Acordaos de Nabot

 

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Ahora mismo se está debatiendo en Jerusalén un increíble instrumento legislativo.

El país está entretenido con un asentamiento conocido como Amona. Allí, en las profundidades de los territorios ocupados, unas pocas decenas de familias judías han decidido plantar un asentamiento ilegal, ilegal incluso bajo la ley israelí, así que ya ni digamos bajo el derecho internacional.

El problema está en que no se tomaron la molestia de averiguar a quién pertenece la tierra en la que se asentaron. Y resulta que es propiedad privada de unos campesinos árabes. El Tribunal Supremo israelí ordenó a los colonos abandonar el sitio.

Los amonitas juraron resistencia “pasiva”. Esto significa bebes lloricas, chicas chillonas…

¿Expulsar a los judíos? ¡Habrase visto! Los amonitas juraron resistencia “pasiva”. Esto significa convocar a decenas de miles de colonos de todos los territorios palestinos ocupados para que entren en escena. Eso significa bebes lloricas, chicas chillonas, jóvenes violentos empujando a soldados desconcertados (muchos de los cuales son también colonos), hombres portando una estrella amarilla de la época nazi, mujeres haciéndose cargo de sus muchos críos lloriqueando, cámaras en masa. Horrible.

Así que, como la fecha fijada para la evacuación está cada vez más cerca y el tribunal se niega a aprobar otro aplazamiento –después de años de toma y daca legal-, el Gobierno ha encontrado una solución: los colonos de Amona se moverán unos cien metros para aterrizar en una parte de la misma colina pero que no pertenece oficialmente a particulares.

A cambio de este favor de los colonos, el Gobierno promete promulgar una “ley de legitimación”, un puro invento del genio legal. Dice que varias decenas de lugares, a lo largo de Cisjordania, donde se han establecido otros asentamientos en propiedad privada palestina, la tierra simplemente será expropiada y los dueños legítimos recibirán una compensación por ello.

En resumen: un acto descomunal de robar la propiedad de personas privadas, que son árabes palestinos, para “legitimar” los asentamientos de judíos fanáticos de extrema derecha.

Cuando leí el texto del proyecto de ley, me acordé de una frase de la Biblia que siempre me ha desconcertado.

Está en Éxodo (12). Cuando Faraón finalmente permitió a los Hijos de Israel abandonar Egipto, después de las terribles plagas, hicieron algo extraordinario.

“Los hijos de Israel… tomaron prestados de los egipcios joyas y los despojaron”

“Y los hijos de Israel… tomaron prestados de los egipcios joyas de plata y joyas de oro y vestidos… y despojaron a los egipcios”.

Dado que los Hijos de Israel se fueron para siempre, “pedir prestado” significaba robar. Y no de Faraón y del Estado, sino de la gente común, sus vecinos.

Actualmente, hay un consenso general entre los expertos de que el éxodo nunca sucedió realmente, y que la historia se escribió unos mil años después del supuesto suceso. Pero, ¿por qué un escritor atribuía a sus antepasados un comportamiento tan horroroso? Y especialmente cuando nunca ocurrió?

La única respuesta que puedo imaginar es que los escritores y editores de la época no vieron nada horrible en la historia. Engañar y saquear a los que no son israelíes era algo estupendo.

También está bien ahora para los colonos y el Gobierno de Israel.

(¿Cómo sabemos que la historia del éxodo fue inventada mucho más tarde? Entre otras indicaciones, porque los lugares egipcios mencionados en la historia ni siquiera existían en la época del Moisés imaginario, sino que existían en los tiempos de los Macabeos, muchos siglos más tarde, cuando el texto fue escrito).

Otro capítulo de la Biblia es aún más pertinente a los acontecimientos presentes. Es un texto que cada estudiante israelí aprende en su adolescencia. En el original hebreo es de exquisita belleza literaria, aparte de su poder moral abrumador.

Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres

Relata (en 1 Reyes 21) que…

Nabot de Jezreel tenía una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria.
Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero.
Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres.
Y vino Acab a su casa triste y enojado… Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está tan decaído tu espíritu?

La mujer de Acab se encargó del asunto, ordenó a los Ancianos de Samaria de hacerle un juicio a Nabot con acusaciones falsas y lo hizo lapidar hasta la muerte.

A Dios todopoderoso esto no le gustó en absoluto. Envió a su profeta Elías que se dirigió a Acab y le dijo: ¿No mataste, y también has despojado?… En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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