No todo está cumplido

 

opinion

 

Resulta difícil, casi doloroso escribir estas palabras. Es como si la realidad no lo fuera tanto hasta que se convierte en tinta… o en bits. Como si aún se pudiera hacer algo al respecto. Pero una vez escrito… ya está, todos pueden verla, es la realidad viniendo a estrellarse contra nuestra idea de cómo debe ser el mundo: justo, equitativo… Es como un puñetazo en el estómago que te roba el aliento y al tiempo te recuerda quién gobierna el mundo… y cómo.

Una vez en el papel no habrá marcha atrás. He de hacerlo. Lo haré; pero sólo cuando no quede más remedio, si me lo permiten. Cuando haya recordado cómo y por qué cosas como la de hoy no pueden impedirnos como individuos seguir creyendo que podemos construir el mundo que queremos y no el que nos brindan.

Aquel enero de 2011, miles de almas gritaban Pan, Libertad, Justicia Social

Por dónde empezar. Quizá por el principio. Aquel enero de 2011 cuando miles de almas gritaban Pan, Libertad, Justicia Social. Así, con mayúsculas. Desde el más humilde al acomodado. Un clamor que movió no sólo los cimientos de un país anclado en dictaduras militares desde 1952. Un grito que despertó las conciencias de Oriente Próximo e inspiró a Occidente a creer que los árabes compartían esas ansias democráticas que ellos sólo han intentado instaurar avivando conflictos que han devenido en lo que ahora observamos con una distancia soez: países desmembrados, dictadores, más guerras, más muertes, menos libertades…

Esas palabras a las que tanto les cuesta aterrizar han dejado sin aliento a Egipto hoy, aunque pocos han mudado el gesto. Los acucian problemas más inmediatos, como los recortes económicos, la devaluación de la moneda que se cotiza 18 a uno frente al euro, casi un 120 por ciento más que hace siete años. La noticia de que el precio del metro sube hoy en El Cairo de 1 a dos libras les quitará más el sueño que ese urgente que empezaba a recorrer las cabeceras de las webs de los medios egipcios a media mañana de ayer. Aún no lo diré.

La sociedad civil agoniza bajo nuevas leyes que la atan de pies y manos, la amordazan

Hace tiempo que ese clamor que mantuvo en las calles a los egipcios hasta 2013 no se oye en las calles. Lo han silenciado mediante la tortura, desapariciones forzosas, condenas a muerte y detenciones. Hay más de 60.000 prisioneros políticos, periodistas (como Shawkan), activistas de derechos humanos. La sociedad civil agoniza bajo nuevas leyes que restringen sus movimientos; que la atan de pies y manos; que la amordazan. La Ley antiprotesta ha llevado a jóvenes como Alaa Abdel Fatah a prisión.

Pero el nuevo régimen aún quiere más. Abyecto como ni siquiera lo fue su predecesor, el régimen del presidente Abdelfatah Sisi teme más a las ideas que a los individuos y, no contento con encerrar los cuerpos de aquellos que le desafían, también quiere limitar sus mentes. Su última prohibición impide a Alaa el acceso a sus libros. Aún debe cumplir la mitad de su condena de cinco años. Una mente brillante, inspiradora, confinada por las fobias de un dictador. Una vez alguien me dijo que el régimen teme más a Alaa y lo considera más peligroso que los Hermanos Musulmanes a los que persigue, encierra y condena a muerte, porque Alaa Abdel Fatah representa todos los principios y valores que ninguno de ellos tiene (ni el régimen ni la Hermandad): la Libertad, la Justicia Social y la Democracia. Yo añadiría la integridad.

Los corresponsales conviven con la limitación de no poder trabajar sin el acoso de la policía

Mientras, el fundador del Movimiento 6 de Abril, Ahmed Maher, sobrevive al tercer grado penitenciario obligado a pasar el día en una comisaría cercana a su domicilio. Obligándolo a permanecer alejado del mundo, de la política, del pensamiento. Otros, como el abogado Gamal Eid, fundador de la Red Árabe para la defensa de Derechos Humanos, tienen prohibido viajar fuera del país y congelados sus activos. Su organización ha tenido incluso que cambiar de oficina para tratar de disminuir la presión policial sobre los trabajadores que constantemente sufren intentos de hackeo en sus cuentas de correo o son investigados. El Centro Nadeem, el único que trabajaba para la rehabilitación de víctimas de tortura, ha sido cerrado por orden judicial cuando es más necesario.

Los corresponsales extranjeros conviven con la limitación de no poder hablar, no poder trabajar sin el acoso de la policía, siempre bajo vigilancia y cuidando de no vulnerar la Ley Antiterrorista que podría llevarlos a la cárcel si se considera que lo que publican es una amenaza para la seguridad de Egipto. El espacio para la interpretación es muy amplio. Y está también ese organismo, FactcheckEgypt, que llama cuando el periodista publica algo para ponerlo en cuestión o desmentirlo y forzarlo a ceñirse a la versión oficial. El gran Hermano siempre vigilando.

1 2Página siguiente

 
 

Acerca del autor

Nuria Tesón
Periodista y escritora (Zamora, 1980). Vive en El Cairo.
Tesón ha trabajado para varios medios españoles en...

Etiquetas

, , ,

Artículos relacionados

No todo está cumplido
 
 

0 Comentarios

Sé el primero en dejar un comentario.

 
 

Deja un comentario