«Sin curiosidad no se va a ninguna parte»

Ada Yonath

 

¿Dónde encontraba las fuerzas para seguir cuando tenía un panorama tan desolador ante usted?

No me importaba la gente. Me era indiferente. Lo que me interesaba era cómo iban los experimentos, qué resultados tenían. No tenía tiempo para esa gente que decía ‘no lo conseguirás’.

No tenía tiempo para rendirse, ¿no?

[ríe] Bueno, hubo momentos difíciles, ¿eh?, periodos complicados. Pero no pensé en parar, sino en superarlo.

Usted ha dicho alguna vez que en la ciencia no distingue entre hombres y mujeres, que “solo hay científicos”. Pero atendiendo al listado de la Academia Sueca ¿no parece haber una preferencia de hombres?

«Hay muchísimas mujeres en la ciencia, pero no todas intentan ser competitivas, exhibir músculo»

Bueno, está usted hablando de premios, no de ciencia. Eso lo primero. Lo segundo es que los científicos son científicos. Y el problema de los científicos es qué piensan. Ahora bien, las mujeres no han sido educadas para estar entre los primeros ni entre los más poderosos, de modo que hacen un buen trabajo pero es posible que no quieran estar sentadas en primera fila. No quieren ser como los marines, exhibiendo músculo todo el rato. Hay muchas, muchísimas mujeres en la ciencia, pero no todas intentan ser competitivas o números uno, o no se atreven a empezar algo nuevo. Ellas quieren hacer un buen trabajo, no saben cómo obtener premios. Pero son igual de buenas científicas que los hombres.

Tengo entendido que entre los científicos de su país hay pocos árabes israelíes. ¿Esto se debe a que son más pobres, o a otros motivos?

Lo ignoro, no sé nada de porcentajes en la ciencia, solo que el 20 por ciento de la población israelí son árabes. Son, eso sí, muy buenos científicos. Como médicos, por ejemplo, son fantásticos.

¿Ha trabajado a menudo con musulmanes?

¿Recientemente? Sí, más o menos hace medio año trabajé con una musulmana, aunque decidió casarse e irse a vivir con su marido, en otra ciudad a dos horas de distancia, así que abandonó. Era muy buena. Y mi hija es doctora, y más de la mitad de su equipo son árabes: doctores, enfermeras- Muchos de ellos son árabes, quiero decir, musulmanes.

Es llamativo que Israel, un país de unos ocho millones de habitantes, tenga varios premios Nobel. ¿Qué se hace bien allí?

«A los judíos los expulsaban de muchos sitios y ¿que podían llevarse? Solo su cabeza»

Hay un gran respeto por el conocimiento. Y la razón es que durante miles de años los judíos estuvieron dando vueltas por el mundo, porque fueron expulsados de muchos lugares, ¡incluso de España! [risas]. De modo que cuando los echaban, en primer lugar no podían aspirar a posiciones muy elevadas, apenas podían comprar terrenos ni grandes fábricas, porque siempre tenían miedo de tener que salir corriendo otra vez. ¿Y qué podían llevar con ellos? Solo su cabeza.

¿Y los políticos de allí?

Los políticos son muy inteligentes. Dicen que invierten mucho dinero, pero esto va realmente al desarrollo, no a la investigación. Hablan de I + D, y ponen un cuatro y medio por ciento o algo así, pero solo cero con cinco por ciento va a la ciencia. Mucho menos que en España.

Gracias a sus investigaciones sobre ribosomas, hemos sabido cómo funcionan los antibióticos. Pero, ¿eso quiere decir que ignorábamos qué nos recetaban antes?

Porque tuvieron éxito, no tienes que entender por qué. Estaban funcionando. ¿Entiendes todos los medicamentos que tomas? Los doctores ven que funciona. Hubo algunas ideas: con la penicilina, la primera, ya demostraron que afectaban la membrana celular. Y hubo muchos que se sabe que detienen el ribosoma, pero no sabían cómo. No es un gran problema. Si alguien está enfermo y puede recuperarse… Lo prefiere antes de entender cómo o por qué [ríe].

¿Es la medicina una especie de magia que ni los médicos conocen a fondo?

Los pacientes por supuesto lo ignoran, para ellos sí es algo parecido a la magia. Pero los doctores, muchos incluso hoy día, entienden hasta cierto punto los principios, pero aún no todos los detalles.

¿Cuánto falta aún por descubrir del cuerpo humano?

Es algo que no tiene fin, no tiene fin. Todavía hay infinitas preguntas.

¿A pesar de los espectaculares avances de los últimos años?

¿Puedes tú hacer experimentos para explicar el amor?

Solo si yo soy la cobaya…

«Sabemos que necesitamos comer, pero no sabemos cómo se produce ese mensaje del cuerpo»

[Ríe] Solo proponía un ejemplo extremo. También podríamos hacerlo con el hambre: sabemos que necesitamos algo de comer, pero no sabemos cómo se produce ese mensaje de nuestro cuerpo.

“No quiero perder mi independencia científica”, ha dicho usted. ¿Quién la amenaza?

Si comienzo a escuchar todas estas dudas y preguntas, podría ser menos independiente. Sé que no todo lo que digo es correcto. Cometí muchos errores, y de esos errores aprendí. Trazaron mi camino. Si veo que la cosa funciona, incluso con errores, ¿a quién le importa lo que digan los demás?

Una estudiante le preguntó qué consejo le daba, y respondió que el mejor consejo es no recibir ningún consejo…

Sí, ese es el major, el único. ¿Qué puedo decir? ¿Haz eso o aquello?

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Ada Yonath
 
 

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