De Sarajevo a Kobani

 

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No soy de la generación de periodistas que se estrenó en Sarajevo. Llegué más tarde, en ese periodo de entreguerras de los noventa, cuando no había tiroteos a mano para hacerse un nombre, excepto la de Palestina que, de forma intermitente, siempre estaba ahí. Pero Sarajevo marcó una década: por lo imposible. Lo imposible de imaginar que una ciudad europea, de rica cultura, fuera masacrada a conciencia día tras días, sin que nadie movió un dedo para evitarlo. Dos años.

Kobani no es Sarajevo. Es apenas una ciudad kurda de 60.000 habitantes, en la frontera entre Siria y Turquía, sin biblioteca nacional y, que se sepa, sin sinagogas centenarias, aunque sí con algunas iglesias. Lleva bajo asedio sólo dos semanas. Eso sí: bajo asedio de una banda de cortacabezas que ha sido declarada enemigo de la humanidad por todos los países de los alrededores. De Washington a París y Ankara, hasta Teherán, Bagdad y, quién iba a decirlo, Damasco, todo el mundo dice estar de acuerdo que el llamado Estado Islámico de Iraq y Levante (yo seguiré llamándolo ISIL) es la mayor amenaza para la paz del mundo. Pero nadie mueve un dedo para impedir que esta banda ponga sitio a una ciudad kurda con el objetivo declarado – o al menos, el objetivo obvio, visto su historial – de masacrar a sus habitantes.

Desde que empezó la “ofensiva” estadounidense contra el ISIL, los yihadistas no han hecho más que avanzar

Nadie mueve un dedo, aunque la grandiosa coalición “antiyihadista” encabezada por Estados Unidos ha mandado algunos aviones a bombardear. Eso dicen. En realidad, los ataques aéreos no han cambiado las tornas en el frente de Kobani. “Tiran bombas, sí, pero nunca aciertan a los tanques”, observan todos los kurdos de Kobani con los que he hablado. Desde que empezó la “ofensiva” estadounidense, supuestamente dirigida contra el ISIL, los yihadistas – vamos a llamarlos así, a falta de una palabra mejor – no han hecho más que avanzar, de tomar una colina tras otra, hasta el punto de bombardear ya el centro de Kobani.

Y Turquía calla. Desde los muros de la fortificación militar turca de Mertismael, a cinco kilómetros al este de Kobani, se pueden escuchar no sólo el ladrido de las ametralladoras y las detonaciones de la artillería: también se puede ver a los yihadistas ir corriendo a lo largo de la vía del tren (una vía turca), parapetándose entre casas, lanzando ataques. Los militares turcos no intervienen: observan una estricta neutralidad.

Es una neutralidad ante el enfrentamiento entre una banda de asesinos y un pueblo de civiles. Los kurdos de Kobani han formado milicias, conocidas como YPG, sí, pero si alguna vez tuvo sentido el término de fuerzas de autodefensa, es aquí. En los tres años que llevan armados, no constan prácticamente agresiones a nadie; o pueden contarse con los dedos de una mano. Nada que justifique ponerlos en pie de igualdad con el ISIL, que parece empeñado en adornar su hoja de servicios con guirnaldas de cabezas cortadas. La neutralidad, aquí, es un crimen de guerra.

El Ejército turco no dispara contra el ISIL, pero la gendarmeria no duda en lanzar gas lacrimógeno contra los pueblos kurdos

Turquía sí los pone en pie de igualdad. Cuesta encontrar una sola referencia en la prensa en la que el primer ministro turco, y ahora presidente, Recep Tayyip Erdogan, haya siquiera utilizado el término “terroristas” para referirse al ISIL, una palabra que tan fácil le salió de los labios para referirse a los manifestantes del parque Gezi, en los días de Taksim. Por fin lo hizo, aparentemente por primera vez, el domingo pasado, en el Foro Económico Mundial… pero únicamente para quejarse de que el mundo no se alza de igual manera contra el PKK, la guerrilla kurda de Turquía, como se está alzando (de boquilla) contra el ISIL.

El PKK o las milicias de Kobani: para la prensa progubernamental, para los votantes de Erdogan, son la misma organización. Nadie duda de que efectivamente, el PYD, el partido kurdo de Siria del que dependen las YPG y el control de Kobani, tiene estrechas relaciones con el PKK; puede llamarse la rama siria del PKK. Traducido: para Erdogan, el enemigo no es ISIL, son los kurdos que están a la espera de ser masacrados, si Kobani cae.

No son sólo palabras: el Ejército turco no dispara contra el ISIL, pero la gendarmeria no duda un momento en lanzar densas salvas de gas lacrimógeno contra los pueblos kurdos del lado turco que hacen ademán de manifestarse contra los yihadistas, y a favor de sus hermanos del otro lado de la frontera.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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