Francia ¿plurinacional?

 

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Visto desde Francia, la batalla soberanista e independentista desencadenada en España parece exótica. Lo mismo ocurre con la reivindicación escocesa, la oposición entre valones y flamencos belgas, el movimiento soberanista del norte de Italia… Tan solo puede tener algún eco la reivindicación de Irlanda del norte, que mantiene alguna simpatía por aquí, como también la reivindicación de Quebec en Canadá.

Francia siempre aparece como una construcción singular, un Estado centralizador diferente al de la mayoría de países occidentales, en donde la forma federal es corriente. Curiosamente, el carácter centralista del Estado francés moderno, diseñado e impulsado por la Revolución francesa, es recibido hoy en la cultura progresista como reaccionario, mientras las identidades y organizaciones regionales, tal como existían antes del nacimiento de tal Estado, son percibidas como buenas y devolviendo a los pueblos sus raíces naturales.

Los revolucionarios quisieron desmontar la organización aristocrática del Estado y unificar el país

Los revolucionarios franceses diseñaron una organización territorial del Estado totalmente nueva, creando 83 ‘departamentos’ para acabar con parroquias, condados y baronías, y dando a casi todos los departamentos nombres de ríos y montes para borrar las apelaciones tradicionales. Napoleón instaló más tarde en cada ‘ciudad-jefatura’ – capital de cada departamento – servicios ‘desconcentrados’ del Estado nacional dirigidos por un préfet – gobernador civil – nombrado por el gobierno.

Las fronteras de cada departamento fueron concebidas para que los servicios del Estado pudieran ser alcanzados en menos de un día de viaje a caballo por cada habitante: con eso se pretendía acercar el Estado al ciudadano y permitir al ciudadano acudir con facilidad a la representación del Estado, incluso para quejarse y manifestarse. Puedes hacer llegar tus reivindicaciones al Estado, y ese Estado puede llegar cómodamente hasta ti, incluso para darte palos. Las provincias españolas fueron creadas en 1833 a semejanza de Francia, después de que las Cortes de Cádiz dieran en 1812 el primer impulso revolucionaria a tal organización del Estado.

Con eso, los revolucionarios quisieron claramente desmontar la organización aristocrática del Estado y unificar el país borrando particularidades y soberanismos provinciales. Tales rasgos de identidades regionales han seguido manifestándose en Francia, pero hasta ahora sin grandes consecuencias políticas.

No se publicita el caso de Alsacia y Mosela, y  muchos franceses desconocen  esa excepción

Valga una – enorme – excepción: Alsacia y Mosela. Los tres departamentos que entre 1870 y 1945 han sido sucesivamente franceses, alemanes, franceses, alemanes y por fin franceses, mantienen un importantísimo bloque de leyes locales de origen alemán, muy diferentes al del conjunto francés –con seguridad social diferente, clérigos de varias religiones pagados por las arcas públicas, días festivos diferentes, organización judicial especial, uso del idioma alsaciano – un dialecto del alemán muy practicado… Tal particularismo, equiparable a lo que puede ser un estatuto de autonomía español, es una absoluta excepción para Francia – al contrario de España en donde las autonomías son la forma fundamental del Estado de la Constitución de 1978.

Con tres guerras, dos de ellas mundiales, donde los nacionalismos francés y alemán se enfrentaron por Alsacia y Mosela, la paz justifica que tal parte de Francia quede un poco alemana. Pero no se publicita, y los franceses desconocen mayoritariamente esa excepción.

Quitadas Alsace y Moselle, lo más parecido a los soberanismos españoles puede encontrarse en Córcega y en Bretaña.

Curiosamente, los gobernantes franceses llevan desde 1975 abriéndole poco a poco cada vez más espacio al nacionalismo corso, a pesar de su expresión terrorista cuyo punto álgido fue el asesinato del ‘préfet’ Claude Érignac en 1998. Sarkozy, cuando era ministro del Interior, organizó en 2003 un… referéndum para conceder a Córcega una organización especial y un alto grado de autonomía. Pero la mayoría del pueblo corso voto “No”, al contrario de lo que pedían juntos el gobierno francés, los medios y los nacionalistas corsos vinculados al grupo terrorista FLNC: la gente temía, con razón, darle a gobernantes corruptos el poder de derogar leyes como las que limitan el ‘ladrillazo’. Años más tarde, ya sin referéndum (no vaya a ser que la gente vuelva a votar “mal”), Córcega tiene su régimen territorial derogatorio, y el presidente de esa pequeña casi-autonomía es… un independentista.

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Acerca del autor

Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

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