La gran coalición francesa

 

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Con la elección de Macron, una forma peculiar de “gran coalición” se está abriendo paso, mutatis mutandis, en Francia.

En Alemania existe la gran coalición modélica: la CDU de Merkel y el partido socialdemócrata se oponen en las elecciones y al mismo tiempo gobiernan juntos. En España la gran coalición es soft: gobierna el PP, y el PSOE intenta hacer creer que es oposición mientras en el Congreso sirve de muleta al Gobierno.

En Países Bajos, las elecciones de marzo fueron un desastre para la gran coalición: el Partido ‘del Trabajo’ ha perdido 19 puntos y ha caído al 6%. La gran coalición ha perdido 37 diputados (en una cámara de 150 escaños) y el partido de derecha tiene que buscarse nuevos socios.

Los partidos socialdemócratas aceleran su desaparición, al ser muletas de las derechas “de gobierno”

Desde la posguerra, los partidos socialdemócratas han sido la espina dorsal del sistema en los países de Europa y occidentales, impulsando Estados de bienestar que han otorgado mejoras históricas a las clases obreras. Pero esos partidos han dado la espalda a sus políticas históricas y van perdiendo voto rápidamente, por las consecuencias espantosas en las categorías populares de las políticas impuestas desde treinta años.

Entonces se suman al proyecto político de gran coalición para sobrevivir como sea. Pero el resultado es que van acelerando su desaparición, al ser muletas de las derechas “de gobierno”. Esas derechas van perdiendo fuelle, pero resisten mucho mejor.

Los partidos no pactan

En Francia, la orientación del Gobierno no la pactan los partidos con sus escaños; de nada sirve el “pactometro” del señor Ferreras.

La piedra angular del sistema político es la elección del presidente de la República. Concentra prácticamente todos los poderes, incluso puede derogar todas las instituciones si considera que la Nación corre peligro. Puede hacer lo que le parece cuando le viene bien; disuelve el Parlamento cuando quiere y nombra directamente al Gobierno. El único poder real del Parlamento es darle la confianza al gobierno o censurarlo.

Pero fijémonos en los resultados de la primera vuelta de las presidenciales: la suma de los votos a Macron, al candidato socialista y al candidato de la derecha solo alcanza el 50% de votantes. La misma suma de votos socialistas, derechistas y centristas era de 65% en 2012 y de 75% en 2007. Ese desmoronamiento es parecido al de los demás países en donde izquierda y derecha llevan treinta años perpetuando las mismas políticas económicas.

Entonces la gran coalición se les hace imprescindible. Pero aquí se va a dar en términos peculiares, à la française. El primer paso ha sido la elección de Macron (ver mi crónica del 2 de marzo pasado).

Muchos diputados socialistas aspiran a salvar su escaño presentándose bajo la bandera de Macron

Macron necesita ahora una “mayoría presidencial” en el Congreso de Diputados, que se elige los 11 y 18 de junio próximos. Macron había anunciado que presentaría candidatos de su movimiento, La République en marche (LREM) para los 577 escaños del país. Pero al final ha dejado varias decenas de circunscripciones sin candidato, haciéndole un favor a diputados del Partido Socialista (PS) y de la derecha que se han manifestado a favor de su elección.

Un gran número de diputados socialistas aspiran a salvar su escaño presentándose bajo la bandera de Macron: el PS yendo a otro histórico desastre electoral. El propio Manuel Valls, exjefe del Gobierno, ha pedido ser candidato de LREM. Macron se lo ha denegado, mientras que el PS ha anunciado que lo iba a excluir… Pero detrás de tal humillación mediática, Valls se presenta como candidato de “mayoría presidencial” sin que se le oponga nadie.

Gobierno nuevo… con los de siempre

El nuevo gobierno integra importantes dirigentes socialistas, destacando Le Drian que ya era ministro con Hollande, y Collomb, alcalde de Lyon, marcando así la continuidad con la era Hollande.

Asimismo, Macron ha nombrado jefe de Gobierno al derechista Édouard Philippe, afín a Alain Juppé, que pide no oponerse a Macron. Juppé fue la otra apuesta del sistema: se enfrentó a Sarkozy en las primarias de la derecha, contando con el apoyo de mucha gente de izquierda que incluso ha votado en aquellas primarias (pero François Fillon les ha ganado a los dos).

Lo de tener ministros “de la sociedad civil” no es novedad: Sarkozy tuvo a Bernard Kouchner

Entra en el gobierno Bruno Le Maire, candidato en la primaria de la derecha y aspirante a liderar el partido de derecha Les Republicains (LR), la antigua UMP. Entra también otro líder de derecha, esta vez afín a Sarkozy. Nada nuevo, solo que son los cuarentones ambiciosos del LR. Mucho menos jóvenes son los “centristas” Bayrou y De Sarnez, ministros también.

Macron reproduce lo que hizo Sarkozy en 2007 con tránsfugas socialistas en su Gobierno, y que también hizo Mitterrand en… 1988, con el gobierno “de apertura”. Incluso lo de tener ministros “de la sociedad civil” no es novedad: Macron ha sumado el famoso periodista ecologista Nicolas Hulot; Sarkozy puso de ministro a Bernard Kouchner, socialista y fundador de Médicos sin Fronteras, y Mitterrand inventó un puesto especial para el vulcanólogo Harun Tazieff (entonces tan famoso en Francia como Cousteau).

Lo nuevo es que Macron quiere en la “mayoría presidencial” al moribundo partido socialista y también al LR, pero sin que esos partidos dejen de existir. Sus ministros no dejan de ser del PS o de LR, no cambian de siglas. Normalmente tal maniobra debería conllevar alguna escisión en el PS y sobretodo en LR. Pero ni siquiera eso es hoy tan seguro.

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Acerca del autor

Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

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