«Hace tiempo que trabajo para no ser de ninguna parte»

Miljenko Jergovic

 
Miljenko Jergovic (Zagreb, 2004) | © Robert Belosevic

Miljenko Jergovic (Zagreb, 2004) | © Robert Belosevic

Entre los escritores originarios de la antigua Yugoslavia que han venido asomando en el panorama editorial español en los últimos años, el nombre de Miljenko Jergovic merece un lugar destacado. Nacido en Sarajevo en 1966 y afincado desde 1993 en Zagreb (Croacia), este escritor y periodista ha logrado consolidar una obra más que estimable con títulos como Buick Rivera, La casa del nogal, Freelander o Ruta Tannenbaum, que le han valido galardones como el Erich Maria Remarque, el Grinzane Cavour o el premio Napoli, así como el premio de la Asociación de Escritores de Bosnia y Herzegovina.

En España vio la luz recientemente Volga, Volga, como los anteriores editado por Siruela. Una nueva demostración de pegada de un novelista en plena madurez, que indaga con su prosa en las viejas, y no tan viejas, heridas balcánicas. El autor aceptó responder a este cuestionario vía mail, cuyas respuestas han sido vertidas del serbocroata por los traductores de sus libros, Luisa Fernanda Garrido Ramos y Tihomir Pištelek, a quienes agradecemos su labor.

«El automóvil ha cambiado globalmente nuestra vivencia del espacio, nos ha hecho más libres»

En Freelander era un Volvo del 75, luego fue un Buick Rivera, ahora un Volga… ¿La historia de los Balcanes se cuenta bien como road movie?

No, no es el caso. Simplemente se trata de que al escribir estos libros me interesaba la relación entre el hombre y el coche. No es algo específico de los Balcanes, el automóvil ha cambiado globalmente nuestra vivencia del espacio, nos ha hecho más libres, y de alguna manera ha ampliado los espacios del escenario en el que se desarrolla el drama vital literario, teatral, cinematográfico o de cualquier otro tipo. Antaño nuestro mundo estaba determinado por la fuerza y resistencia de los caballos, luego por la ramificación del ferrocarril, y después, con la aparición del automóvil y la posibilidad de que cualquiera pueda convertirse en conductor, las fronteras de nuestro mundo se han desplazado mucho más allá de nuestros lugares de nacimiento, patria e idioma. Un hecho que por sí mismo ya es interesante.

Usted es bosnio por nacimiento y croata por residencia. ¿Le produce algún tipo de controversia esta dualidad, aparte de la necesidad de no olvidar sus dos pasaportes?

Existiría controversia si fuera diferente. Para mí el único estado natural es vivir en un lugar y en realidad ser originario de otro, igual que el hecho de que hoy día para los croatas soy bosnio, y para los bosnios, croata. Es bueno ser de ninguna parte. Yo hace tiempo que trabajo para no ser de ninguna parte.

Lingüísticamente, ¿siente también que cruza alguna frontera entre el croata y el bosnio, o todo es un mismo territorio?

«Yugoslavia no ha desparecido, ni desaparecerá mientras sigamos vivos los que la recordamos»

El serbio y el croata son dos idiomas que se diferencian entre sí mucho menos que, digamos, el alemán y el inglés dentro de ellos mismos. O de lo que se diferencia el español teniendo en cuenta si el que lo escribe o lo habla es un hispanohablante cuya patria es Madrid, Lima, Buenos Aires o Texas. Yo trato en mi literatura el serbio y el croata como un idioma. De las dos variantes cojo lo que necesito.

Le oí decir en una entrevista que Yugoslavia no había desaparecido del todo. ¿En qué sentido lo siente así?

Yugoslavia no ha desparecido, ni desaparecerá mientras sigamos vivos los que la recordamos. Y luego vivirá como un fantasma del recuerdo en las generaciones que nacieron después de su desintegración. ¿Acaso usted cree que ha desaparecido la España de Franco? Por supuesto que no. Yugoslavia existió alrededor de setenta años, Franco gobernó aproximadamente treinta y cinco. Observándolo desde la perspectiva de la memoria y de la vida humana se trata de grandes fragmentos temporales que no se borran tan fácilmente. Además para eso está la literatura, para mantenerlos vivos incluso cuando tengamos la sensación de que ya no existen.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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