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Hacer daño a Asad ahora sólo significa prolongar una guerra civil que es ahora incluso más absurda que antes.

Para mí, un periodista profesional la mayor parte de mi vida, el aspecto más deprimente de todo este capítulo es la influencia de los medios estadounidenses y occidentales en general.

Leo el New York Times y lo admiro. Sin embargo, destrozó todos sus estándares profesionales publicando una suposición no demostrada como una verdad absoluta, sin necesidad de verificación. Tal vez Asad sea culpable después de todo. Pero, ¿dónde está la prueba? ¿Quién lo ha investigado y cuáles fueron los resultados?

Peor aún, la “noticia” inmediatamente se convirtió en una verdad mundial. Muchos millones la repiten irreflexivamente como obvia, como que el sol sale por el este y se pone por el oeste.

No se planteó ninguna pregunta. No se exigió ni se proporcionó ninguna prueba. Muy deprimente.

Volviendo al dictador. ¿Por qué Siria necesita un dictador? ¿Por qué no es una bella democracia al estilo estadounidense? ¿Por qué no acepta con gratitud el “cambio de régimen” ideado por los Estados Unidos?

La dictadura siria no es un fenómeno accidental. Tiene raíces muy concretas

La dictadura siria no es un fenómeno accidental. Tiene raíces muy concretas.

Siria fue creada por Francia después de la Primera Guerra Mundial. Más tarde, una parte de ella se separó y se convirtió en Líbano.

Ambas son creaciones artificiales. Dudo que aún existan auténticos “sirios” y auténticos “libaneses”.
Líbano es un país montañoso, ideal para las pequeñas ramas religiosas que necesitan defenderse. A lo largo de los siglos, muchas confesiones pequeñas encontraron refugio allí. Como resultado, Líbano está lleno de tales confesiones, las cuales desconfían entre ellos: musulmanes suníes, musulmanes chiíes, cristianos maronitas, muchas otras confesiones cristianas, drusos y kurdos.

Siria es más de lo mismo, con la mayoría de las mismas confesiones y la incorporación de los alauíes. Estos, como los chiíes, son seguidores de Ali Ibn Abi Talib, primo y yerno del profeta (de ahí el nombre). Ocupan un territorio en el norte de Siria.

Ambos países tenían que inventar un sistema que permitiera convivir a entidades tan diversas y recelosas entre sí. Encontraron dos sistemas diferentes.

En Líbano, con un pasado de muchas guerras civiles brutales, inventaron una forma de compartir. El presidente es siempre maronita, el primer ministro, suní; el comandante del ejército, druso; y el portavoz del parlamento, chií.

Cuando Israel invadió Líbano en 1982, los chiíes del sur ocupaban el peldaño más bajo de la escalera. Dieron la bienvenida a nuestros soldados con arroz. Pero pronto se dieron cuenta de que los israelíes no habían venido sólo para derrotar a sus autoritarios vecinos, sino que pretendían quedarse. Así que los humildes chiíes empezaron una campaña de guerrillas muy exitosa, en el transcurso de la cual se convirtieron en la comunidad más poderosa de Líbano. Están liderados por Hizbulá, el “Partido de Dios”. Pero el sistema aún se sostiene.

Los sirios encontraron otra solución. Se sometieron voluntariamente a una dictadura, para unir al país y asegurar la paz interna.

La Biblia nos dice que cuando los hijos de Israel decidieron que necesitaban un rey, escogieron a un hombre llamado Saul que pertenecía a la tribu más pequeña, Binyamin. Los sirios modernos hicieron prácticamente lo mismo: se sometieron a un dictador de una de sus tribus más pequeñas: los alauíes.
Los Asad son gobernantes laicos y antirreligiosos, todo lo contrario al fanático y asesino Daesh. Muchos musulmanes creen que los alauíes no son musulmanes en absoluto. Desde que Siria perdió la guerra de Yom Kippur contra Israel, hace 44 años, los Asad han mantenido la paz en nuestra frontera, aunque Israel ha anexionado los Altos del Golán sirio.

La guerra civil en Siria continúa todavía. Todo el mundo está luchando contra todo el mundo. Los diversos grupos de “rebeldes”, creados, financiados y armados por los Estados Unidos, están ahora en malas condiciones. Hay varios grupos rivales de yihadistas y todos ellos odian al Daesh yihadista. Hay un enclave kurdo que quiere separarse. Los kurdos no son árabes, pero son en su mayoría musulmanes. Hay enclaves kurdos en la vecina Turquía, Iraq e Irán, cuya mutua hostilidad les impide hacer causa común.

Y está el pobre e inocente Donald Trump, quien ha jurado no involucrarse en todo este lío, y quien está haciendo justo eso.

Un día antes, la mitad del pueblo americano, incluyendo la mayoría de los medios, despreciaban a Trump. Sólo por lanzar algunos misiles se ha ganado la admiración general como un líder contundente y sabio.

¿Qué dice eso del pueblo americano y de toda la humanidad en general?

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 15 Abr 2017 | Traducción del inglés: Miriam Reinoso

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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