Un país en crisis para una UE en crisis

 
Calle céntrica en Vukovar, Croacia (2013)  | © Irene Savio

Calle céntrica en Vukovar, Croacia (2013) | © Irene Savio

Un cuarentón, de pelo grisáceo y cicatrices en el cuerpo, se fastidia por la presencia de los foráneos y sale bajo un sol feroz en dirección a la agujereada torre de Vukovar, símbolo del martirio de la ciudad durante las Guerras de Secesión yugoslavas de los 90. Dentro de la taberna, el camarero Zoran Filko, de treinta y tantos años, cuchichea una frase infernal. “Sólo habrá acabado, sólo habrá paz entre nosotros, cuando todos ellos, todos los que vivieron esa guerra, estén muertos”.

Curtido por una vida en las fuerzas irregulares serbias que operaban en el pueblo, el periodista Slavko Bubalo, que tiene 49 años, contiene entonces la respiración, en lo que ya parece una gresca sobre el pecado original. “¿Por qué la Unión Europea no nos ayudó antes de que nos matáramos hace veinte años? ¿Qué garantías tienen los serbios de aquí de obtener el mismo estatus que los croatas, si esto no ha ocurrido hasta ahora?”, cuestiona Bubalo. Entre estos derechos negados cita la discriminación laboral que él dice sufrir en su propia piel.

“¿Por qué la Unión Europea no nos ayudó antes de que nos matáramos, hace veinte años?”

Los nacionalismos exacerbados y las tensiones étnicas del pasado se resisten a ser digeridos en los Balcanes. “Y eso a pesar de la pacificación que la comunidad internacional dice querer para la región”, asegura Julija Kranjec, miembro del Centro para la Paz. Entre otras razones, aún falta justicia: según el Consejo de Europa, todavía se desconoce el paradero de 13.439 desaparecidos, hay miles de mujeres violadas que no han recibido la atención adecuada y 438.000 refugiados que no han sido recolocados en las fronteras que, a partir de 1991, surgieron de la desintegración de Yugoslavia.

Cualquier detalle sirve para desentenderse. Al certificarse el ingreso de Croacia en la Unión Europea, el pasado 1 de julio, el país impuso restricciones a la venta de productos de su vecino, Bosnia. En respuesta, el ministro de Comercio bosnio, Mirko Sarovic, prohibió la importación de carne desde Croacia, un golpe grave a las relaciones comerciales entre los dos vecinos que hasta 1991 eran un único Estado.

El pueblo de Vukovar es el vivo testigo de lo mucho que aún puede ir mal en una región golpeada hace veinte años por la guerra. Arrasada como ninguna otra durante las contiendas y aún hoy poblada de edificios mutilados y calles a medio acabar, esta ciudad antaño próspera se sitúa hoy en unas de las zonas más deprimidas de Croacia, y de las más tensas. En abril pasado, los nacionalistas croatas salieron a la calle para impedir que se introdujera el cirílico, usado en Serbia, como segundo alfabeto oficial. “Esto, a pesar de que es lo que establece la Constitución croata para municipalidades donde un tercio de la población es serbia”, recuerda Bubalo. Adjudica la culpa a unos pocos políticos nacionalistas. Unos pocos que hacen mucho ruido, eso sí.

“Éramos una nación industrializada y ahora vivimos perennemente en crisis”

A la tensión se añade la pobreza. Aquí, en la región de Eslavonia, en el este del país, el PIB es un 28% inferior al promedio nacional. Pero no hace falta irse tan lejos: basta con acudir a la calle Trnjanska en Zagreb y acercarse al Pitch Club, un garito al que acuden jóvenes para matar la noche. Pocos metros más allá, la vegetación consume la vieja factoría de vehículos ferroviarios. En la vía Zavrtnica yacen los restos de la planta química Pluto, en el viejo distrito industrial. Antes, éste fue el corazón brioso de la industria de la capital de Croacia, pero hoy la mayoría de las fábricas han cerrado y las menos malviven en los suburbios.

Lo explica Marko Gregović, de la plataforma Za Grad, especie de movimiento de indignados local. “Así nos va con nuestras élites: éramos una nación industrializada y ahora vivimos perennemente en crisis. Dudo mucho que cambie algo con la entrada en la Unión Europea”, señala.

La entrada en la UE no ha provocado precisamente un ambiente de euforia en Croacia. Desencantada, sólo entre el 45% y 49% de la población cree que su país se beneficiará del ingreso, según diferentes sondeos, mientras que apenas el 20% –en un país de 4.2 millones– de los habilitados acudió a votar en las primeras elecciones europeas, celebradas en abril pasado.

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Acerca del autor

Irene Savio
Periodista (Roma, 1982). Trabaja como corresponsal de la revista mexicana Proceso y colabora con el...

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7 comentarios

  1. […] entrada de Croacia en la UE ha sido analizada por M’sur. Es el segundo país yugoslavo que se incorpora a los ya 28 socios europeos. El reportaje ha […]

 
 

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