Amaneser en Estambul

 
Emel Benbasat en la oficina del Sentro de Investigasiones sefardí en Estambul (2014) | © Ilya U. Topper

Emel Benbasat en la oficina del Sentro de Investigasiones sefardí en Estambul (2014) | © Ilya U. Topper

Estambul | Mayo 2014

Un día llega una nave al puerto de Salónica, los marineros van por los cafés y uno se enamora de una muchacha sefardí. Ella habla con su familia y lo invita a casa a cenar el día del shabat y el mancebo también le cae muy bien al padre. Pero queda una duda respecto al futuro yerno y el padre se va a consultar al haham [rabino]: Mire, le dice, mi hija se ha echado novio y es un chico muy educado, yo los casaría, pero lo que me extraña es que no conoce nuestros ritos, no sabe ni la más simple oración de shabat. No entiendo como puede ser.

El haham se interesa por las circunstancias y concluye: Está claro, este chico es cristiano.

No puede ser, replica el padre. ¡Habla perfectamente judeo!

Hubo que explicarle al padre que el idioma judeo, más conocido como español, lo hablan muchas personas en el mundo, sin ser judíos.

El chiste lo cuenta Eliezer Papo, sefardí nacido en Sarajevo e investigador de la Universidad Ben Gurión del Neguev. Ilustra a la perfección cómo los sefardíes del Mediterráneo Oriental, desde Bosnia a Grecia y Anatolia, habían ido creando una cultura propia, manteniendo inalterable su lengua como seña de identidad, pero en gran parte sin vínculos ya con aquella España que los expulsó en 1492.

Hay quien mantiene vivo el recuerdo. Es posible encontrarse en Estambul a sefardíes que, al escuchar hablar español en el tranvía, se presentan con las palabras: “Hola, mi familia es de Valencia. Vinimos de allí hace quinientos años”. Hay quien lleva con orgullo apellidos como Toledo, Seviya, Bejar o Benveniste. Pero para muchos, la existencia de España es algo que se aprende en clase de geografía, insiste Karen Gerson Sarhon, directora del Sentro de Investigasiones sovre la Kultura Sefardi -así se escribe en la ortografía del judeoespañol, también llamado ladino-.

«¡Cómo se van a acordar de España los sefardíes tras cinco siglos! Son mitos», dice la socióloga Karen Gerson Sarhon

“No es verdad que los sefardíes recordasen España. ¡Cómo se van a acordar después de cinco siglos! Los que tuvieran apellidos de ciudades sí pueden saber su origen, pero los demás no tenían ni idea; durante siglos no sabían ni donde estaba España. Pensaban que todo aquel que hablaba español era judío”, afirma la socióloga y lingüista. “Entonces no viajaban tanto, eran comunidades muy cerradas”.

La ley del retorno, discutida

Por eso, a Sarhon no le agrada mucho el revuelo que se ha organizado alrededor de la reforma de la ley del retorno, que facilita el acceso de los sefardíes a la nacionalidad española. “Sí es verdad que mucha, muchísima gente va a pedir el pasaporte. Pero es sólo por el pasaporte. Tampoco tienen interés en ir a vivir a España. Sólo para viajar. Un pasaporte español es algo mucho más valioso que uno turco”, asegura.

“Ahora lo de la nacionalidad española es todo palabrería. Lo de llevar las llaves es todo una tontería, están más que oxidadas, ¿tú ves lógico que alguien conserve una llave durante tantos siglos?  Son mitos, y estos mitos que se están creando no me gustan mucho”, concluye Sarhon.

Otros sí le dan cierto valor emocional a la ley. “Es una forma de reconocer un error cometido en aquel momento histórico, y aunque sea muchos años después, es una forma muy civilizada de reconocerlo; eso es muy importante para mí”, dice Sylvie, una mujer sefardí de unos 40 años, que trabaja como gerente en una empresa turca y que pide no utilizar su nombre real, “por razones de intimidad”.

La nueva ley del retorno solo cambia en que ya no hace falta renunciar a la nacionalidad original para recibir la española

Sylvie ya solicitó el documento rojo hace varios años, pero aún no lo ha recibido. “Esperemos que ahora, con la reforma, vaya más rápido”, dice. Sabe que el cambio de la ley, pese a airearse en la prensa española como si se tratase de una novedad, apenas modifica un detalle:  ahora ya no hace falta renunciar a la nacionalidad original en el momento de recibir la española.

Antes ¿habría trocado su pasaporte turco por el español? Sylvie levanta los hombres. “Lo habría decidido cuando llegara el momento”. No tiene previsto, en todo caso, irse a vivir a España. Pero poder viajar libremente por Europa es un motivo fundamental para acogerse a la ley del retorno. Al menos, mientras solicitar un visado Schengen siga suponiendo meses de espera y papeleo para cualquier ciudadano turco.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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28 comentarios

  1. […] él mismo usa como argumento de la ausencia de una identidad judía entre los sefardíes “el chiste del sefardí de Salónica”. ¿Salónica? ¡¿Salónica!? Les pondré una gráfica de la población judía […]

 
 

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