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Binyamin Netanyahu es muy bueno dando discursos, especialmente cuando se los da a los judíos, los neoconservadores o públicos similares, que dan saltitos y aplauden salvajemente todo lo que dice, aunque dijera que mañana el sol saldrá por el oeste.

La cuestión es: ¿Sirve para alguna cosa más?

Su padre, un ultra-ultra derechista, decía de él que no estaba en condiciones de ser primer ministro, pero que podía ser un buen ministro de Asuntos Exteriores. Lo que quería decir era que Binyamin no tiene la profundidad de conocimiento necesario para guiar la nación, pero que es bueno vendiendo cualquier política que decidiera un verdadero líder.

(Esto recuerda la caracterización de Abba Eban por David Ben-Gurion: “Es muy bueno explicando cosas, pero debes decirle qué explicar”.)

Esta semana, a Netanyahu le citaron en Washington. Iba a dar el visto bueno al nuevo “acuerdo marco” de John Kerry, que serviría como base para reanudar las negociaciones de paz, que hasta ahora han resultado infructuosas.

En vísperas del acontecimiento, el presidente Barack Obama dio una entrevista a un periodista judío, culpando a Netanyahu de la paralización del “proceso de paz”… como si hubiera existido alguna vez tal proceso.

Obama culpó a Netanyahu de paralizar el “proceso de paz”… como si hubiera existido tal proceso

Netanyahu llegó con una bolsa vacía, es decir una bolsa llena de consignas vacías: los dirigentes israelíes habían hecho enormes esfuerzos por alcanzar la paz, pero no podían avanzar a causa de los palestinos. A quien habría que culpar es a Mahmud Abbas, porque rechaza reconocer a Israel como el Estado nacional del pueblo judío.

¿Y que pasa con… ejem… con los asentamientos, que han estado extendiéndose durante el último año a un ritmo frenético? ¿Por qué deberían los palestinos negociar indefinidamente, mientras que al mismo tiempo, el gobierno israelí ocupa más y más partes del territorio que es el objeto de las negociaciones? (Como dice el clásico adagio palestino: “Nosotros negociamos cómo dividir una pizza, y mientras tanto, Israel está comiéndose la pizza.”)

Obama se armó de valor para hacer frente a Netanyahu, al Comité de Asuntos Públicos de Estados Unidos-Israel (AIPAC) y a sus cómplices del Congreso. Iba a torcerle el brazo a Netanyahu hasta que gritase “Me rindo”, es decir que aceptase el “acuerdo marco” de Kerry, que ahora ha sido rebajado hasta parecer un manifiesto sionista. Kerry está frenético por alcanzar cualquier logro, cualquiera que sea su contenido y los desengaños que produzca.

Netanyahu, que estaba buscando un instrumento para rechazar el ataque de Obama, estaba preparado para gritar, como de costumbre, “¡Irán! ¡Irán! ¡Irán!”… cuando ocurrió algo imprevisto.

Dicen que Napoleón exclamó una vez “¡Dadme generales que tengan suerte”! Le habría encantado contar con el general Bibi.

Porque mientras se enfrentaba a un recién fortalecido Obama, se produjo una explosión que sacudió al mundo:
Ucrania.

Mientras Netanyahu se enfrentaba a Obama, una explosión sacudió al mundo: Ucrania

Era como los disparos que sonaron en Sarajevo hace cien años. La tranquilidad internacional fue de repente destrozada. La posibilidad de una gran guerra estaba en el aire.

La visita de Netanyahu desapareció de las noticias. Obama, ocupado con una crisis histórica, solo quería liberarse de él tan rápidamente como pudiese. En vez de echarle una severa reprimenda al líder israelí, este pudo irse de rositas, con algunos elogios huecos. Todos los maravillosos discursos que Netanyahu había preparado se quedaron sin pronunciar. Ni siquiera su discurso triunfal ante el AIPAC provocó interés.

Todo por la agitación en Kiev.

Ya se han escrito innúmeros artículos sobre la crisis. Abundan las asociaciones históricas.

Aunque Ucrania significa “tierra fronteriza”, a menudo se encontraba en el centro de los acontecimientos europeos. Uno debe sentir lástima por los alumnos ucranianos. Los cambios en la historia de su país eran constantes y extremos. En otros tiempos, Ucrania era tan pronto un poderoso país europeo como un territorio pobre y oprimido, bien extremamente rico (“el granero de Europa”) o miserablemente pobre, tan pronto se veía atacado por los vecinos que capturaron a sus habitantes para venderlos como esclavos, tan pronto atacaba a sus vecinos para agrandar su territorio.

Ucrania es el corazón de la cultura rusa y la religión: Kiev era más importante que Moscú

La relación de Ucrania con Rusia es incluso más compleja. En cierta forma, Ucrania es el corazón de la cultura rusa, la religión y la ortografía. Kiev era mucho más importante que Moscú, antes de que esta ciudad se convirtiese en la pieza central del imperialismo moscovita.

En la guerra de Crimea de 1850, Rusia luchó valientemente contra la coalición de Gran Bretaña, Francia, el Imperio Otomano y Cerdeña, y finalmente perdió. La guerra estalló por determinar los derechos de los cristianos en Jerusalén y desembocó en un largo asedio de Sevastopol. El mundo recuerda la carga de la Brigada Ligera. Una mujer británica llamada Florence Nightingale estableció la primera organización para atender a los heridos en el campo de batalla.

Ya en mi propia época, Stalin asesinó a millones de ucranianos mediante la privación deliberada de alimentos. Como consecuencia, la mayoría de los ucranianos dieron en 1941 la bienvenida a la Wehrmacht alemana, a la que saludaron como liberadora. Podría haber sido el inicio de una hermosa amistad, pero desafortunadamente, Hitler estaba decidido a erradicar a los ‘untermenschen’ (subhumanos) de Ucrania para integrar el país en el ‘Lebensraum’ (espacio vital) alemán.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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