¿Qué demonios soy?

 

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¿Qué demonios soy?

¿Israelí? ¿Judío? ¿Activista por la paz? ¿Periodista? ¿Escritor? ¿Excombatiente del ejército israelí? ¿Exterrorista?

Soy todo eso y más.

De acuerdo. Pero ¿en qué orden? ¿Qué componente tiene mayor peso?

Primero, por supuesto, soy un ser humano, con todos los derechos y obligaciones de los seres humanos. Hasta aquí la parte fácil. Al menos teóricamente.

Después soy israelí. Después judío. Y así sucesivamente .

Para responder a la misma pregunta, un australiano de origen británico lo tendría más fácil. Para esa persona lo primero y más importante es que es australiano. Y Después anglosajón. Sus paisanos acudieron al auxilio del Reino Unido en dos guerras mundiales, y no fue por motivos pragmáticos. En la segunda, cuando su país estaba en peligro, volvieron a casa de inmediato.

Era lo lógico. Es cierto que los británicos fundaron Australia, pero la visión del mundo de los australianos se configura a partir de su entorno geográfico, físico y político. Con el correr de los años incluso su aspecto físico es distinto.

En cierta ocasión tuve esta discusión con Ariel Sharon.

Yo decía que me considero primero israelí y después judío.

Sharon, que nació en la Palestina pre-Israel, replicó airadamente: “¡Pues yo soy primero judío y solo después, israelí!”

Parece una discusión de lo más absurda. Pero en realidad tiene mucha relevancia en el día a día de los israelíes de hoy.

Por ejemplo, si Israel es un “Estado Judío”, ¿cómo podría existir sin la preponderancia de la religión judía?

Los fundadores de Israel pensaban que la religión era un puñado de supersticiones ridículas

Los fundadores de Israel eran idealistas laicos. La mayoría de ellos pensaba que la religión era una reliquia del pasado, un puñado de supersticiones ridículas que había que eliminar para dejar paso a un nacionalismo moderno y saludable.

El padre fundador, Theodor Herzl, cuyo retrato cuelga de las paredes de las aulas de los todos colegios israelíes, era una persona completamente no religiosa, por no decir antirreligiosa. En su revolucionario libro Der Judenstaat (El estado judío), afirmaba que en el futuro estado sionista, los rabinos se quedarían en las sinagogas y no tendrían influencia alguna en los asuntos públicos.

La reacción de los rabinos fue contundente. Lo maldijeron categóricamente. Creían que Dios Todopoderoso había enviado al exilio al pueblo judío a causa de sus pecados, y que solo Dios Todopoderoso tenía el poder de traerlos de vuelta por medio del advenimiento del Mesías.

Incluso los rabinos reformistas alemanes, minoritarios en aquella época, lo condenaron. En los primeros días del sionismo, fueron pocos los rabinos que se comprometieron con el movimiento.

Un importante grupo de rabinos ortodoxos de Jerusalén que se autodenominaban Neturei Karta, “Guardianes de la Ciudad”, eran abiertamente antisionistas. Años después, solía encontrármelos en el despacho de Arafat. Otros rabinos ortodoxos menos radicales afirmaban rotundamente que no eran sionistas por un lado mientras que por el otro aceptaban el dinero de los sionistas. Hoy en día son miembros de la coalición del gobierno.

David ben Gurion, líder del sionismo durante el nacimiento de Israel, despreciaba a los ortodoxos. Creía que con el tiempo acabarían desapareciendo. Por eso, y para asegurarse el apoyo y las donaciones de los ortodoxos extranjeros, les hizo todo tipo de concesiones, lo cual produjo el crecimiento exponencial de la comunidad religiosa. Hoy en día son un auténtico peligro para la supervivencia de nuestro estado laico.

Hoy los ultraortodoxos son un auténtico peligro para la supervivencia de nuestro Estado laico

Aunque los distintos grupos ultraortodoxos representan solamente una quinta parte de la población total de Israel, hoy en día ejercen una influencia enorme en la política israelí. Han pasado de ser una fuerza moderada a favor de la paz a un nacionalismo radical, a menudo un fascismo religioso. Su influencia en el día a día de la sociedad es cada vez más profunda.

Últimamente han conseguido la aprobación de una ley que prohíbe que los supermercados abran los sábados (el shabat, el día de descanso judío). El ala ortodoxa más extrema se niega a que sus hijos sirvan en el Ejército y exigen que se retire a todo el personal femenino, o al menos que se evite que tengan contacto con sus compañeros de armas masculinos.

Dado que la mayoría de los israelíes consideran que el ejército es (quizá) la única fuerza unificadora del país, el resultado de tal actitud es la crisis continua. Otras corrientes ortodoxas, sin embargo, sostienen la actitud contraria. Consideran que el ejército es el instrumento de Dios para limpiar la Tierra Prometida de todos los no judíos.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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