El velo olímpico

 

“Todos sabemos que si vas a Estambul ves a muchas mujeres con velo. (En el video) no se vio a ninguna”, observó  Marisol Casado, española, miembro del Comité Olímpico Internacional, el diez de julio pasado, al criticar la candidatura de Estambul a los Juegos de 2020. El motivo: en el vídeo de presentación de la ciudad no había mujeres con velo. Y remachó: “A mí me parece que si querían de verdad trabajar la cuestión de la fusión cultural tendrían que haber sacado una sociedad plural”.

Plural: dícese de una sociedad que permite oprimir a las mujeres de diversas maneras. Ésta es la conclusión de la frase. Porque desde luego al hablar de las Olimpíadas no se trata de mostrar elementos folclorísticos de anuncios de las agencias de turismo. Ninguna atleta japonesa corre los cien metros valla en kimono. Ningún mexicano hace el salto de longitud con el sombrero de ala ancha. Ni desde luego Marisol Casado vestirá traje de faralaes para presentar un triatlón. No. No salieron gitanas bailando flamenco en el vídeo de la candidatura de Madrid. Afortunadamente.

No salieron gitanas bailando flamenco en el vídeo de la candidatura de Madrid. Afortunadamente

Cierto: el velo islámico al que se refiere Marisol Casado no es un elemento folclórico. No es un retazo de color popular. Es el uniforme de la sección femenina de los partidos islamistas, de Turquía a Marruecos. Como tal sí representa a una parte de la sociedad: aquella que pone su vida al servicio de la separación de mujeres y hombres, siempre a mayor gloria de Dios. La que niega a la mujer la condición de ser humano completo y la ve sólo como “complementaria” al hombre. Complementaria: esta fue la palabra que quisieron introducir en la Constitución de Túnez los partidos islamistas en el poder. Las feministas consiguieron pararles los pies.

Porque no es verdad que el velo intenta imponer el respeto a la mujer. El velo codifica y establece el derecho del varón a faltarle el respeto a la mujer, a cualquier mujer, mientras ella no oculte su cuerpo. Su cuerpo, en la interpretación más en boga hoy día es su cabello, piernas, brazos, escote, todo lo que no sean cara, manos y pies. Dado que el varón tiene el impulso irrefrenable de abalanzarse sobre cualquier mujer una vez que se sienta excitado, dado que tiene el reflejo inevitable de cometer imprudencias al contemplar su cabellera, por ejemplo violarla, es necesario ocultar los encantos de la mujer bajo un velo. (Ésta es las justificación oficial e universalmente admitida del velo islamista).

Con tal de presentarse bajo símbolos exóticos, la represión de la mujer es perfectamente aceptable

La solución – tapar a la mujer – evidencia que este impulso irrefrenable no es sólo una reacción natural del hombre sino que, al ser natural, es su derecho. Si no tuviera derecho a reaccionar así, la religión intentaría enseñarle a dominar sus instintos. No lo hace: opta por dar por buena esta reacción e impedir que se produzca, evitando darle motivo. Apartando a la mujer de la vida pública o ocultando sus encantos de tal forma que no podrá sentirse excitado.

Ésta es la ideología que Marisol Casado, al igual que otras muchas mujeres europeas, de la política al mundo de las artes, llama “plural” y quisiera ver representada en una Olimpíadas.  “A mí me tocó muchísimo” la ausencia del símbolo de esta ideología, dijo. Ésta es la postura consensuada de Europa: con tal de presentarse bajo símbolos exóticos, la represión de la mujer es perfectamente aceptable.

Es la misma reacción que reinaba durante la época victoriana en Inglaterra o el nacionalcatolicismo en España: el desnudo era escandaloso, prohibido, censurado, excepto cuando se trataba de tribus africanas. Una foto de una mujer negra en tetas era perfectamente aceptable, siempre que estuviera rodeada por cocodrilos y con una choza de barro al fondo. Al ser una clase de humanos diferentes, en el fondo no del todo humanos, su desnudo no se podía juzgar por los estándares de la moral cristiana europea.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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19 comentarios

  1. […] el poder absoluto, los imames patriarcales y machistas, ya sin contrapeso desde que hasta Europa se entregó con armas y bagajes a la causa de la represión de la mujer bajo excusa […]

  2. Estanislao dice:

    Gracias.

  3. Mad Hatter dice:

    Parece mentira que se le dé tanta cancha al uso del velo, disfrazándolo como algo étnico, exótico, opcional. No había caído en la cuenta de que admitirlo viene a ser tratar a las mujeres musulmanas como “menos mujeres”. Es cínico que desde nuestra sociedad se permita la desigualdad para según qué creencias; cuando se supone que la intentamos eliminar en la nuestra. Y es más triste, si cabe, que también lo promueva la parte más afectada en este caso: las mujeres.

  4. […] son quienes llevan a Marruecos el ideario radical aprendido en sus guetos. Y fue una española, Marisol Casado, quien criticó a Turquía por no incluir chicas con velo en su vídeo de candidatura olímpica. […]

  5. […] son quienes llevan a Marruecos el ideario radical aprendido en sus guetos. Y fue una española, Marisol Casado, quien criticó a Turquía por no incluir chicas con velo en su vídeo de candidatura olímpica. […]

  6. Jako Mako dice:

    Yo entendí en comentario en un contexto irónico en plan:”nos muestran una Estambul irreal en la que ocultan cómo tratan a las mujeres sólo para que les den las olimpiadas”.

 
 

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