Dentro de 90 años

 

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Con ocasión de mi 90 cumpleaños, un grupo de eminentes historiadores se reunieron en la sala Tsavta de Tel Aviv para celebrar un debate sobre la pregunta: “¿Existirá Israel dentro de otros 90 años? Lo que sigue es una versión ligeramente abreviada de mis propias aportaciones. Publicaremos lo antes posible un vídeo completo de la discusión con traducción al inglés.

¿Existirá Israel dentro de otros 90 años? La pregunta en sí ya es típica de Israel. Nadie se la tomaría en serio en Inglaterra o Alemania, y ni siquiera en otros países que nacieron gracias a la inmigración, como Australia o Estados Unidos.

Aquí, sin embargo, la gente habla todo el rato de los “peligros existenciales”. Un Estado palestino es un peligro existencial. La bomba iraní es un peligro existencial. ¿Por qué? Ellos tendrán su bomba, nosotros tenemos la nuestra, habrá un “equilibrio del terror”. ¿Y qué?

Hay algo en nuestro carácter nacional que fomenta las dudas personales, la incertidumbre. ¿El holocausto? ¿Tal vez una sensación inconsciente de culpa? ¿Un resultado de la guerra eterna, o más bien el motivo para ella?

Permítanme dejar una cosa clara desde el principio: Sí, yo creo que Israel existirá dentro de 90 años. La pregunta es: ¿qué tipo de Israel? ¿Será un país del que podrán sentirse orgullosos vuestros tataranietos y tataranietas? ¿Un Estado en que les gustará vivir?

El desenso de Israel hacia los abismos será gradual, casi imperceptible

El día que se fundó el Estado, yo tenía 24 años. Mis camaradas y yo, soldados en nuestro nuevo Ejército, no pensábamos que el evento fuera muy importante. Nos estábamos preparando para la batalla que se iba a producir esa noche, y los discursos de los políticos en Tel Aviv no nos interesaban realmente. Sabíamos que si ganábamos la guerra, el Estado existiría, y si no la ganábamos, no existiría el Estado ni nosotros tampoco.

Si Israel continúa siguiendo el rumbo que mantiene ahora, llegará al desastre.

No soy una persona nostálgica. No tengo nostalgia por la Israel de antes de (la guerra de) 1967, como lo han dejado ver algunos colegas aquí. Entonces también había muchas cosas que estaban mal. Se expropiaban inmensas extensiones de terrenos árabes. Pero no vayamos a mirar hacia atrás. Miremos Israel tal y como está ahora y preguntémonos: ¿A dónde vamos a partir de aquí?

La primera fase será la apartheid. Ya existe en los territorios ocupados, y se extenderá hasta Israel propiamente dicha. El descenso hacia los abismos no será dramático ni precipitado. Será gradual, casi imperceptible.

La presión sobre Israel crecerá lentamente. La demografía hará su trabajo. En algún momento antes de que se cumplan esos 90 años, Israel se verá obligada a otorgar a los palestinos derechos de ciudadanía. Habrá una mayoría árabe. Israel será un Estado con una mayoría árabe.

A alguna gente, esto les parecerá muy bien. Pero será el fin del sueño sionista. El sionismo se convertirá en un episodio de la Historia. El Estado será simplemente otro país donde vive una minoría de judíos… los que se habrán quedado aquí.

No me da miedo la amenaza militar sino los peligros internos: la implosión

Hay quien dice que “simplemente no hay solución”. Si eso es así, todos nos deberíamos procurar pasaportes extranjeros ya.

Otros sueñan de la así llamada “solución del Estado único”. Vamos a ver: durante el último medio siglo, muchos Estados que acogían a diversas naciones se han dividido. Una lista nada exhaustiva: la Unión Soviética, Chipre, Yugoslavia, luego Serbia, Checoslovaquia, Sudán. No hay ningún ejemplo de dos naciones que se unieran voluntariamente en un único Estado. Ni un solo ejemplo.

A mí no me da miedo la amenaza militar. No hay peligro real. En nuestra época es imposible destruuir por la fuerza un país que posee armas nucleares. Tenemos bastante capacidad de defendernos.

Lo que me da miedo son los peligros internos: la implosión de nuestros niveles intelectuales, la proliferación del ‘establishment’ ultraortodoxo parasitario, y sobre todo la emigración. En todas partes del mundo, la gente se vuelve más y más nómada. Las familias de dispersan. El sionismo es una vía de doble carril. Si uno puede ser un buen judío tanto en Los Ángeles como en Tel Aviv, ¿para qué quedarse aquí?

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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