El separatismo es bello

 

¿Cómo llegaron hasta allí? Muy fácil, estaban bajo la benevolente protección del shah de Irán.

Sin embargo, un día el shah hizo las paces con Saddam Hussein, lo cual puso fin a ese particular proyecto israelí. Cuando el shah fue derrocado e Irán se convirtió en enemigo mortal de Israel, la intervención militar israelí en el Kurdistán se convirtió en algo completamente imposible.

Sin embargo, el sentimiento continúa. Creo que los kurdos se merecen la independencia, sobre todo si consiguen unirse entre ellos. Dado que gozan de la suerte, o la desgracia, de poseer yacimientos petrolíferos, las potencias extranjeras están muy interesadas.

En todo caso, entre kurdos y catalanes no hay ningún parecido, excepto que ambos pueblos me caen bien.

También me encantan Córdoba y Sevilla. Sería una lástima que Cataluña se separara

Cataluña es una nación muy desarrollada, y las varias y breves veces que la he visitado siempre me he sentido como en casa. Como todos los turistas, he paseado por La Rambla de Barcelona, ambas palabras hebreas, según parece, que se remontan a la época en que España era colonia de Cartago, ciudad fundada por los pueblos semíticos de Fenicia, que hablaban una especie de hebreo. La palabra Barcelona quizá provenga de baraq, relámpago en hebreo, y por su parte, rambla proviene del árabe ramle, “arenal”.

El problema es que también me encantan otros lugares de España, especialmente Córdoba y Sevilla. Sería una lástima que Cataluña se separara. Por otro lado, no se puede evitar que un pueblo consiga su independencia si así lo desea.

Por suerte, no es una decisión que dependa de mí.

Pero el tema de fondo es por qué naciones cada vez más pequeñas quieren la independencia, cuando en el mundo se están creando unidades políticas cada vez mayores.

Parece una paradoja, pero en realidad no lo es.

Estamos asistiendo al fin del estado-nación, que ha dominado la historia en los últimos siglos

En esta generación estamos asistiendo al fin del estado-nación, que ha dominado la historia del mundo durante los últimos siglos. El estado nación surgió por necesidad. Los países pequeños eran incapaces de desarrollar por sí solos una moderna industria de masas dependiente de mercados locales de gran amplitud. Tampoco podían defenderse solos, ya que los ejércitos modernos requerían armamento cada vez más sofisticado. Incluso los avances culturales exigían áreas lingüísticas extensas.

Las nacionalidades pequeñas se unieron a otras mayores. Era necesario para la supervivencia. Así, Gales y Escocia se unieron a Inglaterra, Saboya y Sicilia a Italia, y Córcega y la Provenza pasaron a formar parte de Francia.

La historia continuó su evolución y hoy en día ni siquiera el estado nación es ya una entidad lo bastante grande para competir. Los estados se agrupan en unidades aún mayores como la Unión Europea. No me cabe duda de que para finales de siglo habrá en el mundo un gobierno global que lo convertirá en un solo estado. La amenaza extraterrestre sería de gran ayuda.

En nuestra era, el nacionalismo ha demostrado ser más fuerte que religión, comunismo o cualquier otro credo

¿Cómo encaja en toda esta dinámica la fragmentación en estados cada vez más pequeños? Es sencillo. Si el estado español no cumple ya con sus propósitos económicos y militares y sus competencias centrales se desplazan de Madrid a Bruselas, ¿por qué no iban los catalanes y los vascos a separarse de él y a ingresar en la Unión Europea bajo su propia bandera? Tomemos como ejemplo a la antigua Yugoslavia o incluso a la Unión Soviética. La excepción es Alemania, que es bastante grande de por sí.

Los dos procesos no son contradictorios entre sí sino complementarios.

La estupidez del Brexit es un caso ahistórico. Pero si los escoceses y los galeses desean la independencia, la conseguirán.

Siento gran respeto por el poder del nacionalismo. En nuestra era, ha demostrado ser más fuerte que la religión, el comunismo y cualquier otro credo. Es más fuerte cuando se combina con la religión, como en el mundo árabe. De este modo, el nacionalismo de los pueblos pequeños se satisfará en los partidos de fútbol y mientras tanto los asuntos realmente importantes se decidirán en otro sitio.

En este preciso momento, la Knesset, el Parlamento israelí, está ocupado en promulgar una nueva ley, llamada Ley de la Nación, que pretende dejar claro que el carácter judío del Estado Judío tiene preferencia sobre su carácter democrático y sobre los derechos humanos.

Israel nunca se ha dotado de una constitución, pero hasta ahora se asumía que era una nación “judía” y “democrática” a partes iguales. La nueva ley está a punto de demoler tal concepto.
Vamos un par de siglos por detrás de la historia del mundo, como de costumbre.

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 7 Oct 2017 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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