«Si no hay diálogo, implantaremos en Turquía el modelo de Rojava»

Savas Amed

 
Savaş Amed (Montes Qandil, Ago 2015) |  © Karlos Zurutuza

Savaş Amed (Montes Qandil, Sep 2015) | © Karlos Zurutuza

Montes Qandil  (Kurdistán iraquí) | Septiembre 2015

Hay que remontarse muy atrás en el tiempo para encontrar un escenario como el actual en el bastión de la guerrilla kurda. Los bombardeos indiscriminados de la aviación turca son constantes, y los lugareños que no han huido al valle se miran en el “espejo” de sus televisores, contemplando las columnas de humo que se elevan sobre sus cabezas. También llegan imágenes desde Cizre, una ciudad kurda del sureste de Turquía, que lleva días sufriendo un brutal asedio a manos de las fuerzas de seguridad turcas. A continuación vemos saltar por los aires un blindado del Ejército turco en algún lugar del extremo oriental del Estado turco. A nadie escapa que la guerra ha vuelto a este rincón de Mesopotamia.

El habitual celo de la guerrilla para garantizar la seguridad tanto de los informadores como la de sus rangos más altos hacen que se reduzcan sustancialmente las posibilidades de entrevistar a estos últimos, y sólo ellos pueden hablar en nombre del movimiento. Por puro azar, nuestro camino se cruce con el de Savaş Amed, durante una parada técnica en su desplazamiento a través de la cordillera. Amed es miembro del Comité Ejecutivo del KCK, el movimiento kurdo del que forma parta el PKK.

«Se preveía dar pasos simultáneos hacia una autonomía kurda, y el PKK abandonaría la lucha armada»

Tras un cordial intercambio de saludos, el alto cargo accede a concedernos una entrevista para la que, avisa, no disponemos de mucho tiempo. El lugar elegido será una arboleda que ocultará nuestra presencia a los drones que sobrevuelan la zona. La escolta del guerrillero da la alerta cuando el recurrente zumbido de los aparatos no tripulados es sustituido por el de un caza-bombardero turco. Pasa de largo, el ambiente se relaja, ligeramente, y Amed aporta unos datos autobiográficos a petición nuestra. “No hay mucho que contar”, dice con una sonrisa. “Nací en Amed (Diyarbakir), tengo 43 años y he pasado 25 en las montañas”. El resto es historia, y sus renglones se siguen escribiendo.

El tratado de Dolmabahçe (ver anexo) de febrero pasado parecía apuntalar un proceso de paz tras dos años desde el alto el fuego unilateral decretado por ustedes. ¿Cómo se ha llegado a este punto?

En el tratado de Dolmabahçe, Ankara y el movimiento de liberación kurdo acordaron 10 puntos que incluían la democratización de Turquía y las reformas constitucionales. El acuerdo abría las puertas a una descentralización del Estado turco para posibilitar una autonomía kurda. Ambas partes acordaron dar pasos de forma simultánea hacia la resolución del conflicto y, una vez completado el proceso, el PKK abandonaría la lucha armada. A la semana de firmarse el acuerdo, (Recep Tayyip) Erdogan – presidente del Estado turco- rechazó todas las propuestas y el movimiento kurdo sufrió hasta 170 ataques entre marzo y las elecciones de junio.

Entre ellos el atentado de Diyarbakir, en el que murieron cinco personas el 5 de junio, dos días antes de las elecciones.

Erdogan pensó que tras aquella masacre podría aplazar las elecciones porque era consciente de que los resultados no le darían la mayoría para cambiar la Constitución, y así fue. El Partido Democrático de los Pueblos
(HDP) aglutinó no sólo a kurdos sino también muchos sectores de la sociedad turca que se sienten desplazados. El resultado fue tan espectacular que Erdogan vio una amenaza. Y luego se produjo la masacre de Suruç, donde murieron más de treinta jóvenes cercanos al movimiento kurdo. El mensaje de Erdogan era claro: todo aquel que busque una solución democrática será asesinado. Luego llegaron los ataques y asesinatos de civiles, el arresto de alcaldes y otros representantes kurdos… Erdogan ha provocado esta inestabilidad para poder decirle a la gente que, de no obtener la mayoría para cambiar la Constitución, la alternativa será el caos.

«Hay células del ISIL colaborando con las Fuerzas de Seguridad en suelo turco»

Pero Turquía les acusa de haber dinamitado el proceso con el asesinato de dos policías en Ceylanpinar el pasado mes de julio.

Aquel ataque no respondió a una orden directa del movimiento sino que fue llevado a título personal por patriotas kurdos en represalia por el ataque de Suruç.

¿Qué pruebas tienen ustedes de que Ankara estuviera tras los ataques de Diyarbakir y Suruç?

Si bien no tenemos pruebas directas del vínculo entre ellos y las Fuerzas de Seguridad, estamos convencidos de que éstas les allanaron el camino, lo mismo que hicieron con todos los yihadistas que han entrado en Rojava [Kurdistán sirio] desde territorio turco en los últimos años. Y no sólo están en Siria sino que hay células del ISIL colaborando con las Fuerzas de Seguridad en suelo turco. Tanto el suicida que atentó en Diyarbakir como el de Suruç eran de Adiyaman (Kurdistán turco). Ambos pertenecían al ISIL pero podían moverse libremente sin ser molestados, y con perfecto conocimiento del Ministerio del Interior turco. La policía incluso llegó a registrar el hotel donde se alojaba el asesino de Suruç pero no lo arrestó. Tras 40 años de lucha contra Ankara, sabemos de sobra que, con la tecnología actual, es imposible que tal cosa ocurra sin conocimiento de Turquía.

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Acerca del autor

Karlos Zurutuza
Periodista (Donostia, 1971). Ha trabajado en Iraq, Irán, Afganistán, Kurdistán, Siria, Pakistán y Libia, entre otros...

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