Barenboim quiere más

 
Daniel Barenboim (Sevilla, 2004) | ©  Gregorio Barrera

Daniel Barenboim (Sevilla, 2004) | © Gregorio Barrera

Sevilla | Enero 2014

Por el modo en que se mueve en el podio y da instrucciones a la orquesta, entre bromas, no cabe duda: el maestro está contento. Al terminar el ensayo en el hotel Vértice-Aljarafe de Bormujos (Sevilla), conversa sonriente con algunos de los jóvenes músicos de la formación, los abraza efusivamente. Tiene motivos para la satisfacción, pues no siempre es posible sacar adelante un proyecto de las dimensiones de la Fundación Barenboim-Said durante diez años, y llegar a ese punto en plena forma y con la estabilidad garantizada. Para celebrarlo, la Orquesta West-Eastern Divan ofrecerá estos días sendos conciertos en Andalucía: el día 19 en el sevillano teatro de la Maestranza, y el 21 en el teatro Falla de Cádiz.

“No es una fundación con fines políticos, como tampoco los tiene la Orquesta”, subraya Barenboim apenas comienza a dirigirse a la prensa convocada al ensayo. “De hecho, la filosofía que siempre compartí con Edward Said es que este maldito conflicto no es político, ni militar, sino humano. Un conflicto entre dos pueblos convencidos de tener el derecho de vivir en el mismo pedazo de tierra, pero sin el otro. Hay que buscar compromisos, y estamos muy lejos de eso si no se admite el derecho de existir del otro. Por eso no han funcionado los intentos anteriores de paz, y no creo que funcione ahora. Con un poco de dinero no se compra la justicia de los palestinos, y tampoco es lo que buscan los israelíes”, asevera.

Por otro lado, Barenboim aprovecha la ocasión para recordar el germen de la Orquesta y de la Fundación, tratando de no adornar el relato con mitos o exageraciones. “La leyenda dice que Said y yo queríamos una orquesta: no es verdad. Cuando Weimar fue designada en 1999 Capital Europea de la Cultura, ambos concebimos un proyecto cultural y humano con talleres que integraran a jóvenes músicos árabes e israelíes. Pero nadie, ni siquiera Said, tenía conocimientos precisos de la cantidad y la calidad del talento musical que podía haber en el mundo árabe. Cuando contamos más de 200 aplicaciones, la palabra sorpresa se quedó corto. El nivel era diverso, pero el de los mejores músicos árabes era igual que el de los mejores israelíes. Ahí supimos que un taller de cámara no era suficiente, teníamos la obligación de lanzarnos a una aventura mayor”, evoca el director.

Pero la continuidad dio lugar a nuevos problemas, el principal de los cuales fue el de financiar el proyecto sin el paraguas de la capitalidad europea de Weimar. El primer paso fue acudir a Chicago en 2001, donde el consejo de Administración de la Sinfónica de la ciudad consiguió los medios para seguir adelante. “Muchos de nuestros músicos nunca habían visto antes una gran orquesta. Asistir a los ensayos, estar en contacto con un nivel altísimo, fue algo muy enriquecedor”, recuerda Barenboim. Sin embargo, ese entusiasmo topó pronto con una coyuntura adversa, con el desencuentro entre Ehud Barak y Yasir Arafat que derivó en la segunda intifada. “Yo estaba de capa caída, pensando que quizá debería hacer una pausa de un año, o algo así”, cuenta Barenboim.

Entonces sonó el teléfono de la providencia: Bernardino León, entonces director de la Fundación Tres Culturas, se citó con el maestro en Chicago para hacerle una propuesta. “Como buen diplomático, él tiene una gran capacidad de seducción intelectual. Un mes después, en enero de 2002, vine por primera vez a Sevilla, miramos el sitio donde podría desarrollarse nuestro proyecto, y la Junta de Andalucía nos hizo su primera invitación”. Un año después fallecía Edward Said, y dos más se creaba la Fundación Pública Andaluza Barenboim-Said.

La batuta incansable

2014 no pudo empezar mejor para Barenboim: su concierto de Año Nuevo en Viena, retransmitido en directo para televisiones de 90 países, fue un rotundo éxito. Pero este director nacido en Buenos Aires en 1942, poseedor de la nacionalidad española, israelí y la palestina al mismo tiempo, lleva muchos años cosechando aplausos clamorosos al frente de los más variados proyectos. Hijo de pianistas, debutó a muy temprana edad en su ciudad natal antes de instalarse con su familia en Israel. Estudió en Salzburgo y realizó sus primeras grabaciones con apenas 12 años. Pero aún deberían pasar algunos años antes de su debut como director de orquesta, concretamente en 1967 al frente de la Filarmónica de Londres.

Este fue solo el comienzo de una carrera imparable que le llevó a recorrer el mundo. Mientras se hallaba al frente de la Orquesta Sinfónica de Chicago, donde estuvo 15 años, fundó junto a Edward Said la orquesta del West-Eastern Divan, que les valió el premio Príncipe de Asturias 2002. Después de su experiencia como director de La Scala de Milán, actualmente preside el podio de la Ópera de Berlín, ciudad en la que reside, pero sigue impulsando proyectos relacionados con la música y la convivencia entre los pueblos, como un centro musical en Ramala que lleva el nombre de Said.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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