cartera no es una moneda de un euro, sino un billete de 500 dracmas. La escena se desarrolla en Piyí Serón, una pequeña localidad del noreste de Grecia cuyos vecinos decidieron hace un año reintroducir en sus transacciones cotidianas la antigua moneda nacional. La población afirma estar encantada con el nuevo sistema: tres de cada cuatro paquetes de tabaco, asegura el vendedor del quiosco, no se pagan en euros.

¿Pasa la solución a la crisis griega por una vuelta al dracma? La cuestión de si la corbeta representada en la moneda de 1 dracma puede llevar al país de vuelta a la prosperidad, o si por el contrario supondría el naufragio de las últimas esperanzas de recuperación del país heleno parece difícil de dilucidar, incluso para los más ínclitos economistas. Las apelaciones a fórmulas de recuperación milagrosa, sumado al carácter pretendidamente objetivo e indiscutible de las argumentaciones económicas, han sumido a la opinión pública griega en el escepticismo hace ya largo tiempo.

 Las fórmulas de recuperación milagrosa han sumido a la opinión pública en el escepticismo

Por un abandono del euro abogan, no obstante, algunas formaciones políticas surgidas recientemente al calor del creciente descalabro económico que viven la sociedad. Partidos minoritarios como Dracma 5 Estrellas o el Frente Unitario Popular (EPAM), cuyas propuestas pretenden sentar las bases de una recuperación no sólo económica, sino social y democrática.

¿Cuáles serían las consecuencias reales del tan denostado retorno al dracma, tras el cual “ya nada tendría sentido” en palabras del primer ministro Andonis Samarás? Hay consenso en los efectos inmediatos: la moneda griega se devaluaría enormemente y tanto precios como salarios caerían muy por debajo del nivel europeo.

Puede ser benéfico, argumentan los defensores de este proceso: Grecia se convertiría en un país barato que atraería un enorme turismo. Ahora mismo, un café en Atenas cuesta más que en Berlín, y es fácil imaginar que las islas del Egeo duplicarían su atractivo si bajaran los precios a la mitad. Además, cualquier producto fabricado en Grecia tendría un coste muy debajo de la competencia y conquistaría los mercados europeos: subirían las exportaciones.

El salario medio actual tendría que multiplicarse por tres para cubrir las necesidades

A quien no le gustaría este efecto, evidentemente, son los países más industrializados de Europa – Alemania, Francia… – que perderían Grecia como mercado para sus productos: ningún griego podría ya pagar un producto ‘made in Germany’.

¿Es tan sencillo? No necesariamente. Porque aparte el sol y el agua del mar, Grecia tiene pocas materias primas locales, y evidentemente tendría que seguir pagando los mismos precios – que se convertirían en astronómicos para los niveles locales – para cualquier componente que necesite importar. Si las vacas están en Holanda, el precio del café con leche no bajaría tanto, pero pocos griegos podrían ya tomarse uno. Y esto destruiría empleo, más que crearlo.

Esta es la versión oficial: la devaluación de la moneda y la consiguiente inflación no solamente agravarían la situación de endeudamiento del Estado, sino que terminarían de hundir la economía. El resultado: una sociedad hecha trizas, al borde, si es que no en medio, de un colapso total.

“Pero si es que a estas consecuencias nos estamos enfrentando ya”, responde ofuscado Dimitris Kazakis, economista líder de EPAM, al ser interrogado sobre la segura devaluación. “Ya tenemos una devaluación interior. El salario medio tendría que multiplicarse por tres para cubrir las necesidades actuales, de manera que ya ha producido una devaluación, ya tenemos inflación, ya tenemos el problema del desempleo. De manera que pensar que la única solución es seguir el camino que nos ha llevado hasta aquí es una teoría suicida.”

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Acerca del autor

Clara Palma Hermann
Periodista (Berlín, 1990). Tras licenciarse en Periodismo por la Universidad de Sevilla vive a caballo entre España...

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