Los últimos seis judíos

 
Una tora en una sinagoaga de El Cairo (2016) | | © Alicia Alamillos

Una tora en una sinagoaga de El Cairo (2016) | | © Alicia Alamillos

El Cairo | Marzo 2016

 

Hace tiempo que la menorá de la sinagoga Sha’ar Hashamayim dejó de tener velas encendidas. Ahora Samir -musulmán-, el ‘hombre para todo’ que cuida y mantiene limpio el templo, las enciende durante un momento para el visitante. El resto del tiempo, la “Puerta del cielo”, un imponente y mastodóntico edificio de color gris azulado en el centro del Cairo, permanece cerrado y vacío, incluso en shabbat, el día santo de la religión judía.

Apenas quedan ya judíos egipcios que enciendan las velas o lean las plegarias de la Torá en las sinagogas que, eso sí, siguein existiendo en todo el Cairo, pero abandonadas. Es una crónica de una extinción anunciada: solo seis judíos egipcios permanecen en el país que en un momento de su historia se vanaglorió de la mezcla de culturas y la convivencia pacífica entre las tres religiones monoteístas.

La comunidad judía de Egipto ya no celebrará más bodas ni bautizos, solo funerales

“No hay nada que hacer. En dos o tres años ya no quedarán otros judíos egipcios. Soy como un último dinosaurio”, comenta Magda Haroun, presidenta a sus más de sesenta años de la comunidad judía en Egipto. El resto de los miembros son ancianas de más de ochenta años, que viven repartidas entre El Cairo y Alejandría. El último hombre murió a finales de los 90, los demás habían abandonado el país. Esta comunidad ya no celebrará más bodas ni bautizos, solo funerales.

“Soy la más joven de los judíos egipcios que quedan, y espero ser la última”, dice Haroun. Mientras las demás mujeres, muchas de ellas enfermas, viven solas y se reúnen de vez en cuando o se llaman por teléfono como viejas amigas, sobre Magda pesa una ingrata labor: no puede hacer nada por revertir la desaparición física de los judíos egipcios, pero quiere salvar su historia.

Llegaron a ser más de 75.000 al final de la década de los 40, un colectivo que participó, junto a musulmanes y cristianos, en la construcción de la nación egipcia en ámbitos tan diversos como el comercio, la política, la arquitectura o las artes. Tras la creación del Estado de Israel, el acoso del Gobierno hacia los judíos egipcios, considerados como potenciales traidores a la patria, forzó un éxodo que ha terminado acabando con esta comunidad. Fueron víctimas accidentales de las políticas de la región. Y la agonía ya no es reversible.

Sefardíes, asquenazíes… todos encontraron un refugio en Egipto, una “tierra de oportunidades” donde ya existía de toda la vida una comunidad judía local, es decir mizrají. Los sefardíes, tras ser expulsados de España en 1492, mientras que los asquenazíes llegaron tras la Primera Guerra Mundial, con el aumento del antisemitismo en Europa del Este.

“Los vecinos, musulmanes o cristianos, venían a casa a compartir nuestras fiestas”

Según señala el profesor Joel Beinin, de la Universidad de Stanford, en su libro ‘La dispersión de los judíos egipcios’, las cifras totales de los que llegaron a vivir en Egipto no son claras, pues muchos judíos, al igual que los inmigrantes armenios, italianos o franceses, mantuvieron sus pasaportes originales o declinaron el papeleo de pedir la nacionalidad egipcia, en aquel momento bajo control técnico de la corona británica. Muchos otros se mantuvieron apátridas, pese a considerarse a sí mismos judíos en la religión y cultura, y egipcios en su nacionalidad: judíos egipcios. En 1937, el censo contó 65.000, pero para 1947 eran ya 75.000, cifra que algunos historiadores alzan hasta los 85.000.

La familia Haroun vivía en el barrio de Wust el Balad, o “Downtown”, es decir en el centro del Cairo. La madre de Magda era francesa, pero su padre era judío nacido en Egipto, así como el padre de su padre y el del padre antes que él. Los Haroun compartían edificio con familias musulmanas, a los que iban a felicitar la celebración de la cena del ramadán, y con alguna familia cristiana, con la que celebraban la Navidad. “Y los vecinos, musulmanes o cristianos, venían a casa a compartir nuestras fiestas también”, recuerda.

Sin embargo, tras la creación del Estado de Israel en 1948, la revolución de los Oficiales Libres egipcios contra la monarquía del Rey Faruq en 1952 , así como las posteriores guerras arabe-israelíes, la familia de Magda fue yéndose. Ella creció sin primos, sin abuelos. “Por un motivo u otro, todos se fueron”.

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Acerca del autor

Alicia Alamillos

@Ali_Arena

Periodista (Córdoba, 1992). Tras pasar por la mesa Internacional de ABC y...

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