«En Europa hemos hecho ya todas las revoluciones, en otros lugares están por venir»

LeClézio

 
Jean-Marie Gustave Le Clézio (Sevilla, 2014) |  © Lisbeth Salas

Jean-Marie Gustave Le Clézio (Sevilla, 2014) | © Lisbeth Salas

Sevilla | Sep 2014

Hace 25 años, Jean-Marie Gustave Le Clézio visitó Córdoba por primera vez para participar en un encuentro entre escritores españoles y marroquíes. Él no era ni una cosa ni la otra, pero tiene presentes las sesiones en la torre de La Calahorra donde recuerdo que había una exposición de instrumentos de tortura medievales”.

Ahora regresa a la ciudad andaluza para participar en el festival Cosmopoética, cuyo nombre le permite desplegar su buen humor. “Al principio pensé que sería una reunión de astrofísicos y poetas, aunque yo no sé nada de astrofísica y muy poco de poesía. Luego, al ver el icono del hombre con el bombín y el paraguas, pensé que se trataba de una reunión de cosmopolitas. Todavía no me he aclarado al respecto, así que vengo con mucha curiosidad, a ver qué puedo aportar”, dice.

Su aportación tendrá lugar esta misma tarde, pero por la mañana el Nobel francés se prestaba a atender amablemente a los medios de comunicación en un correctísimo español. “La literatura no es un oficio, es una vocación”, explica Le Clézio cuando le piden consejos. “Escribir es una especie de sueño, y quién soy yo para dar consejos a los jóvenes sobre los sueños que deben tener. Solo sé que el mundo cambia muy rápido, y que al parecer la poesía hoy pesa menos en nuestra vida cotidiana que lo que pesaba en el mundo antiguo. La vida moderna es demasiado rápida, y la poesía significa todo lo contrario, es reflexión y libertad de espíritu. Lo único que puedo recomendar es leerla, alimentarse de ella”.

Descendiente de una familia bretona de Mauricio, pasó por Nigeria, Bristol, EE UU, Tailandia, México, Panamá…

Nacido en Niza en 1940, a Le Clézio le cuadra como a pocos la etiqueta de escritor nómada: descendiente de una familia bretona emigrada a las islas Mauricio en el siglo XVIII, pasó parte de su infancia en Nigeria, cursó sus estudios superiores en la universidad de Bristol, se trasladó a Estados Unidos y desde allí fue enviado a hacer el servicio militar a Tailandia, pero sus protestas contra la prostitución infantil en el país asiático le valieron un nuevo destino en México. De allí pasó a vivir en Panamá durante tres años con los indios embera-wounaan. Y acabó contrayendo matrimonio con Jemia, natural del Sáhara occidental. Con ella escribió el libro Gente de las nubes.

Cuando, al respecto de este último dato, se le comenta la sensibilidad que hay en España hacia la cuestión saharaui, asegura ser “muy consciente de este problema”. “Pero no quiero pronunciarme sobre él, porque es muy complicado”, afirma. No obstante, recuerda que “viajé por la provincia colonial conocida como Río de Oro, y allí descubrí que la población local es completamente indiferente a la noción de nacionalidad. Son en su mayoría nómadas, y para ellos lo importante es cruzar la frontera. Es una gente que me atrae mucho, que cultiva la poesía oral… Incluso encontré en el archivo de la Embajada de España en París una colección de su poesía oral traducida por soldados españoles, que todavía no ha sido publicada. Esa es una de mis metas, publicar en Marruecos esa poesía escrita en hasanía y español”.

«Para mí, una persona que escriba en francés es francés, ya venga de Marruecos, del África Ecuatorial, India o Vietnam»

El Nobel levanta una ceja cuando se le comenta que, a pesar de la proximidad geográfica, buena parte de la literatura y de la cultura marroquíes que llegan a España lo hacen a través de Francia, y no cruzando el Estrecho de Gibraltar. “Tal vez nuestra relación con Marruecos sea más natural, sobre todo el Marruecos francófono. Para mí, una persona que escriba en francés es francés, ya venga de Marruecos, del África Ecuatorial, de la India o de Vietnam. Quizás sea ese uno de los motivos por los cuales no existe tanto ese vínculo con España. Quiero decir que para mí, la noción de nacionalidad es secundaria. Tengo dos nacionalidades, dos pasaportes, nací en Francia solo por casualidad. Lo que me importa es el lenguaje que uso para escribir, y la literatura que leo, que la mayor parte del tiempo es en francés… Pero fíjese, cuando era niño empecé a leer con El lazarillo de Tormes y con Don Quijote, y los leí pensando que eran libros franceses. Solo luego me enteré de que habían sido escritos por españoles”, agrega.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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