¿Cui bono?

 

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Cui bono – “quién se beneficia” – es la primera pregunta que un detective experimentado hace al investigar un crimen.

Ya que yo mismo fui detective durante un breve periodo en mi juventud, conozco el significado. A menudo, la primera y más obvia sospecha es falsa. Te preguntas a ti mismo “cui bono”, y otro sospechoso, en el que no habías pensado, aparece.

Desde hace dos semanas, esta pregunta ha estado perturbándome. No me abandona.

En Siria se ha cometido un terrible crimen de guerra. Han atacado con gas tóxico a la población civil de una ciudad controlada por los rebeldes, Idlib. Decenas de civiles, entre ellos niños, tuvieron una muerte horrible.

¿Quién podría hacer una cosa así? La respuesta era evidente: ese terrible dictador, Bashar al-Asad. ¿Quién si no?

Y así, en pocos minutos (literalmente) el New York Times y una gran cantidad de excelentes periódicos por todo Occidente proclamaron sin titubear: ¡Asad lo hizo!

Sin necesidad de ninguna prueba. Sin investigación. Era simplemente evidente. Naturalmente Asad. En cuestión de minutos, todo el mundo lo sabía.

Trump predicaba que EE UU no debería involucrarse en Siria, y se retractó de repente

Una tormenta de indignación se extendió por todo el mundo occidental. ¡Debe ser castigado! El pobre de Donald Trump, que no tiene ni idea, cedió ante las presiones y ordenó un insensato ataque con misiles en un aeródromo sirio, después de predicar durante años que Estados Unidos no debía involucrarse en Siria bajo ninguna circunstancia. De repente, se retractó. Sólo para enseñarle a ese cabrón una lección. Y para mostrarle al mundo qué machote, él, Trump, es en verdad.

La operación fue un gran éxito. De la noche a la mañana, el despreciado Trump se convirtió en un héroe nacional. Incluso los liberales le besaron los pies.

Pero de principio a fin, esa pregunta seguía angustiándome. ¿Por qué lo hizo Asad? ¿Qué tenía que ganar?

La respuesta es sencilla: nada. Absolutamente nada.

(“Asad” significa “león” en árabe. Contrariamente a lo que parecen creer los expertos y los estadistas occidentales, el acento recae en la primera sílaba).

Con la ayuda de Rusia, Irán y Hizbulá, Asad está ganando lentamente la guerra civil que ha estado asolando Siria durante años. Ya casi tiene todas las ciudades importantes que constituyen el núcleo de Siria. Tiene suficientes armas para matar a tantos enemigos civiles como le de la gana.

Entonces, ¿por qué, por la gloria de Alá, usaría él gas para matar a unas cuantas docenas más? ¿Por qué despertar la ira de todo el mundo, invitando a la intervención norteamericana?

No hay forma de negar la conclusión: Asad no sacaba ningún beneficio de ese crimen atroz. En la lista de “cui bono”, él es el último.

Estados Unidos quiere destruir a Daesh y por lo tanto bombardea a Asad. Una broma.

Asad es un dictador cínico, quizás cruel, pero está lejos de ser un tonto. Fue criado por su padre, Hafez al-Asad, quien fue dictador durante mucho tiempo antes que él. Incluso si fuera tonto, entre sus asesores se encuentran algunas de las personas más listas sobre la faz de la tierra: Vladimir Putin de Rusia, Hassan Rouhani de Irán, Hassan Nasrallah de Hizbulá.

Entonces, ¿quién tenía algo que ganar? Bueno, media docena de sectas y milicias sirias que están luchando contra Asad y entre ellas en esta guerra civil de locos. También sus aliados árabes suníes, los saudíes y otros jeques del Golfo. E Israel, por supuesto. Todos ellos tienen un interés en levantar al mundo civilizado en contra del dictador sirio.

Pura lógica.

Un acto militar debe tener un objetivo político. Como bien dijo Carl von Clausewitz hace 200 años: la guerra es la continuación de la política por otros medios.

Los dos principales adversarios en la guerra civil siria son el régimen de Asad y Daesh. Así que, ¿cuál es el objetivo de EE.UU.? Suena a broma: Estados Unidos quiere destruir a ambos bandos. Otra broma: primero quiere destruir a Daesh y por tanto, bombardea a Asad.

La destrucción de Daesh es extremadamente deseable. Hay pocos grupos más detestables en el mundo. Pero Daesh es una idea, más que una simple organización. La destrucción del Estado del Daesh dispersaría a miles de consagrados asesinos por todo el mundo.

(Curiosamente, los hashashin (asesinos) originales, hace unos 900 años, eran musulmanes fanáticos muy parecidos a Daesh ahora).

Los propios peones de Estados Unidos en Siria son una lástima, están casi vencidos. No tienen ninguna posibilidad de ganar.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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