Cataluña, un debate viciado

 

 

Resulta descorazonador –más aún para los que estamos ligados a ella de un modo u otro- que el debate sobre Cataluña haya caído tan hondo en el pozo de la visceralidad. No hay argumentos, sino tópicos, falacias, medias verdades exageradas que se lanzan, como piedras, hacia el adversario, polarizando la situación y borrando las posiciones intermedias de un plumazo. Resulta a la vez peligroso y triste. Peligroso porque se está tratando un tema tan serio como es la secesión de un territorio, que puede tener imprevisibles consecuencias tanto para los catalanes como para todos los españoles. Y triste porque, apenas unos cientos de kilómetros más al norte, en Escocia, el mismo debate está teniendo lugar dentro de los parámetros de lo razonable.

He aquí algunas reflexiones sobre los argumentos que se manejan.

1.- Los partidos favorables a la independencia han lanza su campaña en torno al llamado “derecho a decidir”, un nuevo parto de la neolengua del eufemismo que sólo sirve para enmascarar el debate. ¿Derecho a decidir qué? ¿los recortes? ¿la política económica de la Generalitat? Lo que se está planteando es votar sobre si Cataluña debe o no seguir formando parte de España, por tanto, no estamos hablando sino del derecho de autodeterminación.

Cataluña sería una nueva entidad jurídica internacional, lo que no es tan sencillo como lo pintan algunos

El derecho a la autodeterminación existe como tal, incluso en diversas resoluciones de Naciones Unidas (si bien es cierto que se introdujo al calor de los debates sobre la descolonización) e incluso en constituciones, siendo el ejemplo más claro el de la Carta Magna de la Unión Soviética de 1977, que incluía el derecho a la secesión de las repúblicas constituyentes de la federación, hecho que habitualmente pasan por alto los nacionalistas catalanes que ponen como ejemplo las independencias de los países bálticos. Aunque resulta problemático jurídicamente –al entrar en conflicto con el derecho a la integridad territorial, también reconocido por la ONU y diversos tratados internacionales- sí existe, por oposición a la entelequia del “derecho a decidir”.

2.- Otro argumento que está siendo un arma arrojadiza durante las discusiones sobre la autodeterminación catalana, es qué sucederá tras una eventual independencia. Las autoridades catalanas y los partidos pro-referéndum como la conservadora Convergencia i Unió (CiU) o sus nuevos socios de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) se esfuerzan en presentar un panorama de color de rosa en base a argumentos tan peregrinos como que “La Unión Europea no nos dejará tirados” o “Somos demasiados importantes como para quedarnos fuera de la UE” o “No existen precedentes”. Sin embargo, una Cataluña independiente sería una nueva entidad jurídica internacional que, como tal, debería reclamar su ingreso en las organizaciones internacionales, desde la ONU a la UE. Si hay cooperación de las diferentes partes el proceso sería rápido, pero si persiste el antagonismo actual –con una España determinada a boicotear a Cataluña a toda costa- el proceso podría convertirse en un dolor de cabeza para los catalanes, reduciéndolos a un nuevo Kosovo o un Taiwán, es decir un país con cierto reconocimiento internacional, unas relaciones internacionales sui generis y muy lejos de la normalización. Además, sí que existen precedentes: en 1962 se celebró el referéndum de autodeterminación de Argelia, que, como departamento de Francia que era formaba parte de las entonces Comunidades Europeas. La abrumadora victoria del Oui supuso la independencia argelina y, efectivamente, la salida de las CE.

Algunos estados fuera de la UE han podido adoptar el euro como divisa

En cambio quienes se oponen a la independencia pintan a su vez un panorama desolador. Incluso se ha visto a canales de televisión explicando que los catalanes deberían marcar sus propios euros para reconvertirlos en la nueva moneda. Esto también es falso. Actualmente, cuatro estados fuera de la UE, aunque con relaciones preferentes (Mónaco, Vaticano, San Marino y Andorra), han llegado a acuerdos que les permiten usar la moneda comunitaria e incluso acuñarla, aunque no tienen asiento en el Banco Central Europeo, es decir, carecen de poder de decisión en cuestiones monetarias. Otros dos estados (Montenegro y Kosovo) adoptaron el euro como moneda de uso corriente de forma unilateral.

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Acerca del autor

Andrés Mourenza

@Andresmourenza

Periodista (La Coruña, 1984). Corresponsal de El País en Turquía.
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