El revoltoso funeral

 

opinion

 

Shimon Peres lo habría disfrutado. Una batalla pública sobre su funeral.

Los miembros árabes de la Kneset no han asistido. ¿Y qué?

Yo tampoco fui. Nunca nos gustamos uno al otro, y mi asistencia hubiera sido pura hipocresía. No me gusta la hipocresía.

Los miembros de la Lista Común en la Kneset decidieron boicotear el evento. Acusaron a Peres de haber dedicado la mayor parte de su vida a luchar contra los árabes en general y los palestinos en particular.

(La Lista Común está compuesta por tres partidos árabes, que mayormente se odian unos a otros. Se han visto obligados a unir sus fuerzas en el Parlamento por una ley promovida por Avigdor Lieberman, el ministro de extrema derecha (algunos dirían fascista), que elevó el umbral electoral para entrar en la Kneset. Por lo tanto, se trata de una lista común, no una lista unida).

Esta decisión de boicotear el funeral despertó una tormenta de protestas entre los diputados judíos. ¿Cómo se atreven? ¡Boicotear la muerte de Peres es como boicotear a Israel! ¡Deberían ser expulsados de la Kneset! ¡Hagamos que todos los demás diputados salgan de la sala cuando ellos hablen! (Es curioso que nadie haya propuesto todavía meterlos en la cárcel).

Pero la parte más interesante de este asunto fue que se desató el debate entre los árabes. Algunos ciudadanos árabes denunciaron la decisión de la Lista Común. Otros les acusaron inmediatamente de ser “buenos árabes”, un calificativo despectivo para los árabes a los que les gusta ser queridos por los miembros de la mayoría judía, algo así como “Tío Tom” para los negros de EEUU.

Todavía siguen debatiendo. Esto toca los mismísimos fundamentos de la existencia de la minoría árabe-palestina en Israel, que representa aproximadamente el 20% de la población.

Todo esto me lleva de nuevo a mi infancia temprana.

¿Qué son? ¿Israelíes? ¿Árabes? ¿Palestinos? ¿Todo esto junto? ¿Nada de ello?

Viví nueve años y medios en la Alemania democrática de la “República de Weimar”, y otro medio año en la Alemania nazi. Éramos “los alemanes judíos”. Es decir: alemanes en todos los aspectos, judíos solo por la religión.

En la práctica significaba que éramos alemanes, pero un tipo diferente de alemanes, que pertenecíamos (a la sociedad) pero no del todo, que éramos al mismo tiempo parte de alguna comunidad mundial llamada el “pueblo judío”.

Recuerdo mucho un evento importante en mi vida: una ceremonia patriótica en la escuela de secundaria, un tiempo después de que los nazis llegaran al poder. Todo el colegio estaba reunido en el Aula (salón de actos) y al final todos se levantaron a cantar el himno nacional y el de los nazis. Ya que yo era un alumno de la clase de principiantes y además más joven que todos los demás alumnos de mi clase, yo era el chico más pequeño de la escuela. También era el único judío.

Sin pensarlos, yo también me levanté como todos los demás, pero no levanté el brazo para el saludo nazi ni tampoco canté, como hicieron los demás. Un niño pequeño entre cientos más grandes.

Cuando terminó, algunos de los chicos mayores me amenazaron con graves consecuencias si volvía a hacer eso. Afortunadamente, nos fuimos a Palestina unos días más tarde.

Ese pequeño incidente puede ayudarme de alguna manera a entender los sentimientos de los ciudadanos árabes de Israel.

¿Qué son? ¿Israelíes? ¿Árabes? ¿Palestinos? ¿Árabes israelíes (un término que odian)? ¿Palestinos ciudadanos de Israel (como muchos prefieren hacerse llamar ahora)? ¿Todo esto junto? ¿Nada de ello?

1 2 3Página siguiente

 
 

Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

Etiquetas

, ,

Artículos relacionados

El revoltoso funeral
 
 

1 comentario

  1. lo que el autor finge no entender: …con una pequeña diferencia. los judíos de alemania, o de donde fueran, nunca plantearon la “destrucción” del país en el que vivían.

 
 

Deja un comentario