El último refugio de los cristianos

 
Una cristiana caldea en una iglesia de Erbil | © Ethel Bonet

Una cristiana caldea en una iglesia de Erbil | © Ethel Bonet

Unos jubilados juegan al tavla en la cafetería de la Asociación Cultural Caldea de Ankawa, en Erbil, capital del Kurdistán iraquí. Al lado, un grupo de niños ensaya para una representación en el salón de actos. El ambiente es distendido y familiar. Aquí nadie teme la violencia sectaria que ha convertido en un infierno la vida de los cristianos en el resto de Iraq.

La región autónoma del Kurdistán, independiente ‘de facto’ desde 1991, es el último refugio de los cristianos iraquies, portadores de una cultura no sólo preislámica – la presencia de cristianos en los países levantinos es muy anterior a la de los musulmanes – sino también preárabe: gran parte de este colectivo habla aún arameo, la lengua habitual de toda la región en épocas de Jesucristo, hoy desplazada por el árabe.

A Jenin Polis le hierve la sangre cuando se utiliza el término de “minoría religiosa” para referirse a los cristianos. Jenin es una mujer de carácter que engaña a primera vista con aspecto físico de señora bajita y regordeta. “Desde hace más de seis mil años, esta tierra, cuna de la civilización mesopotámica, pertenece a los asirios”, reivindica Polis, que dirige la revista Beith Ankawa, una publicación mensual de la Asociación Cultural Caldea.

“Desde hace 6.000 años, esta tierra, cuna de la civilización mesopotámica, pertenece a los asirios”

La identidad “asiria” es el concepto que agrupa a numerosos colectivos cristianos de Iraq, en parte hablantes del arameo, aunque otros ya hayan perdido esta lengua o sólo la usen para las liturgias. Aunque no hay cifras concretas, se estima que antes de la invasión de Iraq en 2003 había unos 1,2 millones de cristianos en Iraq, la gran mayoría seguidores de la Iglesia Católica Caldea, una confesión que fue reconocida en 1830 tras separarse de la muy antigua Iglesia Asiria (también llamada nestoriana), que también mantiene una importante presencia en Iraq. También hay algunas decenas de miles de siriaco-ortodoxos y armenios.

Ya en los años ochenta, la emigración redujo el número de cristianos. Las persecuciones y amenazas de muerte a manos de los grupos radicales musulmanes hicieron el resto: miles de familias cristianas escaparon de las ciudades de Basora, Bagdad y Mosul para refugiarse en Ankawa, donde se sienten seguros. Ahora no quedan más de 300.000 en todo el país, estima Ano Jawhar Abdoka, presidente del gobernante Partido Democrático del Kurdistán (PDK), en el distrito de Ankawa.

“Cómo es posible que los descendientes de una de las primeras civilizaciones que se asentaron en la antigua Mesopotamia, y que hablan la lengua de Jesucristo nos hayamos convertido en parias en nuestro país?” pregunta Abdoka. En su despacho guarda en una vitrian la réplica de una esfinge alada babilónica, junto a una fotografía de Masud Barzani, presidente del Kurdistán iraquí.

“Primero soy caldeo, después iraquí y por último, kurdo. Tenemos una alianza con Kurdistán, pero no significa que los cristianos nos consideremos kurdos”, precisa Abdoka. De hecho, los que no conservan el arameo hablan árabe iraquí, pero casi nunca kurdo.

En Kurdistán hay cuotas para la presencia de los cristianos en el Parlamento autonómico

Eso sí, Erbil ha dado todas las facilidades a los asirios: en Ankawa cuentan con un centro cultural, un museo de arte siriaco, nuevas iglesias, seminarios, escuelas y un programa de televisión en arameo que se retrasmite en Kurdistán TV y que dirigió durante un tiempo Ano Abdoka.

Masud Barzani ha implementado un sistema de cuotas para la protección de las minorías étnicas y religiosas, que reserva al menos 6  de los 111 escaños a los cristianos (5 para los caldeos, asirios y siriacos y uno para los armenios) en el Parlamento autónomo kurdo, reconoce Jenin Polis. “Pero los cristianos no somos ciudadanos de pleno derecho”, se queja.

“Aunque en las escuelas cristianas sea oficial dar clase en arameo, los alumnos que quieren cursar estudios superiores están obligados a estudiar en lengua kurda”, critica Polis, algo problemático con los numerosos niños llegados del sur de Iraq, que desconocen este idioma. Otros han abandonado incluso el arameo y lo reservan para las misas, porque “en muchas zonas del país, donde hay mayoría musulmana, los cristianos tienen miedo a hablar su lengua”, apunta Polis.

Su defensa a ultranza de los derechos de los cristianos le ha costado a Jenin Polis algún que otro desaire con las autoridades locales, que han amenazado con cerrarle la revista. Desde hace unas semanas, la presión ha subido. “He recibido varias llamadas anónimas con amenazas de muerte por haber publicado un articulo sobre la demografía de los cristianos en Iraq”, advierte. Ya no contesta a ninguna llamada de teléfono que no sea desde un número registrado.

1 2Página siguiente

 
 

Etiquetas

, , ,

Artículos relacionados

Acerca del autor

Ethel Bonet
Periodista (Alicante, 1975). Vive en Beirut.
Ha estudiado Filología Árabe en Alicante y ha vivido...

El último refugio de los cristianos
 
 

12 comentarios

  1. […] se recrudeció desde la invasión americana de Iraq en 2003, y son muchos los iraquíes del sur que hubieron de buscar refugio entre los kurdos, otro pueblo históricamente perseguido. Pero ellos no son kurdos, como me recuerda el amigo con […]

 
 

Deja un comentario