¡Dios mío, Trump!

 

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Trump presidente. Todavía estoy en estado de shock. Pero más me vale ir asimilándolo.

Estas no son unas elecciones estadounidenses más. He visto muchas a lo largo de mi vida. Algunas tuvieron resultados que me gustaron, otras no.

Pero estas son totalmente diferentes. Esto es un terremoto que cambia la imagen del planeta.

¿Cómo ha pasado? ¿Por qué? Y… ¿Por qué ha sido completamente inesperado?

Fue imprevisto gracias a este culto pagano de las encuestas.

Como escribí la semana pasada, antes de que ocurriera, estas encuestas me recuerdan al arte romano de adivinar el futuro a partir de las entrañas de los animales y el más moderno arte de los astrólogos.

Hasta donde puedo recordar, las encuestas siempre se han equivocado. De vez en cuando, una encuesta daba en el clavo, como un reloj roto que marca la hora correcta dos veces al día. Se aplaudía entonces esta encuesta, hasta la siguiente vez, cuando se volvía a equivocar, como todas las demás veces.

Esto es así en Israel, en EEUU y en el mundo entero.

Una encuesta da en el clavo, como un reloj roto que marca la hora correcta dos veces al día

Así que, ¿volverán a recurrir los medios a las encuestas en las próximas elecciones? Por supuesto. No tienen elección. Las encuestas proporcionan valoraciones. Generan suspense. En lugar de emitir solo los discursos aburridos y repetitivos, los sondeos provocan entusiasmo. Sus altibajos llenan los espacios de los periódicos y los medios audiovisuales.

En resumen, las encuestas son creadas por los medios, para los medios. No significan nada. Cuando se conocen los verdaderos resultados, nos olvidamos de ellas hasta nuevo aviso, cuando las encuestas aparecen otra vez como si nada hubiera sucedido.

¿Qué pasa? Bueno, pues que casi todo el mundo le miente a los encuestadores. Era humillante para un votante admitir que iba a votar por Trump, la ridícula opción de la multitud ordinaria, en lugar de votar por la excelente candidata de la élite.

Para obtener algo parecido a los resultados reales, un encuestador tiene que pasar al menos una hora con cada uno de los encuestados, haciéndole preguntas sobre cuestiones cruciales, tales como el empleo, las armas, la élite, etc. E incluso así, uno no puede estar tan seguro.

No estoy escribiendo esto con la esperanza de que la gente se ría la próxima vez que vea las encuestas. Sin los sondeos, ¿cómo van a pensar que saben quién va a ganar?

No sabemos quién es realmente Trump, ni lo que va a hacer durante los próximos cuatro años. Solo conocemos al Trump de las elecciones: una persona desagradable, un megalómano, un mentiroso, un ignorante. Y algunos añadirían: un protofascista.

Ya lo dijo Goebbels: “Debemos apelar nuevamente a los instintos más bajos de las masas”

En vísperas de las últimas elecciones libres de la Alemania pre-Hitler, Joseph Goebbels, el cerebro de la propaganda moderna, escribió en su diario: “Debemos apelar nuevamente a los instintos más bajos de las masas”.

Este podría ser perfectamente el lema de todos los movimientos fascistas en el mundo. Desde luego fue el lema de Donald Trump durante su campaña.

Los instintos más bajos de las masas los llevan a odiar a los extranjeros, a los miembros de las minorías, a los sexualmente distintos, y sobre todo a las “élites” generalmente ubicadas en la capital de la nación. Esos instintos les llevaron a creer en teorías de la conspiración, cuanto más salvajes mejor. Les llevaron a creer que hay fuerzas oscuras en acción, debilitando a nuestro adorable país, apuñalando por la espalda a nuestros soldados heroicos.

En cada país hay gente que cree vehemente en este tipo de tonterías. Que confía en su líder. Que odia a sus enemigos. Que quiere que su país sea grande otra vez. ¡Deutschland erwache! (¡Alemania despierta!)

En tiempos “normales”, estos elementos vegetan en las esquinas. Apenas se escuchan sus voces en los medios de comunicación y en el Parlamento. Pero, a veces, en algún lugar, la escoria sube a la superficie. Y eso es lo que ha ocurrido ahora en Estados Unidos.

¿Por qué? ¿Por qué ahora?

Algunos dirían: debido a la personalidad auténtica de Donald Trump. La mezcla única de megalomanía, teatralidad y apelación a las masas. Esto es correcto, pero no suficiente para explicar este fenómeno.

Los Estados Unidos sensatos se mearon encima y ya nadie se burla del payaso

Hay Trumps en todas partes y en cualquier momento. Van y vienen sin dejar rastro. ¿Por qué este preciso Trump? ¿Qué hace que este Trump sea tan especial?

Al principio provocó burlas, al igual que otros demagogos, que fueron considerados payasos políticos durante años, antes de que causaran desastres incalculables. Esta semana no hubo ninguna burla cuando los Estados Unidos sensatos se mearon encima. El payaso puede convertirse en un monstruo.

¿Por qué? ¿Por qué ahora?

El movimiento popular que ha surgido alrededor de Trump se parece a la erupción de un volcán. Viene de las profundidades de la tierra.

Esto no es simplemente un movimiento político organizado por un político inteligente. Es un fenómeno natural, una emoción en masa, una expresión de profundos temores y anhelos.

Creo que está provocada por el hecho de que la sociedad humana ha cambiado, dejando detrás en la miseria y la desesperación a las masas de gente desorientada.

La globalización ha cambiado las condiciones de vida de miles de millones, para bien o para mal. Los patrones de producción y comercio son irreconocibles. Es como un terremoto: las montañas se convierten en valles, y los valles se convierten en montañas.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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