Historia de la idiotez

 

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Estoy furioso. Y tengo buenos motivos para estarlo.

Quería escribir un artículo acerca de un tema sobre el que llevo mucho tiempo pensando.
Y de pronto esta semana abro el New York Times y cuál es mi sorpresa al encontrarme mi artículo aún sin escribir, entero y verdadero, argumento a argumento, en las páginas de opinión.

¿Que cómo es posible? Solo puede haber una explicación. El autor, cuyo nombre he olvidado, me ha robado las ideas de dentro de la cabeza con algún tipo de embrujo, lo cual solo puede calificarse de delito. En cierta ocasión alguien quiso matarme por hacerle eso mismo.

Así que he decidido escribir el artículo de todos modos.

Trata de la idiotez. Particularmente, del papel de la idiotez en la historia.
Cuanto más viejo soy, más me convenzo de que la simple y llana estupidez ha desempeñado un papel fundamental en la historia de las naciones.

Los filósofos más importantes han tratado de hallar una explicación profunda a la guerra

Grandes pensadores, en comparación con los que yo no soy más que un enano intelectual, han estudiado otros factores que dan cuenta del motivo por el que la historia ha acabado por convertirse en un auténtico desastre. Karl Marx lo achacó a la economía. La economía ha sido motor de la humanidad desde sus inicios.

No faltan quienes culpan a Dios. La religión ha provocado guerras terribles, y aún lo hace. Las Cruzadas arrasaron lo que hoy es mi país durante más de dos siglos. La Guerra de los 30 años devastó Alemania. El recuento no tiene fin.

Hay quien responsabiliza al racismo. Rostros pálidos contra pieles rojas. Arios contra untermenschen. Nazis contra judíos. Horrible.

También está la geopolítica. Kipling y La carga del hombre blanco. Los pueblos germánicos y su Drang nach Osten.

Durante generaciones, los filósofos más importantes han tratado de hallar una explicación profunda a la guerra. Dicha explicación debe existir. Después de todo, los episodios históricos más terribles no suceden porque sí. Tiene que haber algo profundo, algo siniestro que sea el origen de tanta desgracia. Algo que acompaña a la raza humana desde su nacimiento y aún rige nuestro destino.

A lo largo de mi vida, he creído en la mayoría de estas teorías. Muchas me han influido profundamente. Grandes pensadores. Profundos pensamientos. Libros y más libros. Nada me satisfacía.

Hasta que por fin caí en la cuenta. Hay, efectivamente, un factor común a todos los mencionados sucesos históricos: la idiotez.

Sé que suena increíble. ¿La idiotez? ¿Miles de guerras, cientos de millones de víctimas se deben a la idiotez? ¿Todos los emperadores, reyes, estadistas, estrategas eran idiotas?

Hace poco me pidieron un ejemplo. “Demuéstrelo”, me exigió un lector incrédulo.
Saqué a colación el estallido de la Primera Guerra Mundial, un conflicto que cambió Europa y el mundo para siempre y terminó solo cinco años antes de mi nacimiento. Pasé mi infancia bajo la sombra de aquel cataclismo.

Sucedió así:

¿Qué importancia tenía matar al archiduque? Actos como ese han tenido lugar a millares

Un anarquista serbio asesinó a un archiduque austríaco en Sarajevo. Fue casi por casualidad. El plan del atentado original no había tenido éxito, pero algo más tarde el terrorista se topó con el archiduque y lo mató.

¿Qué importancia tenía? Aquel archiduque no era una persona muy relevante. Actos como ese han tenido lugar a millares antes y después. Sin embargo, en aquella ocasión el emperador austrohúngaro pensó que era el momento ideal para darles una buena lección a los serbios bajo la forma de un ultimátum.

Nada grave. Este tipo de cosas suceden todo el tiempo. No obstante, el poderoso imperio ruso era aliado de Serbia, así que como medida de presión el zar ordenó la movilización de su ejército a modo de advertencia.

El Alemania saltaron todas las alarmas. Alemania está en el centro de Europa y no tiene montañas, ni océanos, ni ninguna otra inexpugnable frontera natural. Además estaba rodeada por dos grandes potencias bélicas, Rusia y Francia. Los generales alemanes llevaban años planeando un modo de salvar a la patria en caso de ataque simultáneo por ambos flancos.

Idearon una estrategia. Dado el enorme tamaño de Rusia, su ejército tardaría varias semanas en completar su movilización. El ejército alemán aprovecharía ese tiempo para aplastar a Francia y después se daría la vuelta para detener a los rusos.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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