Una batalla de mentes

 

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Han pasado seis años desde aquel decisivo día del 25 de enero, un día que cambió Egipto.
Hace dos años, cuando Egipto comenzaba a desplomarse visiblemente en un estado terrible, la gente empezó a preguntarse: “¿Mereció la pena?” La pregunta perdura sin una respuesta definitiva hasta el día de hoy.

¿Cómo llegamos a este estado? Tras haber presenciado los acontecimientos que condujeron a este momento determinado, ya no puedo ofrecer un análisis político de la situación sin tener en cuenta los cambios psicológicos que afectaron a los diversos sectores de la sociedad egipcia.

Los cambios más significativos que han tenido lugar en los últimos años estaban dentro de la mente de las personas, más que en la política; tanto los políticos como los económicos. Las creencias y las emociones de la gente constituyen sus motivaciones, las cuales dan forma al escenario político actual. Los impulsos del pueblo son resultado de sus cambios mentales y emocionales. La resistencia al statu quo procede de la mente, al igual que la aceptación.

Esta es la batalla que vemos hoy frente a nosotros, una batalla de mentes y voluntad.

La semilla

Hace seis años, cuando el pueblo tomó las calles para manifestarse, no era plenamente consciente de cuán profunda era la madriguera de conejo. No era consciente del nivel de corrupción ni de lo lejos que llegarían aquellos que están en el poder para salvaguardar sus intereses. La gente veía a las instituciones egipcias capaces de cambiar y subestimaron los formidables vínculos de intereses corruptos que fueron más poderosos que una revolución.

Cuando el pueblo comenzó a manifestarse el 25 de enero, estaba motivado por un puñado de incidentes que resultaron ser la punta del iceberg de la corrupción endémica.

El pueblo comenzó a manifestarse por incidentes que eran la punta del iceberg de la corrupción

Algunos ejemplos de los principales acontecimientos que condujeron a las manifestaciones del 25 y 28 de enero fueron: el asesinato a sangre fría de Khaled Said por la policía y los intentos de ocultarlo por parte los forenses, la Fiscalía y un amplio abanico de otras instituciones egipcias; así como el descarado fraude electoral a gran escala en 2010 por el Partido Nacional Democrático (PND) gobernante.

Otros numerosos factores también contribuyeron al sentimiento general de insatisfacción del pueblo, algunos de ellos fueron: la incompetencia y la corrupción del gobierno, el recorte de las prestaciones sociales, el plan de sucesión de Mubarak para traspasar el poder a su hijo Gamal Mubarak, las extorsiones a la clase media por los organismos de seguridad y la desigualdad de ingresos reales.

Estos motivos de insatisfacción aumentaron con el paso del tiempo y se volvieron insoportables en 2010, y cuando Túnez consiguió sacar a Ben Ali, la gente se sintió motivada para unirse a las manifestaciones planificadas para denunciar la brutalidad policial el 25 de enero. Se eligió simbólicamente esta fecha porque era el ‘Día de la Policía’, una fiesta nacional.

Lo que inicialmente empezó como llamamientos para acabar con la corrupción y la brutalidad policial rápidamente se convirtió en cánticos para la destitución de Mubarak. Es cierto que desde el primer día la gente cantó: “El pueblo quiere la caída del régimen”, pero se transformó en una resolución real sólo después de haber sido provocados por la brutal respuesta de la policía a las manifestaciones.

Quizás el desconocimiento de la gente de las medidas que el régimen adoptaría para mantener sus intereses es por lo que la gente continuó intensificando las protestas y no retrocedió, esperando que el cambio ocurriera de una vez por todas. Después de todo, parecía ridículo en aquel momento que la respuesta del régimen a los llamamientos para acabar con la violencia y la brutalidad policial fuera más violencia y brutalidad.

Las raíces

El papel del periodismo cambia ligeramente bajo regímenes opresivos. Estos regímenes no se basan solamente en la brutalidad y la represión, sino también en mentiras para justificar la necesidad de los crímenes cometidos contra el pueblo.

El auténtico periodismo trata de transmitir una noticia basada en datos objetivos dentro de un contexto con algunas pautas morales. En otras palabras, aún a riesgo de simplificar demasiado: el auténtico periodismo trata de difundir la verdad. Pero la verdad que contrarresta las mentiras de un régimen opresivo se convierte en un enemigo instantáneo, al igual que sus portadores.

De esta manera, me considero parte del movimiento para reformar el sistema político corrupto de Egipto sacando a la luz los crímenes y mentiras difundidas por el régimen. Cualquiera que haya simplemente informado sobre los hechos y no tenga miedo a desafiar la narrativa oficial es parte del movimiento.

También en este sentido considero que cualquier periodista que haya informado con veracidad sobre los acontecimientos que ocurrieron en el contexto de la revolución egipcia es parte de ese movimiento. Porque incluso si afirman ser neutrales, un testimonio veraz estaría naturalmente predispuesto en contra del opresor.

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Acerca del autor

Wael Eskandar

@weskandar

Periodista (El Cairo). Bloguero y analista, Wael Eskandar ha colaborado con diarios egipcios...

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