Cruzados y sionistas

 

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Hace unos días, yo estaba sentado en un restaurante en Cesarea, mirando el mar. Los rayos del sol bailaban sobre las olitas y detrás de mí se alineaban las ruinas misteriosas de la antigua ciudad. Hacía calor, pero no demasiado, y yo pensaba en las Cruzadas.

Cesarea la fundó el rey Herodes hace unos 2000 años y la nombró según su soberano de Roma, Augusto César. Luego volvió a ser una ciudad importante en la época de los cruzados, que la fortificaron. Estas fortificaciones son las que ahora convierten el lugar en una atracción turística.

Durante algunos años de mi vida, yo estaba obsesionado con las Cruzadas. Empezó durante la “Guerra de Independencia” de 1948, cuando por casualidad leí un libro sobre las Cruzadas y me enteré de que sus tropas se habían asentado en las mismas localidades frente a la Franja de Gaza que ahora ocupaba mi batallón. Los cruzados tardaron varias décadas en conquistar la Franja, que en esa época se extendía hasta Asquelón. Y ahí sigue Gaza hasta hoy, en manos de musulmanes.

Acabada la guerra, yo leía todo lo que podía sobre las Cruzadas. Cuanto más leía, más me fascinaban. Tanto que hice algo que no hice nunca antes ni después: escribí una carta al autor del libro que se consideraba la mayor autoridad sobre esa época, el historiador británico Steven Runciman.

“Quería llamar el libro ‘Un manual para los sionistas de cómo no hacer las cosas'”

Para mi sorpresa, recibí de inmediato una respuesta escrita a mano, en la que Runciman me invitaba a ir a verle, si en algún momento pasaba por Londres. Unas semanas más tarde resulta que pasaba por Londres y lo llamé. Me insistió en que lo visitara de inmediato.

Como casi todos aquellos que combatieron contra los británicos en Palestina, yo era un anglófilo. Runciman, un aristócrata británico típico con toda la peculiar idiosincracia que esto conlleva, me parecía encantador.

Hablamos durante horas, y continuamos la conversación cuando mi mujer y yo lo visitamos más tarde en una antigua fortaleza escocesa en la frontera con Inglaterra. Rachel, que era aun más anglófica que yo, casi se enamora de él.

Hablábamos de un tema que yo había puesto sobre la mesa desde el principio en nuestro primer encuentro: “Cuando usted escribió su libro ¿pensó alguna vez en las similitudes entre los cruzados y los sionistas de hoy día?”

Runcimán contestó: “La verdad, casi no pensaba en otra cosa. Al libro quería ponerle de subtítulo: ‘Un manual para los sionistas de cómo no hacer las cosas'”. Se rió un momento y añadió: “Pero mis amigos judíos me aconsejaron mejor no ponerlo”.

De hecho, en Israel es casi tabú hablar de las Cruzadas. Tenemos algunos expertos, pero en general se evita el tema. No recuerdo que en los pocos años que pasé en el colegio hubiese oído hablar nunca de las Cruzadas.

Entre Bar Kojba y el sionismo, en Palestina no ocurría nada, según se enseña en el colegio

Eso no es tan sorprendente como parece. La Historia judía es etnocéntrica, no geográfica. Empieza con nuestro antepasado (legendario), Abraham, y sus charlas con Dios, y continúa hasta la derrota de la rebelión de Bar Kojba contra los romanos en el año 136 d.C.

A partir de ahí, nuestra Historia se despide de Palestina y se da un garbeo por el mundo, concentrándose en sucesos que ocurrieron a los judíos, hasta el año 1882, cuando los primeros presionistas fundaron algunas colonias en la Palestina otomana. Durante todo el tiempo en medio, Palestina estaba vacía. Allí no ocurría nada.

Eso es lo que los niños israelíes aprenden todavía hoy.

En realidad, en esos 1746 años pasó un mogollón de cosas, más que en muchos otros países del mundo. Al Imperio romano le siguió el bizantino, el árabe, el otomano y el británico, hasta 1948. Los reinos de los cruzados eran un capítulo propio e importante.

La mayoría de los israelíes se sorprenderían al enterarse de que los cruzados residieron en Palestina casi 200 años: mucho más tiempo que los sionistas hasta ahora. No era un episodio breve, fugaz.

La similitud entre cruzados y sionistas impacta a primera vista. Ambos movimimientos trasladaron un gran número de personas de Europa a Tierra Santa (durante el primer medio siglo de su existencia, los sionistas trajeron casi únicamente a judíos europeos a Palestina). Dado que ambos llegaron de occidente, la población local musulmana los consideraba invasores occidentales.

Ni los cruzados ni los sionistas tuvieron un solo día de paz durante toda su existencia. La sensación de estar bajo una perpetua amenaza militar dio forma a toda su historia, su cultura y su carácter.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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1 comentario

  1. Ahmad dice:

    No te quepa la menor duda de que el llamado estado de israel terminará como terminaron los cruzados, in sha Al.lah

 
 

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