«Los portugueses somos negociantes, gente levantina»

Lídia Jorge

 

¿Para los portugueses más que para los colonizados?

Para los otros fue difícil porque tenían que encontrarse y estaban llenos de voluntad de venganza. Para los portugueses fue difícil porque se creó la idea de una pérdida. Eduardo Lourenço tiene una imagen: nos quedamos como si nos cortásemos un miembro fantasma: como si viviéramos aún la fantasía que teníamos. Como cuando se pierde un brazo. Sufrimos esto en un momento en el que ya es algo superado. En un momento en el que se ve un espíritu muy revanchista por parte de los otros países, una especie de resentimiento que durará todavía mucho. La colonización duró 500 años, no podemos pensar que en 40 años se cierren las heridas, no es posible. Los portugueses lo están superando, creo, pero para los nuevos países es difícil.

La lengua, ¿se enriqueció a través de aquellos países?

Sí, léxica y morfológicamente. El portugués se enriqueció, tiene ahora otras vertientes mucho más abiertas, más capaces… más manejables, y eso es algo muy bueno.

Usted viene del Algarve, que en el siglo XV era reino aparte, se hablaba del ‘rey del Portugal y del Algarve’. ¿Cree que posee esa zona una identidad especial?

«Algarve tiene una identidad muy especial pero creo que es una zona sodomizada»

Sí, Algarve tiene una identidad muy especial, fuerte… Es una zona completamente abierta al mundo, cosmopolita, aunque está perdiendo identidad. Es un sitio que da dinero para el gobierno central y recibe muy poco. Hay una especie de resentimiento. Es una zona de características morfológicas y geográficas únicas, pero desde el punto de vista de reconocimiento del país no se le agradece. A menudo, el sitio se ve atravesado por todo tipo de intereses. Voy a usar una expresión fuerte: creo que es una zona sodomizada.

¿Cómo se vive esto?

Desde el punto de vista cultural, nos preguntamos, ¿qué somos nosotros? Sabemos que tenemos una raíz, una cultura propia, pero nunca llegamos a organizarnos de forma que mostremos esa identidad. Al contrario, estamos disolviéndola, sin apostar, cuando deberíamos apostar por ella. Lo más extraordinario es la apertura: llega a haber en una escuela 36 etnias, y toda esa gente está bien, me parece extraordinario. Comparando con otros países del sur de Europa, el sur de Portugal es una zona en la que prácticamente no hay racismo.

Y con el otro Algarve, el de ultramar, es decir Marruecos, ¿hay conexión todavía?

Muy pocas. Hay tentativas para retomar estos vínculos, pero son esporádicas, cuando deberían ser mucho más fuertes. El Algarve tiene una cosa extraordinaria, que es Sagres, un polo de cultura europea y que hasta ahora no encontró forma de manifestarse frente a Europa como sitio emblemático del descubrimiento de nuevos mundos. Esto tiene que ver con no ser capaz de cerrar la puerta a nadie. No somos capaces de decir: “Espera, a ver qué nos conviene”.

Mi familia es de Ceuta, donde la bandera conserva el escudo de Portugal. ¿Forma parte de un pasado muy lejano para ustedes?

«Salazar no estableció vínculos con España, pese a sus lazos con Franco. Su aislacionismo fue tremendo»

Creo que es un pasado alejado. Vive como un elemento histórico, pero no como una vivencia cívica, cultural, cotidiana, eso no existe. El Estado Novo [1933-1974] separó eso mucho. Nuestros padres y abuelos viajaban al norte de África: eran trabajadores en el norte de África. Con el Estado Novo, el país giró hacia dentro de sí mismo, y hacia las colonias. No estableció vínculos con España, por ejemplo, pese a los vínculos entre Salazar y Franco. Su aislacionismo fue tremendo. Y es difícil hablar de eso en Europa, porque hay mucho recelo de que ese aislacionismo, que se asentaba en las capas bajas de la población, vuelva de nuevo. No se hizo un referéndum [por la UE] en Portugal, por miedo a que esa imagen aislacionista, nacionalista, que Salazar dejó, nos desviase de la integración europea.

De las escritoras portuguesas, conocemos en España sobre todo a Sophia de Mello. ¿Cuánto nos queda aún por descubrir?

Muchas. Menciono solo a Maria Velho da Costa y Maria Teresa Horta, que viven aún, son dos de las tres Marías que marcaraon un periodo importantísimo en la literatura portuguesa. Junto a Deolinda de Conceição, Hélia Correia, Luisa Costa Gomes…

¿Hay alguna conexión entre todas? ¿Alguna forma concreta de ser mujer en la literatura portuguesa?

Cierta forma es automática… Luego están las más jóvenes: Inês Pedrosa, Maria Cardoso, Patrícia Reis, otra muy importante, que se llama Ana Margarida de Carvalho. Son escritoras más jóvenes, y creo que en su generación fueron las primeras en hacer una relación entre el pueblo y la historia. Tienen una visión de querer actualizar historia con temas escritos de forma modernista, pero profundamente históricos. Como diciendo: este país sufrió, y ahora tiene dificultad de afrontar la modernidad. Hablamos de la forma de afrontar la modernidad, desde el punto de vista de las mujeres. Son las más jóvenes, con su perspectiva más amplia. Sus temas son no una visión portuguesa sino internacional.

Página anterior 1 2 3Página siguiente

 
 

Etiquetas

Artículos relacionados

Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Lídia Jorge
 
 

1 comentario

  1. […] Puedes seguir leyendo la entrevista a Lídia Jorge en M’SUR. […]

 
 

Deja un comentario